Las mujeres, con más conquistas en el trabajo que en su casa

Lo reveló un estudio del Ministerio de Trabajo. Se encuestó a mujeres que ocupan puestos de dirección y se detectó que sólo 1 de cada 10 hombres se encarga de las tareas vinculadas a la comida o la limpieza.

Las conquistas laborales por parte de la mujer están en marcha desde hace años y son, a la luz de cifras, inobjetables: desde 1990 la tasa de actividad femenina creció, según el INDEC, un 31,7% y hoy casi la mitad del PBI proviene de sus manos. Pero mientras las argentinas avanzan y se vuelcan masivamente al mercado del trabajo, hay otro movimiento que no termina de gestarse, que está pendiente: la redistribución de las responsabilidades hogareñas y familiares hacia modalidades más compartidas, que permitan una mayor equidad en el acceso y el aprovechamiento de las oportunidades laborales que la mujer se ganó en los últimos años.

Es una de las conclusiones que podrían derivarse de un trabajo realizado entre abril y setiembre de 2005 por la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres del Ministerio de Trabajo. La investigación estudió las características que asume la vida pública y privada (doméstica) de 112 mujeres que ocupan puestos de decisión (en los sectores gubernamental, sindical y empresario), en aspectos vinculados al cargo que desempeñan y a la distribución de responsabilidades familiares.

El objetivo: alumbrar los mecanismos socioculturales y los modos de organización al interior del hogar que limitan el desarrollo igualitario entre hombres y mujeres en el mundo laboral. «Encontramos que las mujeres lograron más conquistas en el trabajo que en su propia casa. El reparto de los roles y las responsabilidades familiares sigue siendo muy desigual: la democracia al hogar no llegó. En el seno familiar el patriarcado y la subordinación al varón son aún fuertes», comentó a Clarín Olga Hammar, presidenta de la Comisión.

Los resultados son contundentes. El informe arrojó que sólo el 7% de los hombres se hace cargo de las actividades vinculadas a la alimentación (compra de alimentos, cocina, lavado de la vajilla) y que apenas de 3 de cada 10 comparten esas tareas con su mujer, que es quien asume la mayor (50%) responsabilidad sobre el tema. Y la situación se repite en lo que hace al cuidado de la casa: sólo el 10% de los varones limpia, plancha o saca la basura, tareas que, a su vez, apenas comparten el 20% de las parejas.

El panorama no difiere en lo que hace a la crianza de los hijos (el 84% de las consultadas eran madres): son las mujeres las que, en mayor medida, revisan los cuadernos de los hijos o los llevan al médico. La única actividad mejor distribuida entre ambos padres fue el llevar a los hijos al colegio, una responsabilidad compartida en el 23% de los casos. También se observó una mayor equidad en otras rutinas hogareñas: en casi la mitad de la familias ambos pagan los impuestos y hacen trámites bancarios, tareas que antes resolvía mayormente el varón.

«La desigualdad en la división intrafamiliar de las tareas domésticas se verifica aún en las parejas jóvenes, porque las mujeres todavía no tienen claro cuál es su rol —dice Hammar—. A veces, nosotras mismas lo alentamos, porque hay lugares históricos (espacios de poder en el hogar) que la mujer se resiste a perder. El problema es que esto se convierte en un boomerang, porque esa demanda tan grande limita a la mujer en el mundo público».

Para la presidenta del Consejo Nacional de la Mujer, que participó de la investigación, «este informe expresa las problemáticas de la mujer actual. Aunque es una muestra sesgada, es representativa: la responsabilidad de la familia recae sobre la mujer en todos los sectores», asegura Lucila «Pimpi» Colombo. «Este rol tiene un doble impacto en el mundo laboral. Tiene consecuencias negativas, porque la limita, pero también positivas: la mujer lleva al trabajo una mirada más integral. Yo creo que los hijos deberían figurar en el currículum, porque criar y organizar el hogar suponen el dominio de un montón de habilidades», agrega.

Colombo sostiene que lo más difícil de remontar es que «es un problema que se resuelve de una manera individual: el desarrollo laboral de la mujer y la mejor o peor conciliación de su actividad con su vida personal depende de su capacidad de negociación con su pareja, de su posibilidad de pagar ayuda o de recurrir a un familiar que la sostenga. La sociedad y el mundo laboral no considera al hombre un elemento estratégico del funcionamiento hogareño y familiar —subraya—. Hay que desnaturalizar que es sólo la mujer quien se ocupa de esas cosas e impulsar cambios de la puerta del hogar hacia adentro. El varón debe ser co-responsable, y no en respuesta al reclamo femenino sino desde la asunción y el disfrute de nuevos roles».

El resultado del informe es contundente: hay cualidades adjudicadas a los distintos géneros que, incorporadas al inconsciente colectivo y a las prácticas cotidianas, terminan obstaculizando el desarrollo de las mujeres en el mundo laboral. Para colmo, la cultura que enmarca el mundo laboral no ayuda. «Las empresas y las organizaciones sindicales tienen una visión absolutamente machista. Ven a la mujer como la responsable excluyente del hogar y no facilitan que el hombre asuma una mayor responsabilidad», sentencia Hammar.

Ni hablar de las leyes. Hace más de dos años, por ejemplo, la extensión de la licencia por paternidad de dos a quince días espera el sí en Diputados.

Diario Clarin

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