El modelo que viene

Una encuesta revela que cuatro de cada diez personas creen que el país mejorará el año próximo. Ese optimismo se evidencia más en los sectores de menores recursos que en la clase media. La mayoría cree que debe haber una alianza con Brasil. Y sueña con que el país se parezca a España. Lo que esperan los argentinos para 2006.

Por Raúl Kollmann
Casi cuatro de cada diez personas dice que su situación personal mejoró en 2005 comparado con 2004, mientras que sólo un 16 por ciento sostiene que este año le fue peor que el anterior. Sobre esa base, cerca de la mitad de la población tiene fuertes expectativas para sí y para el país mirando hacia 2006: creen que su situación personal mejorará en el próximo año y que también el país estará mejor. Tal vez lo más notorio es que ese clima de optimismo se basa fundamentalmente en los sectores de menos ingresos, que son los que perciben en forma más directa que hay más chances que antes de conseguir trabajo, tienen mayores oportunidades de mejorar el empleo, los que están en negro acceder a uno en blanco, tener más horas extras, más changas e incluso más ventas si tienen un kiosco en una zona modesta o un puesto de venta ambulante. En la clase media, en cambio, el optimismo es menor. Esa franja, en especial la de la Capital Federal, suele ser más escéptica, hay aspectos del Gobierno que no le gustan y no le alcanza con mejorar algo el ingreso: espera tener el dinero para pagar el resumen de la tarjeta de crédito pero, también, acceder a la compra de un departamento o a una vivienda mejor que la actual. Más allá de las expectativas, la imagen del Presidente termina el año fortalecida, en especial luego del pago al Fondo Monetario. Apuntando a una mirada más estratégica, el argentino promedio quiere parecerse a España o a algún otro país europeo, pero no cree que eso se consiga en los próximos años. No se esperan soluciones mágicas a la crisis. El rechazo a Washington sigue siendo fuerte y una abrumadora mayoría cree que la gran alianza debe ser con Brasil.
Las conclusiones surgen de la última encuesta realizada por la consultora Hugo Haime y Asociados, que entrevistó, en sus domicilios, a 800 ciudadanos de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. En la muestra se respetaron las proporciones por sexo, edad y nivel económico social.
“Mirando los resultados de nuestro trabajo –sostiene Haime–, surge claramente que hay un sector importante de la población al que le ha ido mejor en 2005 que en 2004 y supone que el año próximo seguirá mejorando. Si uno analiza esos datos teniendo en cuenta el nivel económico, los más optimistas son los sectores empobrecidos, donde casi la mitad espera un buen 2006. En cambio en la clase media alta, únicamente el 27 por ciento espera un gran año. A través de las encuestas que hemos visto en las últimas décadas, el sector medio y medio alto suele no reconocer cuando está bien. Y, además, en la clase media porteña pesan factores que no son sólo los económicos. Por ahí expresan un malestar con el Gobierno por su estilo, porque lo ven más lejos que antes o por lo que sea, y eso pesa en la opinión y en el optimismo que le transmiten al encuestador. Puede ocurrir que una parte de esos ciudadanos esperan un buen 2006, pero no se lo dicen al que les hace la encuesta porque están enojados o de malhumor con el oficialismo.”
–¿El factor determinante en el optimismo es la baja de la desocupación?
–Cuando se le pregunta a la gente cómo va a estar el país en 2007, cuando termine el actual mandato de Néstor Kirchner, los sectores optimistas dicen que de todas las políticas, la que mejor va a seguir andando es la que tiene que ver con el empleo. Le insisto en que los sectores de menos recursos y la clase media baja perciben eso en forma muy notoria y al mismo tiempo se benefician en forma directa. El de clase media-alta ya tiene trabajo y tal vez lo afecte otro fenómeno que lo hace sentirse menos optimista: sus ingresos no aumentan a la velocidad que quiere. Además, hay otro factor que tiene que ver con esto. Todas las franjas ven que hay menor desocupación, pero cuando se les pregunta por la inflación, no creen que el Gobierno pueda solucionarlo. La respuesta es ésa con Kirchner y sería la misma con cualquier otro gobierno. Esto es así, porque elargentino tiene una experiencia con la inflación y de alguna manera piensa que es casi imposible de solucionar, que el productor, el supermercado, el carnicero o quien sea tienen la tendencia a aumentar los precios. El mejor ejemplo en este sentido fue cuando Domingo Cavallo planteó la convertibilidad y que la inflación sería cero. Nadie le creyó de entrada. Recién cuando pasaron meses de inflación cero le creyeron. Y fue un factor enorme, decisivo, en su buena imagen. Hay otro aspecto al que la clase media-media o media-alta le presta mucha atención: la seguridad. Es un tema complejo: la gente se da cuenta, lo ve en la televisión, le pasó a un vecino, y se percibe como un factor de crisis. La policía es considerada un problema, la marginalidad, la falta de educación convierten todo en una cuestión que se percibe como difícil de resolver. Y en ese rubro tampoco hay mucha expectativa de que el Gobierno pueda mejorar la situación. Por lo tanto, diría que el optimismo de clase media es menor por esos dos factores.
