El espejismo del RIGI
El RIGI fue anunciado como el marco legal que garantizaría estabilidad fiscal y aduanera para grandes proyectos. Sin embargo, en la práctica:
- No generó derrame económico ni empleo argentino.
- Permitió importar bienes de capital, insumos y servicios sin aranceles, desplazando a proveedores locales.
- No exigió porcentajes mínimos de empleo nacional ni encadenamientos productivos.
El resultado fue un régimen que benefició a corporaciones extranjeras, pero dejó a la economía argentina sin nuevos proyectos productivos de envergadura.
Comparación regional
Mientras países como Brasil, Chile y Perú captaron inversiones en minería, energía y tecnología, Argentina quedó rezagada. Los informes de consultoras privadas muestran que:
- El nivel de inversión en Argentina es comparable con los peores momentos recesivos de las últimas dos décadas.
- La participación de capitales extranjeros en proyectos locales es mínima frente a la región.
- El país aparece en los últimos lugares de los rankings de atracción de inversión directa.
El relato oficial
El gobierno de Milei intentó instalar la idea de un “boom inversor” con anuncios de proyectos millonarios que nunca se concretaron. La narrativa buscó sostener la legitimidad del modelo económico, pero los datos lo desmienten: Argentina fue la economía menos atractiva para la inversión en Sudamérica durante el último año.
El fracaso del RIGI expone el talón de Aquiles del modelo libertario: sin inversión sostenida, el crecimiento del PBI y las exportaciones carecen de bases sólidas. El relato de Milei y su equipo sobre un país que atrae capitales se derrumbó frente a la evidencia regional: Argentina no solo no lidera, sino que quedó última en la carrera por inversiones.
Fuente: Con información de Bloomberg
