Monte de Oca celebró la aprobación de pliegos judiciales y tratados internacionales, destacando el “consenso” en el Senado. Sin embargo, ese mismo consenso contrasta con su apoyo a la venta de tierras de la Armada en Ushuaia, una medida impulsada por el gobierno nacional que implica la privatización de espacios estratégicos bajo el argumento de “productividad”. La senadora calificó de “estupideces” las advertencias sobre soberanía y defensa nacional, minimizando el impacto geopolítico de entregar terrenos costeros a capitales privados. Su discurso de “transparencia” se convierte así en una defensa del despojo territorial, alineado con el modelo de liquidación estatal que caracteriza al libertarismo gobernante.
Consultada sobre la modificación del proceso productivo de aires acondicionados en Río Grande —que amenaza cientos de puestos de trabajo—, Monte de Oca reconoció el “impacto” pero lo atribuyó a la falta de capacitación tecnológica, evitando mencionar que la medida responde al desmantelamiento del régimen industrial fueguino. Mientras las fábricas cierran y los operarios acampan frente a las plantas, la senadora insiste en que “hay que dejar de lado las presiones gremiales”, una frase que resume la desconexión del oficialismo con la realidad social de la provincia.
Monte de Oca también negó divisiones dentro de La Libertad Avanza, afirmando que “no tenemos tiempo físico para pelearnos”. Sin embargo, los enfrentamientos entre referentes locales —como Santiago Pauli y Mariano De Luca— son públicos y reflejan la fragmentación del espacio libertario en Tierra del Fuego. Su insistencia en que “el camino recto es la reelección de Milei” muestra una subordinación total al poder central, incluso cuando las políticas nacionales han destruido el empleo, paralizado la obra pública y desfinanciado la educación en la provincia.
Monte de Oca se presenta como defensora del desarrollo urbano y la planificación, pero su propio relato la contradice: critica al municipio por no planificar, mientras apoya un gobierno que eliminó los fondos de infraestructura y vivienda. Su discurso combina retórica tecnocrática y desprecio por la soberanía, una mezcla que sintetiza el nuevo rostro del poder libertario: funcionarios que justifican el ajuste mientras niegan sus consecuencias.
La senadora Belén Monte de Oca encarna el dilema del libertarismo fueguino: defender un modelo que destruye la provincia mientras se proclama como solución. Entre la venta de tierras, el vaciamiento industrial, la privatización del puerto de Ushuaia y la negación del conflicto social, su discurso revela una constante: la fidelidad al poder central por encima de los intereses de Tierra del Fuego.
Fuente: Radio Provincia.
