Bueno, por ahí no le fue bien, pero llegó a ser intendente por dos períodos en Río Grande y dejó varias obras que, sin duda, mejoraron la ciudad. Sería una hipocresía no decirlo. Pero siempre hay un pero. También hubo denuncias, por ejemplo, por abuso, que fueron debidamente cajoneadas por un juez cuyo desempeño ni siquiera me atrevo a evaluar.
Melella dejó la Municipalidad para asumir la Gobernación después de haber lidiado con el gobierno de Fabiana Ríos y, a continuación, con Rosana Bertone. La primera aún hoy tiene ramificaciones en el Estado y varios de los suyos ocupan cargos. Antes los había enfrentado. En 2019, y de la mano de gremios, parte del PJ y FORJA, llegó a la Gobernación de la provincia y allí comenzó una transformación que lamentaremos el resto de nuestras vidas.
Como les pasó a todos los riograndenses que llegaron a la “pajarera”, como comúnmente le decimos a la cúpula de la Casa de Gobierno, Melella no pudo resistirse a la mimetización del sesgo libertario capitalino y empezó a alejarse de su ciudad natal. En poco tiempo ni siquiera venía de visita; luego empezó a faltar a los actos para finalmente dejar de atender el teléfono.
El círculo de baba a su alrededor, como les ocurrió a quienes lo precedieron en el cargo, lo blindó y comenzaron a prevalecer los intereses personales de los “funcionarios” por sobre los de la gente. El derrape comenzó en la segunda gestión, después de haber recibido toneladas de dinero durante la administración de Alberto Fernández y convertirse en uno de los gobernadores más visitados por integrantes del gabinete nacional del golpeador de mujeres, cosa que a Melella no le provoca reacciones, como tampoco los violentos que mantiene bajo su paraguas desde que está en política.
Esta etapa de Melella es lamentable. Aparecieron dos figuras cuyos antecedentes también conozco a la perfección: la ahora multiministra Gabriela Castillo y el ministro jefe de Gabinete, Jorge Canals. Ambos son la puerta con clave electrónica para que nadie se acerque al gobernador cuando rara vez se encuentra en la Casa de Gobierno. La mayoría de quienes alguna vez tuvimos diálogo fuimos desechados, por no emplear términos más duros, y solo quienes fueron elegidos por estos dos personajes mantienen diálogo o pueden llevarlo a medios de comunicación, donde todo está guionado. El archivo de este medio me evita mayores explicaciones. Cualquier dato sobre cualquiera de ellos se encuentra en www.lalicuadoratdf.com.ar.
El presente de Melella es lamentable. Él y sus acólitos tienen la boca sellada; las traiciones van y vienen; la provincia está fundida y endeudada. Tiene 144 empleados públicos por cada 1.000 habitantes, el número más alto del país. Los sueldos se pagan porque, hasta hoy, Milei no ha decidido dejar de adelantarle entre 45.000 y 60.000 millones para pagar salarios. El día que se lo niegue, el petardo le estallará en la mano.
Melella la jugó de rebelde al inicio de la gestión de la derecha. Quiso aparecer como un revolucionario y terminó asociándose con lo peor de la política. Todo lo que cuestionó ahora lo acompaña y, lo que es peor, lo copia. Su silencio ante la destrucción de la industria textil y electrónica es absolutamente repudiable, lo mismo que su actitud tibia ante los recortes de todo tipo que llevó a cabo el Gobierno nacional y sobre los cuales jamás se expresó. También adoptó el enojo y la susceptibilidad para responder preguntas incómodas, al mejor estilo Milei. Su silencio sobre la separata que ingresó Sergio Massa al Congreso en 2022, y que pedía la reducción paulatina de los beneficios de la Ley 19.640; su silencio y cambio de opinión respecto de las salmoneras, un negocio fracasado en el mundo, contaminante y destructor del medio ambiente, se instaló con su anuencia y destruyó un paisaje maravilloso como lo es el Canal Beagle en Puerto Almanza, hoy lleno de boyas, redes y otras porquerías.
Melella y Castillo son responsables de la destrucción de la industria hidrocarburífera en la provincia. Son responsables de la salida de YPF y del despido de más de 500 trabajadores que aún están en plena incertidumbre. Son responsables porque no hicieron nada para evitarlo. Gobiernan por mensajito de texto. Los negocios con una empresa de extraño origen como Velitec o con la empresa estatal de hidrocarburos, Terra Ignis, constituyen otro papelón que no ha generado más que pérdidas y serias sospechas de manejo irregular de fondos.
Todo esto tiene un único responsable: Gustavo Melella. Y la frutilla del postre es retenerle a Río Grande 18.000 millones de pesos de coparticipación por razones que no puede explicar ni él ni el fantasmal ministro de Economía, Barroso. Como tampoco pueden explicar los 8.000 millones de pauta para amigos, compras dirigidas de vehículos, el abandono de la infraestructura escolar, los manejos discrecionales de los fondos del FAMP (Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva), el colapso del sistema de salud, el aumento de la pobreza y la indigencia, y el privilegio de ser la provincia con mayor desocupación, con un 8,1 %, por encima de la media nacional. La más endeudada del país en tarjetas de crédito y préstamos bancarios.
En fin, como decía al principio, no es un dechado de virtudes. Pero, por si algo faltaba, ni él ni su círculo de adláteres se bajaron un solo peso del salario en casi siete años.
Melella está lastimando a Río Grande, y mucho. No al intendente Martín Pérez, que lo peor que puede pasarle es perder una elección, sino a la gente. La gente debe saber que este ahogo financiero tiene el horrible olor de la política podrida. Huele a bajeza, a mezquindad, a resentimiento y a derrota; ya no en la política, sino en su vida personal, porque ha perdido el respeto y la dignidad, elementos básicos para ser un dirigente. Melella quiere ser intendente de Río Grande y la forma que encontró es destruir a quien está llevando adelante esa gestión, sin importarle en absoluto lo que les pase a los habitantes de esta ciudad, entre los que me incluyo.
Melella y algunos de sus aplaudidores no están pensando en esta ciudad ni en la provincia. Melella solo quiere seguir haciendo negocios, como lo está haciendo con los fondos de los riograndenses que cada mes pagamos nuestros impuestos para sostener, entre otras cosas, a los más de 6.600 empleados que incorporó a la administración pública.
Melella no es lo que parece. Los que lo conocemos sabemos que hay una doble personalidad que muy pocos conocen. No se dejen engañar por el exdirector de la Misión Salesiana; esa persona ya no existe. Hoy están frente a alguien rodeado de algunos personajes que podrían ser siniestros si les dieran una miserable cuota de poder adicional a la que hoy tienen.
Una exconcejal de la UCR me dijo hace muchos años: “Dale poder a un mediocre y conocerás a un miserable”. Iba dirigido al peor intendente que tuvo esta ciudad y que ya nombré más arriba. Hoy, que se haga cargo quien corresponda. Lo dejo a su libre albedrío. Pero una cosa es clara: no quiero para Río Grande a alguien a quien todo le da lo mismo y que creyó que gobernar una provincia era como caminar por los barrios. No tenía idea y quedó demostrado. Porque aquí se trata de hechos, no de suposiciones. “No es lo mismo saber que conocer”, y yo los conozco a todos. Estaba aquí antes de que llegaran a vivir del Estado. Así que tranquilos, que hay más.
Armando Cabral
