“No es solo miedo al juicio”
“Muchas veces se dice que lo hacen porque hay temor a lo que sería el juicio, la exposición pública y luego terminar presos. Eso puede ocurrir en un pequeño porcentaje, pequeñísimo porcentaje de varones.
En general todos estos varones vienen produciendo, ejerciendo violencia de género extrema desde hace mucho tiempo, algunos meses, pero la mayoría años.”
El caso Jorge Neus
Estola recordó un ejemplo emblemático:
“Puede existir ese pequeño porcentaje de varones en donde el hecho de que sean femicidas y sean obligados a ir a un juicio y luego a la cárcel, se les caiga el estatus, y el estatus para ellos es la otra parte de su vida, además de la dependencia psicológica que tienen con la mujer que es objeto de violencia, como ocurrió por ejemplo con Jorge Neus, que en el 2020 mató a Silvia Sarabia, a su esposa.
Jorge Neus, el capo del Grupo Neus hoy que está en todas las privatizaciones.”
La mujer como “objeto psíquico”
“Lo que ocurre con la mayoría de estos varones es que esa mujer se constituye, por la dependencia psicológica, en un objeto psíquico para ellos.
No es que la amen en algún momento. En algún instante de la relación pueden fantasear que la mujer va a poner límite y los va a dejar, o pueden fantasear o tener la información concreta de que ella se separa de él y ahí sobreviene la acción más extrema de la violencia de género extrema, que es el femicidio.”
El goce en la dominación
“Cuando la asesinan, están matando el objeto del cual dependen y permitido en el ejercicio de la violencia de género extrema durante todo ese tiempo, el goce.
Que podemos sentir los hombres en el ejercicio de la dominación masculina y el goce que podía sentir cada femicida sobre el control absoluto de su víctima.”
Suicidio como desenlace
“La matan, ese objeto que daba sentido a su vida deja de existir, por lo tanto se quedan sin sentido de vida.
La única salida que queda para una persona como esta es el suicidio, nada más.”
Conclusión
El análisis de Enrique Estola revela que el suicidio de los femicidas no responde principalmente al miedo al castigo judicial, sino a la pérdida del “objeto psíquico” que sostenía su existencia. La violencia extrema, ejercida durante años, culmina en el femicidio y, acto seguido, en la desaparición del sentido vital para el agresor. Una mirada que interpela a la sociedad sobre la necesidad de comprender y desarmar las lógicas de la dominación masculina.
Fuente: www.lalicuadoratdf.com.ar
