Vale la pena recordar que pasaba en el 2001

«Para tener razón, es mejor tener el apoyo de los hechos, que el de la alta intelectualidad». (John K. Galbraith) Como fue que la canasta familiar aumento un 150% en 4 años????Del club del trueque al despilfarro.

«La convertibilidad es eterna», Cavallo (13-01-2001, Noticias). ¿Qué es la convertibilidad?
«Convertibilidad significa libre elección de la moneda con la que llevamos adelante nuestras transacciones. Si los argentinos cobran sus sueldos en pesos y quieren transformarlos en dólares, o en euros, o en cualquier otra moneda, pueden hacerlo sin costos y sin restricciones. Si quieren guardar sus ahorros en esas otras monedas, o quieren endeudarse, o quieren prestar dinero o firmar contratos en esas otras monedas, lo puede hacer porque, por ley, el peso argentino es convertible. Es decir, el peso no es una moneda de la que no se puede salir. En ese sentido, la convertibilidad va a ser eterna en la Argentina, porque es una suerte de propiedad de la moneda que los argentinos conquistaron cuando, en la época de la hiperinflación, virtualmente repudiaron el austral y empezaron a manejarse con dólares» (Cavallo, Noticias, 13-01-2001).
¡Claro! CON – VER – TI -BI – LI – DAD; de CON – VER – TIR. Transformar una cosa en otra; A en B; plata en bienes; pesos en dólares. En sentido económico, se refiere con convertible que no pierde valor una cosa al con – ver – tir -se en otra. En la Argentina desde abril 1991, sinónimo de ¡Magia! ¡Nuestra moneda vale ahora tanto como la de EE.UU.! Moneda fuerte; la Argentina tiene peso. La moneda argentina adquirió esa «suerte de propiedad»; soberana conquista de los argentinos, según Cavallo. ¿Cuál es la condición sine qua non para que la moneda nacional pueda usufructuar esa «suerte de propiedad»? Que para existir un peso, no sólo tiene que primero existir un dólar, sino que dicho dólar, además, tiene que estar en poder de nuestro Banco Central. Esto implica que cualquier persona con pesos en su poder puede ir al Banco Central y exigir que se lo conviertan, en dólares. Ahora sí… puede el glorioso peso desplegar a pleno sus eternas propiedades y los argentinos podemos laurearnos con nuestras conquistas.
Porque una cosa es CON – VER – TI -BI – LI – DAD; y otra cosa es LEY de CON – VER – TI -BI – LI – DAD. Cavallo parece que no sabe la diferencia:
«La convertibilidad, insisto, es una propiedad de la moneda que no va a poder abandonarse nunca: si se intentara, sería absolutamente impopular, la gente no lo va a admitir. Todas las buenas monedas del mundo – el dólar, el euro, el yen, el dólar canadiense o el australiano, todas, son convertibles» (Cavallo, Noticias, 13-01-2001)
Insiste con que la convertibilidad es una «suerte» de propiedad de la moneda, ejemplificando con las buenas monedas del mundo que son convertibles. Justamente es al revés: la buenas monedas son convertibles porque no precisan de una LEY de convertibilidad. Son convertibles porque son pasibles de con-ver-tir-se, transformarse, en otras monedas o en bienes sin sufrir pérdida de valor de importancia. Pero en esos países no existe una ley que obligue a sus bancos centrales a convertir la moneda que emiten en otra moneda de otro país. Tampoco están obligados a limitar la emisión de su moneda a la cantidad de moneda de otro país que tienen en su poder. En ese sentido, estas monedas que menciona Cavallo, todas, son IN-CON-VER-TI-BLES!!!
Está claro que en economía cuando se habla de que un país tiene moneda convertible, no se está refiriendo a que esa moneda es pasible de convertirse en otra, sino en que existe una LEY DE CONVERTIBILIDAD.
Cavallo afirma que la convertibilidad es «eterna»;…pero su argumento es que intentar abandonar esa «suerte de propiedad» sería tremendamente impopular: «la gente no lo va a admitir». Hoy por hoy, parece que es así. Pero queda claro que salir sólo depende de que la gente lo admita. Si es cierto que la gente no admite salir de la convertibilidad, una razón esencial es que mucha gente no debe entender qué es «la convertibilidad», si el economista «éxito» de la Argentina la explica tan mal. Parece no saber siquiera distinguir entre «cambiar una moneda por otra» – que aún en plena hiperinflación era esto posible – con la ley que obliga al Banco Central a cambiar pesos por dólares. O no sabe, o hace un elemental juego con la palabra «convertibilidad» para confundir.
La ley de convertibilidad es, básicamente, una forma de reducir la cantidad de dinero en la economía argentina. En toda la historia económica, una manera de reducir la inflación era disminuir la cantidad de dinero, subir la tasa de interés a nivel exorbitantes, y generar recesión y desocupación. En el extremo, sin dinero no puede haber inflación. La diferencia desde la ley de convertibilidad es que esa cantidad de dinero en circulación no depende como antes de la decisión del gobierno nacional, sino de cuántos dólares tiene el Banco Central. Antes, esas decisiones podían revocarse por la presión de los efectos de la recesión sobre grupos sociales que exigían algún apoyo estatal. Ahora no, porque el gobierno no puede emitir dólares.
Pero la Argentina no sólo tiene ley de convertibilidad, sino que la tiene en relación al dólar: a la economía más poderosa del mundo, la más competitiva. Eso le permite a EE.UU. producir más a menor costo, y vender a menor precio. Por la ley de convertibilidad, la economía argentina está, subrepticiamente, dolarizada: es decir, todos sus precios y salarios están en definidos en términos de dólares, no de pesos. Por eso, la Argentina es un país caro a nivel mundial; por eso, «sale tan barato viajar». Pero por eso, también, a la mayor parte de las empresas se les hace difícil sobrevivir. Sus precios (en términos de dólares) son muy caros para exportar y para competir con las importaciones; sus costos (en términos de dólares) son muy elevados (tarifas públicas, salarios, servicios, etc.). Así, las empresas cierran y despiden empleados.
Fuerte restricción monetaria + precios en la moneda más cara del mundo; eso es la Ley de Convertibilidad y el «1 a 1». Sin devaluar, con la «propiedad» de la moneda atada al dólar, el único resultado posible es más recesión, con bajas de salarios y precios en dólares. Ese es un pronóstico de Andrés Ferrari !: en la Argentina, los precios y salarios, en general, disminuirán en término de dólares. ¡Cómo vienen haciéndolo!

