Además, debe considerarse que la suba de precios de productos primarios y manufacturas agropecuarias aportó US$ 59.000 millones al valor total de exportaciones entre 2007 y lo que va de 2011.
La favorable dinámica de los términos de intercambio ayudó a sostener la principal fuente de divisas en los últimos años. Si los precios de las exportaciones e importaciones se hubiesen mantenido en los niveles de 2006, en el período 2007-2011 se habría acumulado un excedente externo de apenas US$ 16.700 M en lugar de los US$ 60.500 M registrados.
Dado que no se espera que los precios registren una caída mucho mayor –por el elevado crecimiento de China y la mayor liquidez internacional– ni un fuerte repunte en 2012, el desempeño del comercio exterior se regirá más por la dinámica de las cantidades. En los últimos años las importaciones, medidas en volumen físico, fueron mucho más dinámicas que las exportaciones.
Para sortear la restricción externa y las tensiones cambiarias el Gobierno tendrá que contrarrestar el deterioro del saldo comercial y/o compensar la menor disponibilidad de divisas comerciales con un superávit de Cuenta Capital (CK).
Para que la actividad siga pujante en 2012 será clave aumentar la oferta neta de divisas. Esto puede llevarse a cabo por el lado comercial (mediante la depreciación del tipo de cambio real), o por el canal financiero (consiguiendo financiamiento externo y/o frenando la fuga de capitales).
La mejor opción para aumentar la disponibilidad de dólares pasa por atacar las causas del deterioro del saldo de la Cuenta Corriente y la CK que tienen un rasgo en común: la inconsistencia entre el ritmo de suba de los precios y el deslizamiento del tipo de cambio nominal.
Ello requiere un conjunto de políticas consistente que ataque los desequilibrios económicos acumulados y no medidas puntuales que sólo son efectivas en el corto plazo, pues no ayudan a revertir estructuralmente las expectativas de devaluación de los agentes o a generar confianza en el Peso.
Incluso, frenar las compras externas para apuntalar el saldo comercial es muy costoso en términos de crecimiento dado que al menos 70% de las importaciones se dirigen al sistema productivo.
En 2012 los términos de intercambio no ayudarán
Las turbulencias derivadas de la crisis internacional, con epicentro en la Zona del Euro, provocaron en los últimos meses un fuerte ajuste en los precios de los activos financieros. Por caso, los principales índices bursátiles acumulan fuertes caídas, en especial los de la Unión Europea.
Las cotizaciones de las commodities no estuvieron exentas y también sufrieron un importante recorte. En efecto, el precio del maíz perdió US$ 79 frente al pico de junio (US$ 310), mientras que la cotización del trigo disminuyó US$ 114 por debajo del nivel máximo alcanzado en febrero (US$ 326). La soja, en tanto, acusa una baja de US$ 125 (-24%) en relación a los US$ 532 de agosto. En este marco, los recientes datos de menor actividad en China aportaron mayor incertidumbre a futuro, teniendo en cuenta su relevancia en estos mercados.
La baja en las cotizaciones de las commodities agrícolas dista de ser un dato menor dada la creciente importancia de estos productos y sus derivados en las exportaciones de nuestro país. En efecto, las ventas externas de los complejos de cereales y oleaginosas representaron 35% del total entre 2007 y 2011, por encima de la contribución de 2003-2006 (31%) o 2000-2002 (30%). En particular, 1 de cada 4 dólares exportados lo aporta el complejo sojero, cuando antes era 1 de cada 5.
La mayor participación de las commodities agropecuarias en el total exportado obedece, en buena medida, a la mejora de las cotizaciones de estos productos. De hecho, la suba de precios de productos primarios y manufacturas agropecuarias aportó US$ 59.000 millones desde 2007.
Este shock de precios (y de ingreso), que explica la mejora de los términos de intercambio (TDI) registrada en los últimos cinco años, evitó un mayor deterioro del superávit comercial. Si los precios de las exportaciones e importaciones se hubiesen mantenido en los niveles de 2006, en el período 2007-2011 se habría acumulado un excedente externo de apenas US$ 16.700 M en lugar de los US$ 60.500 M registrados. En otras palabras, la favorable dinámica de los TDI ayudó a sostener la principal fuente de divisas en los últimos años.
A pesar de la caída registrada en los últimos meses, los precios de las commodities son buenos en términos históricos; por ejemplo, la soja se ubica 87% por encima del promedio de 2006. Además, dicha reducción estaría acotada por diversos factores: (i) China continuará en la senda de crecimiento elevado, aunque a menor ritmo; y (ii) en el mundo, dada la dinámica de la crisis, la liquidez seguirá siendo abundante y las chances de inyecciones adicionales son elevadas. Sin embargo, debido a la incertidumbre y al magro crecimiento global, tampoco es probable que se recuperen fuertemente.
Así, el desempeño del comercio exterior se regirá más por la dinámica de las cantidades que por la de los precios dado que, en el mejor de los casos, no habrá un nuevo salto en los términos de intercambio en 2012.
