El discurso de Milei: MI PAZ O LA GUERRA

Buenos Aires 02/04/2024.- El presidente Javier Milei no ahorró dardos contra «los políticos» a lo largo del discurso de los 70 minutos monotemáticos con el que abrió el primer período ordinario de sesiones del Congreso de su administración. «No hemos elegido el camino de la confrontación», dijo, llamativamente, sobre el final, aunque aclaró que «este gobierno no le escapará».

La condición para la paz o la guerra es entonces la rendición incondicional de «la casta» y buena parte de la misma, toda la enrolada en el PRO y buena parte de la del radicalismo, se dispone presurosa a arriar las banderas.

El jefe de Estado puso todas las minas bajo el suelo para que la noche terminara en el escándalo tan temido, incluso en una calle militarizada. No dejó de hablar de «la peor herencia de la historia», del siglo de decadencia y, sobre todo, de los «últimos 20 años» fatales, cuenta que incluye a su supuesto socio Mauricio Macri.

En ese sentido, embistió contra los políticos corruptos, «el populismo», la izquierda, el sindicalismo, «los empresarios prebendarios», los (radicales) que se disfrazan de republicanos, medios y periodistas. En su esfuerzo por entrar en el cuerpo a cuerpo hasta hizo nombres propios, denostando a Sergio MassaPablo MoyanoJuan Grabois, Roberto Baradel e, infaltables, Cristina Fernández y Máximo Kirchner. El escándalo, con todo, no se desató.

Me gusta cuando callas

La novedad fue que la oposición peronista –más allá de la pequeña de izquierda, la única realmente existente– decidió escaparle al cuerpo a cuerpo propuesto. Acaso comience a pensar que única forma posible de disputar políticamente con esta nueva derecha populista es salir del terreno de la dialéctica encendida, que genera una polarización favorable al oficialismo, y esperar a que el ajuste macere un descontento social que por ahora viene lento.

¿Estrategia paciente, o simple resignación de quien sufre en el llano?

La puesta televisiva amplificó tanto la idea de la pax mileísta –una paz unilateral, que no incluye ningún componente de diálogo o diversidad de miradas– como el silencio de la oposición. Desde que Milei ingresó al hemiciclo, las imágenes oficiales ignoraron a esta de un modo jamás registrado desde el retorno de la democracia.

La puesta en escena no solo contó con la estética del State of the Union message impuesta por el mandatario y la toma casi cenital –la papada no se mancha–, sino que también incluyó esa dosis masiva de stalinismo. Un extraterrestre que haya visto la transmisión casi podría jurar que el parlamento argentino está conformado por apenas 38 diputados y ocho senadores.

No se sabe si la TV oficial encontrará una chance de supervivencia tras su puesta al servicio de los dictados del Gobierno y de un Milei al que incluso le inventó un título de «doctor», pero ni siquiera eso será una opción para Télam, cuyo cierre ordenó el mandatario. El vocero Manuel Adorni no les ahorró a los trabajadores de la agencia ni siquiera el bullying y la burla.


Sangre, sudor y lágrimas

Al revés de lo esperado, sobre todo por un mercado cambiario que se agitó sobre el cierre de la rueda, no hubo anuncios de salida del cepo, unificación de los diversos tipos o libre competencia de monedas. Todo ello fue ratificado como parte del rumbo, pero no hubo menciones diferentes a la continuidad del hiperajuste.

Milei se felicitó a sí mismo por el uso de la motosierra, que, dijo, operó sobre la política, territorio que evidentemente resulta muy vasto para él e incluye a cualquier persona que trabaje para un Estado que prometió reducir a su mínima expresión. Con todo, reconoció explícitamente «la licuación» como mecanismo de la consolidación fiscal, algo que –se sabe– se ha cebado con jubilados, trabajadores y ahorristas.

