Opinión: ¿Es posible un Pacto de la Moncloa argentino? Por Martín Torres.

Mart 05/05/2020.- En marzo de 1984, organizado por el entonces diputado provincial Rafael Flores, se realizó en Río Gallegos la Primera Reunión de Legisladores de la Patagonia del peronismo. Me tocó exponer la necesidad de la convocatoria a la firma de un nuevo pacto federal. La propuesta se fundamentaba en nuestras necesidades fueguinas de ser provincia, entonces territorio nacional y cuya provincialización logramos luego en 1990, y la lógica ausencia de las nuevas provincias incorporadas, al momento de la firma de los pactos preexistentes a la constitucionalización del país.

La idea fue aprobada y recogida en el documento final que se tituló La Patagonia propone un nuevo pacto federal. Como diputado nacional fueguino, me tocó trasladarla a las reuniones de gobernadores de entonces y fue tomada muy especialmente por Buenos Aires, en la gobernación Cafiero y por Santa Fe, a través de su mandatario Vernet. El tratamiento de aquella idea se multiplicó y extendió a la totalidad de las provincias y al Poder Ejecutivo, hasta que finalmente se sintetizó en un acta de reafirmación federal que firmamos en Luján el 25 de mayo de 1990 todos los gobernadores y el Presidente de la Nación, yo como flamante gobernador de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, creada por ley 23775 de abril de ese mismo año. Hasta aquí los antecedentes de esta etapa democrática.

Hace pocos días se realizó en el Congreso Nacional una jornada coordinada por mi amigo Julio Bárbaro con la presencia de los senadores nacionales Federico Pinedo, Miguel Ángel Pichetto y Ernesto Sanz (MC) junto al invitado especial Ramón Tamames, uno de los impulsores el Pacto de la Moncloa, donde se coincidió en la necesidad de alcanzar un gran pacto de gobernabilidad nacional. Bien.

Argentina está lejos de las condiciones materiales y espirituales que posibilitaron en España la rúbrica de aquel acuerdo. Para señalar una de las más importantes: aquí las estructuras partidocráticas están reformulándose o redondamente han desaparecido.

No han faltado propuestas en ese sentido, pero es muy probable que nuestra cultura política se esté imponiendo e interfiera en la concreción de las formas que queremos adoptar para cumplir con esta necesidad.

Si esto es así, en lugar de porfiar, deberíamos aceptar estos condicionamientos y receptar el mandato de nuestra experiencia histórica válida de los siglos XIX y XX y volver a la idea de convocarnos a la sanción de un nuevo pacto federal.

Más temprano que tarde, el desarrollo integral que esperamos que se lleve a cabo para nuestro pueblo y nuestra patria nos llevará a profundizar nuestro federalismo, rediscutiendo racionalmente parte de los derechos delegados por las provincias al gobierno federal y a que se constitucionalicen junto con nuevos derechos y obligaciones sociales en una reforma. En tanto esto suceda, se deben ir pactando modernas formas de implementar los actuales derechos que por delegación ejerce el poder central, demasiado central, en lo financiero, lo tributario, principalmente y en el trazado de planes nacionales de infraestructura, para lo que bien se podrían tomar en cuenta las actas de concertación del tercer gobierno de Juan D. Perón.

Propongo que constituyamos un partido. Un partido sin organización ni jefes, ni candidatos, sólo de adherentes y con fecha de vencimiento. Tendrá vigencia hasta que se firme el documento final de lo que va a ser el nuevo pacto federal del siglo XXI.

El autor es diputado nacional (MC) y ex gobernador fueguino.

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