· «El sueldo promedio de los 3,4 millones de trabajadores que se desempeñan en relación de dependencia de la Capital y el Gran Buenos Aires es de 672,50 pesos mensuales, pero casi el 55% gana menos de 500 pesos. Y apenas el 13,6% cobra más de 1.000 pesos. Los datos (INDEC) muestran que, en relación a 6 años atrás, en términos reales, el sueldo de bolsillo promedio de los asalariados porteños y del conurbano se redujo el 5,4%. Esto a pesar de que la economía, en ese lapso, creció 10%. (……) 13 de cada 100 trabajadores gana lo suficiente para cubrir el costo de una canasta familiar básica, valuada por FIDE en $1.025.» (Clarín 26-01-2001).
· «Precios: «Otra vez deflación: En el 2000, el costo de vida bajó un 0,7%» (…) En 1999 fue 1,8%, las más fuerte desde 1934, en plena crisis del ’30. (…) Indumentaria tiene ocho años de reducción continua. (más del 25% sumadas). De los rubros que el INDEC mide mensualmente para estudiar el comportamiento de los precios, el 80% arrojaron resultados negativos en el 2000…Alimentos y bebidas baja del 1,5%…equipamientos del hogar -2,2%…Esparcimiento, -3,1%» (Clarín 05-01-2001).