En ese sentido, avisó que impondrá de un modo u otro una nueva fórmula de movilidad previsional, una que discriminará a los «cuatro millones de personas que se jubilaron sin haber hecho aportes», esto es gracias a moratorias, y que no va a revertir el guadañazo de los últimos meses de megainflación.

Divide y reinarás

El discurso estuvo hábilmente estructurado, al menos en la lógica de Milei.

«A los argentinos», dijo, solo les pidió «una cosa», que en verdad fueron dos: «paciencia y confianza«. Las buenas ya van a venir…

A cambio de ningún alivio en los ingresos, en los plazos para la quita de subsidios ni en el «sinceramiento» de los precios les ofreció narrativa anticasta pura y dura, corpus eficaz de una pieza que, en ese plano, tuvo poco para discutirle. La Argentina que dejó la dirigencia tradicional exhibe un estado lamentable, al punto que los proyectos de ley que anticipó para terminar con numerosos privilegios calzan a la perfección con un ánimo colectivo incluso más amplio que el 55,7% de noviembre.

Su mensaje fue netamente político, casi de campaña y con pocas innovaciones retóricas y programáticas, pero probablemente útil para fidelizar al núcleo duro que por ahora come y puede pagar los colectivos. Lo que ocurrió en los palcos de la Cámara de Diputados resultó elocuente: los festejos se hicieron más sonoros ante el silencio opositor. Lo que traiga el futuro, claro, será otra cuestión.

El Presidente logró impactar sobre el cierre. Aun errático, proponiendo dejar de hablar de un pasado que no cesa de evocar y sin terminar de explicar qué cosa entiende por paz, clavó una cuña en un cuerpo de gobernadores que había amagado en las últimas semanas con convertirse en el germen de una oposición transpartidaria. Fue cuando ofreció la firma, el próximo 25 de mayo en Córdoba, de un Pacto de Mayo.

El mismo consta de diez puntoslos mandamientos mileístas, todos vinculados a su visión unilateral del futuro.
En ese decálogo resalta una visión centrada en la sacralidad de la propiedad, la consagración del equilibrio presupuestario, la flexibilidad laboral y la apertura comercial. A prioriun combo en el que el hambre, la educación y la salud no tienen ningún lugar y que resulta inaceptable para media Argentina.

Sin embargo, introdujo con habilidad una zanahoria: la previa del Pacto de Mayo será una convocatoria a cargo de Nicolás Posse y Toto Caputo a los gobernadores que acepten que el Congreso vuelva a tratar y hacer aprobar su proyecto de ley ómnibus, quienes podrían beneficiarse de medidas de «alivio fiscal». En ese punto, la estrategia del apriete y la extorsión se quitó toda la ropa.

Milei admitió –y es seguro no tiene problema en hacerlo– que existe margen fiscal dentro del Caputazo, solo que el mismo es una herramienta política para separar a amigos de enemigos. Ni bien terminó de hablar, los gobernadores de lo que alguna vez fue Juntos por el Cambio –incluso los hasta ayer combativos– hicieron fila en para proclamar su disposición al diálogo.

El mandatario se devoró al PRO y a buena parte de la UCR de un solo bocado y ese es un dato insoslayable de la política que viene.

Spoiler: ese diálogo no será tal. Al modo de un Pacto de la Moncloa al revés, habrá paz solo si esta se redacta en los términos de Javier Milei, esto es si implica una capitulación de sus enemigos. Menudo dilema para Axel Kicillof, quien no puede por nada del mundo aceptar un convite semejante. Con todo, ¿tendrá este otros avales peronistas además de los esperables de Osvaldo Jaldo Raúl Jalil? Los problemas para el peronismo recién empiezan a dejarse ver en toda su plenitud.

En síntesis, el Presidente interpretó ante la Asamblea Legislativa un original cover de A mi manera. Quienes se presten a cantar con él pasarán a formar parte de «los argentinos de bien» y quienes no lo hagan «se encontrarán con un animal al que no están acostumbrados».

Un país entero queda avisado.

Marcelo Falak.

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