–¿El fenómeno de las distintas expectativas se nota también en el interior del país?
–Categóricamente. Capital y el primer cordón del Gran Buenos Aires son los sectores menos optimistas y aun así las cifras son muy buenas para el Ejecutivo, ya que denotan buenas expectativas para 2006. Para darle un ejemplo, en Tucumán, más del 50 por ciento de los tucumanos espera un buen año y si la imagen positiva del Gobierno en la Capital ronda el 50 por ciento, en Tucumán trepa al 70. Insisto, los sectores medios son disconformistas siempre, salvo que les vaya inusualmente bien. En tiempos de Menem, por ejemplo, las franjas más pobres y las más ricas decían que las cosas iban bien; la clase media, decía que no. Los sectores medios se mueven con expectativas muy altas. Un señor de esa franja quiere tener la plata, pero también un crédito. No le alcanza con que pueda pagar el saldo de la tarjeta de crédito, quiere el departamento o un departamento más grande que el que tiene. También está el tema de la educación de sus hijos y yo resumiría todo en que la clase media tiene expectativa de ascenso social. No se conforma.
–¿En los sectores empobrecidos el clima es otro entonces?
–No tenga dudas –explica Haime–. Para ellos, el principal problema es la desocupación. Y hoy por hoy hay un reconocimiento categórico de que se está generando trabajo y es donde está más puesta la expectativa de cambio. En los barrios de menos recursos se dan cuenta de que es más fácil conseguir empleo, que eso les permite incluso negociar el sueldo a los que ya tienen trabajo, que les abre la puerta a cambiar de puesto si ven una oportunidad mejor. La construcción en la Capital es un gran tomador de mano de obra no calificada y eso tiene un fuerte efecto en esa franja de la población. Aunque es obvio que falta mucho, básicamente porque muchos se manifiestan subocupados, ven que tienen muchas más chances que antes.
–¿Usted cree que estas expectativas son un dato favorable al Gobierno?
–Si se toman sólo las expectativas, diría que son un dato muy favorable, aunque me parece que no inédito. En el ’92 o ’93 también había muchas expectativas favorables y en esa época de apogeo primaba la idea de que el encuestado se iba a comprar un auto, una casa o lo que sea. No he podido revisar los datos de la mejor época de Alfonsín, pero también supongo que debían ser muy buenos. Para Kirchner el dato es insoslayable: los optimistas triplican a los pesimistas. Eso lo fortalece mucho. El elemento adicional que favorece a Kirchner es que la mayoría confía en el Presidente. No cree en cambios mágicos, no piensa que esto será España dentro de dos años, pero lo ve como un gobernante que se ocupa de los problemas y los soluciona. Nada menos que el 62 por ciento de la Capital y el Gran Buenos Aires dice que el plan de Kirch-ner es correcto. Y, le insisto, estamos hablando del distrito porteño –el más crítico– y el primer cordón del Gran Buenos Aires, que son terrenos muy difíciles para el Presidente. Ese 62 por ciento de acuerdo con el plan de Kirchner, muestra una confianza grande que es la base del optimismo en 2006.
–En los medios de comunicación se refleja un fuerte debate sobre el perfil del Presidente. Se habla de autoritarismo, hegemonismo. Está el resultado adverso en las elecciones de la Capital Federal y otros elementos que cuestionan ese perfil presidencial.
–Volvemos a lo mismo, a la percepción en distintas franjas de la población. Para la mayoría, Kirchner es un presidente firme, decidido, con fuerte capacidad de decisión. Eso es lo decisivo, aun para quienes no hayan votado al oficialismo. Después hay otra franja, que se ve en Capital Federal y en una parte del primer cordón del Gran Buenos Aires, que es más institucionalista, que no le gusta que le digan lo que tiene que hacer, y que habla más de autoritarismo. En el segundo y tercer cordón del Gran Buenos Aires arrasa la imagen de un Presidente que no vacila y pesa mucho más la baja de la desocupación o el anuncio de jubilación para las amas de casa que la crítica a si el Presidente estuvo bien o mal en el programa de Marcelo Tinelli. No estoy haciendo mi valoración personal, sino lo que surge de nuestros estudios: se valora mucho, muchísimo, un presidente activo, que hace y resuelve”, concluyó Haime.

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