Es decir, bajan en pesos y en dólares. El pronóstico de ¡Andrés Ferrari ! es que bajarán en dólares. Si hay convertibilidad y «1 a 1», lo hará también en pesos. Pero si hubiese una devaluación, lo harán en dólares pero no necesariamente en pesos. Justamente: devaluar es la forma instantánea y automática que las economías con monedas sin «esa suerte de propiedad» de la convertibilidad, utilizan para protegerse de la economías más poderosas. Al devaluar, los precios y salarios instantáneamente pierden valor en términos de dólares. Por eso: en la Argentina los precios y salarios, en dólares, continuarán bajando. Será por recesión, si no se quiere devaluar. La otra opción es sumarse al entusiasta Cavallo y no resignarse a que la economía argentina sea menos productiva que la economía norteamericana… Porque este es el colmo de los comentarios de Cavallo: en medio de una economía que retrocede y tiende a la desaparición, mantener los elementos básicos que generan esta destrucción y pretender solucionar esta tendencia con la arenga de que podemos ser más poderosos que la economía más poderosa. Antes de la fe, se requieren las condiciones objetivas.
¿Pero, le puede importar tanto a una persona que ni siquiera tiene ingresos suficientes para comprar una canasta familiar básica (es decir, más del 80% del país) saber que esa cantidad de dinero insuficiente tiene la «suerte de propiedad» de ser convertible? ¿No puede interesarle aunque sea sólo escuchar la posibilidad de una devaluación si la misma le permite llegar a completar la canasta familiar básica? Para Cavallo, claro que no. Después de desechar la devaluación, responde por qué a Brasil le fue bien con su devaluación:
«Brasil tiene una moneda inconvertible y los brasileños no pueden guardar el valor de sus ahorros ni cobrar sus sueldos en dólares.» (Noticias, 13-01-2001).
¿Por qué Brasil tiene una moneda «inconvertible», si vemos cómo llegan turistas brasileños a nuestro país con dólares que consiguieron «convirtiendo» sus reales? Por que NO TIENE LEY DE CONVERTIBILIDAD. La moneda de Brasil es tan convertible y tan inconvertible como «todas las buenas monedas del mundo – el dólar, el euro, el yen, el dólar canadiense o el australiano». Entonces, la ventaja de la ley de convertibilidad, como acaba de decir Cavallo, en realidad no es para quien gana poco, sino para quien gana MUCHO… porque le permite que esa cantidad ahorrada sea mucha en dólares. Ahora sí, ¡Primer Mundo!
En términos de dólares, a nivel mundial, todos ganamos mucho respectivamente a nuestra actividad laboral. Pero en relación a los precios en dólares externos; los precios internos también son elevados en términos de dólares en relación al resto del mundo. Por eso, esos 672,50 dólares (pesos) de sueldo promedio son altos en relación al nivel salarial en dólares del resto del mundial, pero no llegan a cubrir el 70% de una canasta familiar básica. Pero quien puede ganar muchísimo dinero, sobrepasar largamente la canasta familiar, y por lo tanto ahorrar, la convertibilidad le da el paraíso de que ese ahorro está en la moneda de mayor poder de compra del mundo. Como no hay magia, claro, esto sólo puede ser posible para un pequeño grupo (¿5%?).
El resto de los argentinos aún tienen que sobrevivir. Y la ley de convertibilidad hace que el dinero sea escaso. La necesidad hace que se busquen otros mecanismos. Surge el «Club del Trueque»: 300.000 personas que en 500 sitios ofrecen productos y servicios de los más diversos desde una consulta odontológica al alquiler de una casa en Necochea; clases de yoga a crema de limpieza; los carpinteros, el albañil, el médico (Clarín, 28-01-2001). Sin pesos, ni dólares, ni yen, ni euros; estas personas, de todos modos, mantienen el uso de con-ver-ti-bi-li-dad que hace Cavallo. «Convierten» sus bienes y servicios en otros. Y, además, crean su propio crédito («moneda social»); por valor de un peso cada crédito, «según sus estadísticas, en el último mes las operaciones que se hicieron en todos los clubes del país alcanzaron un total de 30 millones de «créditos» o pesos» (Clarín, 28-01-2001). Tan desarrollado está el sistema, que una pareja, que sólo usa dinero para el colectivo y para pagar impuestos, se «convirtió» al amor: «Fuimos a Mar del Plata y tanto el hotel, como las excursiones y las comidas las pagamos en créditos. Ni siquiera para el transporte tuvimos que desembolsar dinero. Las agencias de viaje que se sumaron a la red del trueque nos van a permitir que hasta la luna de miel la hagamos también en créditos» (Clarín, 28-01-2001). El trueque hace girar al mundo y al amor.
Más allá de la pregunta de qué tan terrible sería que el Banco Central emitiera esos 30 millones de pesos «sin respaldo en dólares» (o más cantidad, teniendo en cuenta la larga deflación), y de percibir que el trueque, como el dinero, hace la felicidad, surge la chocante realidad: el ejemplo del club del trueque muestra que la gente quiere emisión de pesos. Y no parece importarle mucho si es con o sin esa «esa suerte de propiedad» de ser convertible en dólares; como es el caso de la «moneda social» del Club del Trueque.
Dado que, por la extensión de la práctica del trueque, cientos de miles de argentinos comienzan a percibir cómo la ley de convertibilidad «convierte» sus vidas en una economía sin dinero pero hacia un creciente empobrecimiento, quizás, también comiencen a «convertir» su rechazo a abandonar la ley de convertibilidad en admisión. Y, así, la convertibilidad, «con su suerte de propiedad de la moneda», de eterna, se «convierta» en temporal; perecedero, transitorio temporal.
Si alguien ve en el Club del Trueque una muestra más de la ingeniosa viveza criolla, rebuscándosela ante la crisis, vale recordar que dicho ingenio ya fue patentado por el hombre hace unos varios de miles de años. Es que si La ley de convertibilidad ya implicaba retroceder al Siglo XIX, como bien dice la cronista de Clarín, el trueque… » es un mecanismo tan antiguo como el hombre y representa la más primitiva actividad comercial de la humanidad».

«O jugar el juego de la existencia hasta el final;
de El Principio, de El Principio…»
(«Mañana Nunca Se Sabe», Beatles).

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