El desmanejo económico y la corrupción como detonantes
A la narrativa del odio se sumó el desgobierno económico, la corrupción y una inflación que superó el 200%. La debacle no se detuvo con Milei: al contrario, se profundizó con una devaluación del 118% en apenas dos días de gestión. Las promesas de dolarización de salarios, baja de impuestos y déficit cero sedujeron a jóvenes y adultos mayores, pese a que la historia reciente ya había demostrado los costos de esos experimentos.
La deuda y el engaño
La derecha prometió no endeudarse con el FMI, pero la realidad es que Macri y Caputo ya habían hipotecado al país entre 2019 y 2023 con más de 57 mil millones de dólares. Hoy la deuda supera los 108 mil millones y lo más grave es que nadie explica qué hicieron con los fondos obtenidos de los recortes. El vaciamiento del Estado se convirtió en política de gobierno.
El desconocimiento y la memoria corta
Los especialistas advierten que el voto joven y el de los adultos mayores fue decisivo. Paradójicamente, muchos de esos adultos ya habían sufrido el corralito del 2001, y sin embargo volvieron a confiar en un plan económico calcado al de Martínez de Hoz durante la dictadura militar de 1976-1982. La falta de memoria histórica y el desconocimiento de las consecuencias de esas políticas fueron factores determinantes.
2027: un país quebrado
Si no se corrige el rumbo, el escenario hacia 2027 es alarmante: un país sin empleo, sin industrias, sin obra pública, sin escuelas, comisarías ni universidades construidas. Por el contrario, se avanza en la eliminación de toda responsabilidad del Estado en áreas esenciales. La derecha busca consolidar un modelo de exclusión y privatización total.
Conclusión
Evitar el avance de la derecha en Argentina exige recuperar la memoria colectiva, desmontar el discurso de odio y reconstruir un Estado presente. No alcanza con denunciar la corrupción y el ajuste: es necesario ofrecer un proyecto alternativo que devuelva confianza a los jóvenes y a los adultos mayores, que reinstale la idea de comunidad y que impida que el país vuelva a caer en el mismo abismo.
La batalla no es solo económica, es cultural y política: se trata de impedir que el odio vuelva a ser el motor de la historia.
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