Desclasados: la fractura invisible de la conciencia social

Rio Grande 20/09/2026.- Por Armando Cabral — En tiempos de crisis y recesión, el fenómeno del desclasamiento se multiplica en la Argentina. Son personas que, por aspiración o negación, reniegan de la clase a la que pertenecen y adoptan discursos o estilos de vida ajenos a su realidad material. Viven de una forma y aparentan otra, y en esa contradicción se vuelven funcionales al poder. Este análisis se realizó en base a los agravios emitidos en redes por empleados públicos y del sector privado a la Marcha de la Bronca realizada este sábado en nuestra ciudad. Tanto los unos como los otros son victimas de la economía, nacional y provincial, no por nada esta es la provincia mas endeudada del pais en tarjetas de crédito y prestamos bancarios y la de mayor cantidad de desocupados por cantidad de habitantes.

Qué significa ser desclasado

 

El concepto proviene del marxismo clásico: la pérdida de conciencia de clase. Karl Marx lo describía como la incapacidad de reconocerse dentro de un grupo social con intereses comunes frente al capital. Pierre Bourdieu lo profundizó al hablar del habitus, ese conjunto de prácticas que define cómo cada individuo se ubica en el mundo social.

El desclasado no es quien asciende socialmente, sino quien aspira a pertenecer a una clase superior sin haber modificado su posición real. Esa tensión entre lo que se es y lo que se quiere ser genera una identidad contradictoria, que se expresa en el consumo, en la ideología y en el discurso público.

Ejemplos cotidianos

 

En la Argentina actual, los casos abundan:

  • Supervisores de escuelas públicas que descalifican las marchas contra el gobierno nacional y el  FMI, aunque sus salarios apenas superen los dos millones de pesos.
  • Empleados que aseguran “a mí me va bien” mientras no llegan a fin de mes.
  • Funcionarios que repiten el relato del ajuste mientras sufren sus consecuencias.

La contradicción es evidente: se defienden políticas que perjudican, porque se aspira a una identidad social que no se posee.

Redes sociales: el espejo del desclasamiento

 

Las redes amplifican este fenómeno. Allí, la identidad se construye más por lo que se muestra que por lo que se vive. El usuario promedio se convierte en curador de su propia ficción social, donde el autoelogio y la negación del conflicto reemplazan la reflexión colectiva.

El “me va bien” se transforma en consigna defensiva frente a la precariedad. La crítica al Estado convive con la dependencia de sus servicios. Y la empatía social se diluye en la competencia simbólica por parecer exitoso.

Un producto del sistema

 

El desclasado no es un error individual, sino una consecuencia estructural del capitalismo contemporáneo. En una sociedad donde el consumo define el valor de las personas, la pertenencia se mide por lo que se tiene y no por lo que se comparte.

Como escribió Bourdieu: “La violencia simbólica es aquella que logra que los dominados acepten su dominación como legítima”. El desclasado es la expresión más sofisticada de esa violencia: alguien que defiende los intereses de quienes lo excluyen.

El Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie encaja de manera directa en lo que analizamos sobre los desclasados. La Boétie sostenía que los pueblos no son esclavizados solo por la fuerza, sino porque aceptan obedecer voluntariamente, acostumbrándose a la dominación hasta verla como natural.

Aplicado al fenómeno del desclasamiento:

  • Aceptación del sometimiento: el desclasado defiende políticas que lo perjudican, como si fueran inevitables, reproduciendo el discurso del poder.
  • Costumbre y alienación: igual que en La Boétie, la servidumbre se perpetúa porque se internaliza; se naturaliza vivir en crisis y precariedad, mientras se aparenta pertenecer a otra clase.
  • Legitimación del poder: el tirano, decía La Boétie, se sostiene porque se le sirve. En la Argentina actual, los dirigentes se fortalecen porque sectores sociales resignados o aspiracionales legitiman el ajuste desde adentro.
  • Redes sociales como escenario: allí se ve la servidumbre voluntaria en tiempo real: ciudadanos que niegan su precariedad, que repiten consignas contra quienes protestan, que aparentan éxito mientras padecen la recesión.
Recuperar la conciencia social

La tarea es recuperar la conciencia colectiva. Reconocer que la desigualdad no se combate con aspiraciones individuales, sino con solidaridad y organización. Que la dignidad no se mide por el consumo, sino por el acceso equitativo a derechos.

El desclasamiento es, en última instancia, una forma de desarraigo social. Y en tiempos de recesión económica, esa fractura entre lo que se vive y lo que se dice se vuelve más evidente y más peligrosa.

Los desclasados son el reflejo de una sociedad que premia la apariencia por encima de la realidad. Su contradicción diaria, visible en las calles y en las redes, es también el síntoma de un sistema que necesita que los sectores medios y bajos legitimen el ajuste desde adentro.

Por armando Cabral

Fuente:El Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie

La reproducción: elementos para una teoría del sistema de enseñanza (1970, junto a Jean-Claude Passeron) y  La distinción: criterios y bases sociales del gusto (1979).
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