Editorial: El machismo presidencial como política de Estado

Argentina de derecha 02/10/2026.- El episodio contra Maru Duffard, a quien Milei llamó “zurda inmunda de doble moral” tras un planteo periodístico legítimo, no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia sistemática de agresión hacia las mujeres que ejercen su derecho a opinar, investigar o cuestionar al poder. La violencia verbal del Presidente no es un exabrupto: es un patrón que se repite contra periodistas, dirigentes y ciudadanas, y que revela una concepción profundamente misógina del ejercicio del poder.

Esto no le va a gustar a los machistas, y está muy bien, particularmente a los que atrasan y creen que el poder pasa por quien mas insulta, mas vulgariza y menos argumenta. Estas actitudes repudiables desde todo punto de vista, nos obligan a repensar que es lo que la sociedad necesita para su futuro, si un troglodita como este, o un ser humano normal que, por sobre todas las cosas respete las normas de convivencia básicas de la democracia, mas aún tratándose del presidente de la nación.

Un ataque a la libertad de prensa

Cuando el Presidente descalifica a una periodista por su género y la reduce a insultos, no solo agrede a una persona: agrede a la libertad de prensa y al derecho de la sociedad a recibir información crítica. El mensaje implícito es claro: las mujeres que cuestionen al poder serán ridiculizadas, estigmatizadas y expuestas públicamente.

La misoginia como discurso oficial

El lenguaje presidencial legitima la violencia simbólica. Al usar expresiones como “zurda inmunda”, Milei instala un discurso de odio que busca disciplinar y silenciar. No se trata de un estilo “irreverente”, sino de una práctica política que reproduce el machismo y lo convierte en política de Estado. La agresión hacia las mujeres se vuelve parte del relato oficial, reforzando la idea de que ellas deben ser controladas y castigadas por su pensamiento crítico.

Repulsión democrática

Resulta repulsivo que desde la máxima magistratura se naturalice el insulto como forma de debate. La democracia exige respeto, pluralidad y tolerancia, no un Presidente que convierte la misoginia en espectáculo. Cada ataque a una periodista es también un ataque a la ciudadanía, porque erosiona el derecho colectivo a una información libre y sin miedo.

En síntesis, Javier Milei ha transformado el machismo en un instrumento de poder. Sus agresiones a periodistas mujeres no son meros exabruptos, sino parte de un discurso de odio que degrada la democracia y legitima la violencia simbólica. La sociedad no puede aceptar que la Presidencia se convierta en un espacio de hostigamiento hacia las mujeres. Es hora de repudiar esta práctica y defender la dignidad democrática frente a un poder que se ha vuelto vulgar, misógino y autoritario.

Armando Cabral

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