La odisea de tres hombres que atropellaron a un chivo

La odisea de tres hombres que atropellaron a un chivo Basado en una de las leyes Blumberg, un juez de Misiones los mantuvo presos siete meses por embestir al animal en la ruta y llevar el cuerpo en el auto. Los acusa de abigeato agravado.

Por Horacio Cecchi
Ramón Krechuska, José Ericsson y Juan Rodríguez murmuran su suerte esquiva. Saben que con un peso en el bolsillo y otro origen los dos primeros no hubieran pasado siete meses a la sombra y Rodríguez no habría ingresado a la categoría de prófugo de la Justicia. Y están convencidos de que si hubieran atropellado a una persona en vez de a un chivo, el juez de Posadas, Eduardo D’Orsaneo, los habría procesado por homicidio culposo y los habría excarcelado con una fianza lógica. Pero no, el juez los mandó adentro. Se basó en la versión policial, que aseguraba haber detenido al trío en la ruta con el chivo faenado dentro de un vehículo. El acta fue firmada por un testigo que no volvió a aparecer y fue acompañada por una foto del auto tomada, según la policía, en el lugar de detención. En la imagen se ve el interior del 147, con el chivo dentro. Lo curioso es que de fondo aparece la comisaría 11ª, ubicada a varios kilómetros de donde se supone que los detuvieron. A esto se suma una decena de testimonios que aseguran que la policía allanó las viviendas de los tres sin orden judicial, los detuvo, secuestró el auto y el chivo, que terminó en la parrilla del fondo de la comisaría. El 21 de octubre pasado, el juez decidió dejarlos libres.
Una noche de febrero pasado, Ramón Krechuska, reparador de artefactos eléctricos, volvía a Posadas en su viejo Fiat 147 por la Ruta 12 de Misiones, junto a su amigo Juan Rodríguez, también de 21 años y albañil cuando hay trabajo. A 44 kilómetros de la ciudad, un chivito se cruzó de improviso en medio de la ruta y se lo llevaron puesto. Literalmente. El animalito murió despatarrado y Krechuska y Rodríguez lo cargaron en el asiento trasero.
El golpe fue duro y provocó la rotura del embrague. Llegaron a duras penas hasta Candelaria donde, desde una estación de servicio, ubicaron al mecánico. Se llamaba Ericsson y al rato había arreglado el desperfecto. Los dos amigos siguieron camino a Posadas. Pero antes de llegar, un control policial rutero detectó al chivo dentro del vehículo. Hasta allí, no pasó nada. Krechuska y Rodríguez llegaron esa noche a sus casas.
En la madrugada tuvieron visita. Policías de la comisaría 11ª de Posadas cayeron en lo de los suegros de Rodríguez, donde secuestraron un chivo faenado y al propio Rodríguez delante de los ojos de su mujer, de los dueños de casa y de algunos vecinos. Después, aparecieron en la casa de Krechuska, donde detuvieron al dueño de casa y secuestraron el Fiat. A Ericsson también lo detuvieron en su casa. Los cinco, contando al Fiat y al desgraciado chivo, terminaron en la comisaría 11ª, con diversa suerte. El Fiat quedó retenido como prueba judicial. Los tres amigos fueron detenidos y luego excarcelados, acusados por abigeato y con una pena de entre 2 y 8 años. El chivo quedó dividido: el lomo, costillita y las partes más sabrosas pasaron a la parrilla del fondo y el resto fue devuelto al dueño.
Según la presentación de la fiscalía, el trío robó el chivo y lo faenó para su venta. La acusación fiscal y el criterio del juez se apoyaron en una serie de pruebas policiales: el acta del control rutero acompañada de la foto y la firma de un testigo. Pero el testigo jamás apareció, y la foto tiene como fondo a la comisaría 11ª, distante varios kilómetros del control. Dos meses después, D’Orsaneo encontró la modificación Blumberg a la ley 25.890, en la que el abigeato, cuando participan tres o más personas, es calificado y agrava la pena a 4 de mínima y 10 de máxima. Citó al trío. Rodríguez no se presentó y quedó prófugo. Los otros dos, terminaron adentro.
“Todos los allanamientos fueron ilegales –dijo a Página/12 el abogado de Krechuska, Alvaro Lafuente–. No había orden judicial, por lo que las pruebas obtenidas no son válidas. Y las que siguieron fueron fabricadas.”
Lafuente apeló y D’Orsaneo rechazó el pedido. Pidió la libertad bajo fianza, pero el juez no hizo lugar al pedido. “Quizá peque de estricto, pero creo que es el perfil que debe tener un juez”, dijo su señoría al periódico MisionesOnLine y colgó su mirada al frente, cerca del bronce. Días después, la misma comisaría detuvo al dueño de una fábrica de chacinados con dos caballos faenados en negro. El juez de la mirada de bronce ordenó liberarlo por falta de pruebas. Siete meses después de la detención, el 21 de octubre, finalmente el juez apartó a Ericsson del caso, con lo que los otros dos acusados no reunían número para el artículo Blumberg: excarceló a Krechuska y levantó la orden de captura de Rodríguez. Eso sí: seguirán procesados hasta que se demuestre lo contrario.

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