"Mienten mucho sobre nosotros"

Con un vestido de un verde no particularmente discreto (llamarlo «verde loro» no sería del todo inadecuado), Susan Sarandon se acomodaba en el jardín del Hotel des Bains, el lugar más exclusivo del Lido —la isla que enfrenta a la ciudad de los canales y en la que se desarrollaba el Festival de Cine— para hablar con Clarín.

Sarandon es de esas mujeres que llevan su edad sin prejuicios. Tiene 59 años y parece… exactamente eso. Pero nada de su tan particular belleza, de su mirada inteligente, ni de su inimitable encanto se han perdido. La actriz que empezó a hacerse notar hace ya treinta años con su papel en The Rocky Horror Picture Show y que, con el tiempo, fue elevando su reputación hasta ser considerada una de las mejores actrices de Hollywood de las últimas décadas, estaba en la Mostra, a principios de setiembre, para presentar dos películas: Todo sucede en Elizabethtown, de Cameron Crowe, y Romance & Cigarettes, de John Turturro.

Las películas poco tienen que ver entre sí, pero la actriz de Thelma & Louise, Un milagro para Lorenzo y Mientras estés conmigo (por la que ganó su primer Oscar tras cuatro nominaciones) convoca la atención de los medios, en estos últimos años, más por su militancia política que por sus roles cinematográficos. Con su marido Tim Robbins es una activa crítica de la guerra de Irak y siempre fue dura con las políticas del presidente George W. Bush. Esa posición puede haberle ganado algunas simpatías en Europa, pero en su país la transformaron casi en un enemigo público.

«Cuando empezó la guerra con Irak la situación llegó a ser horrible —cuenta—. La pasamos muy mal. Se dijeron muchas mentiras sobre mí, sobre nosotros, nos acusaron de cosas terribles. Hasta mintieron sobre nuestros hijos. Me sentía herida, pero más que herida, enojada, furiosa.»

¿Qué era lo que más te molestaba?

Yo sabía lo que estaba pasando en Irak, y los miles de muertos y la gente que lo perdía todo. Y sabía que tenía que decir algo al respecto, que no me podía quedar callada. Pero también tenía que pensar en mis hijos. Ellos pasaron cosas difíciles en la escuela en esos momentos. Fue muy injusto. Ellos nos apoyaron siempre, pero tenían miedo y nos pedían que no habláramos más, porque eso hacía las cosas más difíciles para todos. Es terrible que en una democracia tus hijos te pidan que no hables. Y en esos momentos nos preguntábamos qué hacer.

¿Sigue siendo así ahora?

No tanto. Antes teníamos el teléfono «pinchado». Nos dejaban mensajes anónimos diciendo «tengan cuidado», recibíamos amenazas de muerte, se nos burlaban en los talk-shows. Era terrible. Ahora ya todos saben que no existían las «armas de destrucción masiva» con las que justificaron la invasión.

En el momento de la entrevista, hacía muy pocos días que se habían producido las inundaciones en Nueva Orleáns y, consultada el respecto, Sarandon manifestaba su dolor. «Me rompe el corazón, yo filmé muchas veces allí —decía—. Es un desastre natural, es cierto, pero el gobierno tuvo un aviso de cinco días para hacer algo y no hizo nada. Es otro ejemplo de ineptitud, como los siete minutos en los que Bush se quedó congelado al enterarse del ataque a las Torres Gemelas.»

Lo que hace para mantenerse «sana» es vivir en Nueva York, ciudad en la que nació. «Te da un sentido de comunidad, de vivir acompañada de gente. En Los Angeles sos parte de la industria. En Nueva York, actuar es sólo una de las cosas que podés hacer. Viajo a Los Angeles por trabajo. Pero es un lugar en el que te aislás. Nunca viví en Los Angeles y cuando estoy allá me siento vieja. Además, tienen un muy mal actor como gobernador…»

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