Aporofobia argentina, el rechazo a los pobres.

Rio Grande 02/03/2021.- En todo el 2020 y lo que va del 2021 las cosas no solo no han mejorado, sino que han empeorado y cualquier discurso que diga lo contrario se da de nariz con la realidad. La pobreza, el desempleo, la inflación, la devaluación, los tarifazos son golpes diarios que la sociedad recibe sin que nadie nos tenga en cuenta. La fábrica de pobres o aporofobia, el rechazo a los pobres por su falta de inclusión en un nivel de vida digno.

Los discursos de apertura de sesiones tanto a nivel nacional como provinciales pasaron lista a innumerables proyectos, miles de abría y podría, pero ninguno de ellos hizo la más mínima autocrítica o hizo hincapié en la pobreza, el millón de jóvenes que abandonó los estudios, los 4 millones de desocupados, la miserable jubilación mínima que cobran los adultos mayores, como mi madre, 20.507 pesos, cuando un alquiler no baja de 15.000 pesos, los miles de argentinos que viven en las calles, el vacunatorio VIP cuando ya pasamos los 52.000 fallecidos por la pandemia, pero se privilegió a la clase política, o al menos un parte de ella.

Da vergüenza escuchar que en esta provincia haya 24 mil familias que retiran un bolsón de alimentos y decir que el estado estuvo presente, como los millones de planes que distribuye en gobierno nacional, mientras las empresas se siguen yendo del pais, y peor aún para proyectos como la construcción del vehículo “Gaucho”, la fábrica de aviones o persigue con impuestos a los parques eólicos que generan energía limpia en un pais donde la energía es cada vez más cara. Expulsa a Falabella, LATAm, que dejaron 32 mil personas sin trabajo, Mercado Libre, cierran el 25% de las agencias Ford en todo el pais, Honda solo fabrica motos y remata sus herramientas para la fabricación de vehículos, no quedan aerolíneas privadas, los trabajadores de Toyota no trabajan un fin de semana largo porque les cobran impuesto a las ganancias y así podríamos estar días enumerando la lista que ha generado la fábrica de pobres de este pais.

Pero yendo más profundo, hablemos de la sociedad de pobres que ha aumentado exponencialmente hasta llegar al 50 %, los niños y jóvenes que están por debajo de la línea de pobreza y son más de 6 millones, que comen una vez al día, con suerte, que no tienen salud, no tienen contención, no tienen educación y ningún futuro o expectativa de desarrollo futuro en un pais donde solo importan los propios y los contrarios viven sumidos en el más absoluto abandono. Jubilados que mueren sin conseguir medicamentos, o mueren en geriátricos truchos, hombres y mujeres deambulando en busca de una changa, más trabajo en negro, sin obra social, sin jubilación, sin nada.

¿Qué va a pasar con todos esos millones de argentinos que hoy viven se subsidios, planes y ayudas, cuando llegue el momento de jubilarse?

Alguien me dijo alguna vez que le llamaba la atención mi preocupación por los temas sociales, y que le gustaba charlar conmigo sobre eso, hoy esa persona y otras tantas que conozco ocupan lugares de decisión desde donde podrían al menos intentar cambiar algo, sin embargo, como en el gobierno nacional, cuando cuestionas estas cosas te cortan el teléfono o pasas a ser un enemigo público.

Para explicar que todo lo que dicen se contradice con lo que hacen voy a publicar un párrafo del Libro de Adela Cortina, Aporofobia, el rechazo al pobre. Aporofobia es un término nuevo y en cierta forma revolucionario. Recién en 2017 pasó a formar parte del Diccionario de la Lengua Española, y fue la palabra del “año” ganándole en la pulseada a Bitcoin entre otras (toda una paradoja).

Pareciera que nuestra clase dirigente no puede ponerle un nombre adecuado a su logro más perdurable (tristemente) que es la acumulación de pobres que padece nuestra nación. Sin esperanzas y sin vacunas a la vista. Ese nombre es entonces “aporofobia argentina” que no significa el rechazo a los pobres, sino la acumulación desmedida de pobres a consecuencia del fracaso de las políticas de Estado.

La aporofobia argentina es el “rechazo” a los pobres, pero el rechazo entendido en su falta de inclusión en un nivel de vida digno. Se rechaza a los pobres al no sacarlos de su pobreza. Al no darles los medios necesarios para obtener un empleo digno en lugar de la dádiva estatal, a la vez que se los descarta en las prioridades de la vacunación. Un día en sus vidas, es un día más jugando a la ruleta rusa de la vida.

Creo que queda claro y no necesito explicárselo a nadie, porque todos y cada uno lo vemos todos los días.

Armando Cabral

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