Debe considerarse que en los últimos años las importaciones, medidas en volumen físico, fueron mucho más dinámicas que las exportaciones. Entre 2007 y 2011 las cantidades importadas crecieron a un ritmo tres veces superior al de las exportadas (9,6% vs. 2,9% anual). Esta brecha resulta menor que la observada en el período 2003-2006 pero similar a la observada entre 1996 y 1998 (13% vs. 19% anual). En la actualidad, las importaciones a precios constantes, medidas como porcentaje del PBI, superan 15%, el máximo de la serie.
En este contexto, para sortear la restricción externa y las tensiones cambiarias el Gobierno tendrá que contrarrestar el deterioro del saldo comercial –camino no exento de costos en términos de actividad– y/o compensar la menor disponibilidad de divisas comerciales con un superávit de Cuenta Capital (CK). Así, la reducción de la fuga de capitales cobra una importancia aún mayor.
Escasez de dólares y nivel de actividad
La creciente tensión cambiaria y la fuerte caída de reservas durante la segunda mitad de 2011 –en cuatro meses el stock cayó más de 10%– muestran que la restricción externa amenaza, una vez más, la expansión de la economía argentina.
Para que la actividad siga pujante en 2012, será clave aumentar la oferta neta de divisas en la economía. Esto implica aumentar el saldo comercial de bienes y servicios –Cuenta Corriente (CC)– y/o el excedente de la Cuenta Capital (CK). Este año el resultado de la CC será prácticamente nulo y la CK claramente deficitaria tanto por el egreso de divisas por parte del Sector Público (pago de deuda sin mayores colocaciones), como por el Sector Privado (fuerte dolarización de activos).
A grandes rasgos, la escasez de divisas se puede distender por el lado comercial (mediante la depreciación del tipo de cambio real para acelerar la expansión de las exportaciones y generar sustitución de importaciones), ó por el canal financiero (consiguiendo financiamiento externo y/o revertiendo la dolarización interna).
La primera opción es compleja de implementar pues sin un plan económico consistente, la depreciación del tipo de cambio nominal puede acelerar la elevada inflación, licuando rápidamente la mejoría de la competitividad externa.
Asimismo, la salida a los mercados de capitales a tasas bajas requiere cumplir ciertos requisitos que no han sido implementados por el Ejecutivo en los últimos años (acuerdo con el Club de París, revisión del FMI, etc.). Además, es arriesgado depender de los mercados financieros en un mundo cada vez más complejo, volátil e incierto.
Dado que no se vislumbra una mejora de los TDI, la mejor opción para aumentar la disponibilidad de dólares pasa por atacar las causas del deterioro del saldo de la CC y CK que tienen un rasgo en común: la inconsistencia entre el ritmo de suba de los precios y el deslizamiento del tipo de cambio nominal.
Utilizar el tipo de cambio como ancla nominal en una economía con elevada inflación no sólo explica el deterioro del saldo de la CC (mayor dinamismo de las importaciones sobre las exportaciones) sino que ayuda a entender la aceleración de la fuga de capitales: la mayoría de los agentes piensa que el dólar está barato.
En la medida que el Gobierno acote el ritmo de expansión de precios y salarios y acelere marginalmente la depreciación del Peso, se puede lograr la convergencia de las principales variables nominales de la economía.
Para lograr esto se requiere una política fiscal menos expansiva (el Ejecutivo avanzó en este sentido con el recorte de subsidios), un menor ritmo de incremento en los agregados monetarios y tasas de interés que incentiven el ahorro en pesos, y coordinar a la baja paritarias y expectativas de inflación.
Adicionalmente es deseable que el Sector Público refinancie vencimientos de deuda para no presionar sobre el stock de reservas del Banco Central, y que se den incentivos al ahorro o la inversión interna. Vale destacar que un conjunto de políticas que ataque los desequilibrios acumulados es clave para hundir capital en el largo plazo.
Incluso con un conjunto de políticas consistente será difícil apuntalar la oferta neta de dólares en un contexto de menores precios para nuestras exportaciones y una creciente incertidumbre financiera global. Pese a ello, es preferible transitar ese camino que emprender atajos que no garantizan llegar a buen puerto.
Las trabas a la compra de divisas provocaron una fuerte salida de depósitos en dólares, pérdida de reservas y un salto en la cotización del dólar paralelo. Este tipo de medidas, como los controles de precios, sólo son efectivas en el corto plazo y terminan generando shocks abruptos pues no ayudan a revertir las expectativas de devaluación de los agentes o a generar confianza en el Peso.
Asimismo, frenar las compras externas para apuntalar el saldo comercial es muy costoso en términos de crecimiento ya que la sustitución de importaciones no se logra de un día para el otro y menos en un proceso de apreciación cambiaria. Actualmente, los bienes de consumo sólo representan 18% de las compras externas, el resto son insumos claves para el proceso productivos (combustibles, bienes intermedios y de capital).
En síntesis, apuntalar la escasez de divisas para sostener el crecimiento requiere sintonía fina, entendida como un plan consistente que articule las diversas aristas de política económica en pos de balancear la macroeconomía argentina.
Fuente: Ecolatina.
