La doble vara del poder: machismo, impunidad y vulgaridad

Rio Grande 20/06/2026.- Resulta impresionante —y profundamente indignante— que Manuel Adorni continúe en su cargo tras haber mentido en la Cámara de Diputados, evadido impuestos y engañado a la sociedad, sin que exista sanción alguna ni un mínimo gesto de responsabilidad política. La impunidad masculina parece blindada, mientras que a las mujeres se las castiga con dureza incluso por noticias falsas, como ocurrió con Florencia Peña, despedida sin contemplaciones.

Este contraste desnuda la sociedad de la doble vara: fuerte con las mujeres, débil con los hombres. La misoginia se expresa no solo en las decisiones institucionales, sino también en el lenguaje del propio Presidente, que defiende a un funcionario cuestionado mientras utiliza las redes sociales para lanzar agresiones de una vulgaridad llamativa.

El poder masculino se protege entre sí, incluso cuando está teñido de corrupción y cinismo. En cambio, las mujeres son expuestas, ridiculizadas y sancionadas con rapidez, como si la vara de la moral pública se aplicara con rigor selectivo. Esa desigualdad no es casual: responde a una cultura política que sigue reproduciendo el machismo y la misoginia como herramientas de disciplinamiento.

La vulgaridad presidencial hacia las mujeres no es un exabrupto aislado, sino un síntoma de una personalidad repudiable y de un cinismo inigualable. Se trata de un mensaje que legitima la violencia simbólica y refuerza la idea de que las mujeres deben ser controladas, mientras los hombres pueden ser perdonados, incluso cuando roban, mienten o defraudan al Estado.

La Argentina no puede naturalizar esta lógica perversa. La democracia exige igualdad de trato, transparencia y respeto. Mientras se sostenga la impunidad masculina y se castigue con saña a las mujeres, estaremos frente a un poder que no solo es corrupto, sino también profundamente misógino. Y esa es una herida que atraviesa a toda la sociedad.

Es momento de que la ciudadanía levante la voz y repudie esta doble vara. No se trata solo de defender a las mujeres agredidas, sino de defender la dignidad democrática frente a un poder que se ha vuelto vulgar, cínico y desigual. La sociedad debe exigir sanciones políticas inmediatas y un cambio cultural profundo: basta de impunidad para los hombres, basta de castigos selectivos para las mujeres.

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