La tasa de desempleo bajó en 12 meses al 10,1 por ciento

Hay 1.087.000 personas sin trabajo; el indicador sube a 12,7% al excluir los planes sociales. El fuerte crecimiento de la economía consiguió hacer bajar el desempleo, en 12 meses, en dos puntos porcentuales. Según informó ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la tasa de desocupación alcanzó, durante el último trimestre del año pasado, al 10,1% de la población conómicamente activa. Dicho en números: la Argentina tiene oficialmente 1.087.000 personas sin empleo.

La tasa es algo más alta si no se considera ocupados a quienes reciben el subsidio del plan Jefas y Jefes de Hogar. Si se hiciera el ejercicio de suponer que todos estos beneficiarios fueran en realidad desocupados, que estuvieran buscando trabajo y no percibieran el subsidio, el desempleo sería, en realidad, del 12,7 por ciento.

«La economía está creciendo al 9 por ciento, es difícil que esto no arrastre una expansión del empleo», explicó Luis Beccaria, investigador docente de la Universidad de General Sarmiento. Algunas ramas de la industria y, sobre todo, la construcción encabezan la recuperación.

¿Como en Europa?

Análisis escritos que circulaban ayer por el Palacio de Hacienda hablaban de la tasa «más baja de los últimos 12 años». La estadística le permite entonces al presidente Néstor Kirchner acercarse a su promesa de bajar el desempleo a un dígito, con indicadores similares a los del primer mundo: la Unión Europea tiene, por ejemplo, un 10% de desocupación por país en promedio.

La euforia numérica puede, no obstante, encontrar reparos. ¿Venezuela, con una pobreza que abarca casi las tres cuartas partes de la población y un desempleo del 12,9%, es equiparable a Alemania, cuya tasa se anunció ayer en 12,2%?

La primera explicación que hacen los economistas es la siguiente: en general, los países subdesarrollados suelen tener tasas de desempleo relativamente moderadas, pero también condiciones laborales muy precarias. En cualquiera de estas naciones, un desocupado estructural opta por convertirse en limpiavidrios o cuidador de autos, y esto lo excluye automáticamente del universo de desempleados oficiales. «El pobre no se puede dar el lujo de no trabajar», recuerda Beccaria.

En Europa, en cambio, ese mismo individuo tiene una posibilidad más ventajosa: recurrir a un subsidio estatal que puede incluir, según los casos, jubilación anticipada. Estos desocupados, por lo tanto, siguen sin trabajo para las estadísticas.

Lo decisivo, entonces, son las condiciones laborales. Osvaldo Giordano, presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), recuerda que el trabajo en negro en el sector privado se ubica aquí en el 50% y que el promedio salarial de esos trabajadores es de 400 pesos, mientras el mínimo legal alcanza a 610 pesos.

Mariana González, analista del Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino, coincide: «Es verdad que desde que empezó la recuperación económica hubo un crecimiento del empleo impresionante, pero no se resolvió la calidad del empleo. Los salarios son menores que los de años atrás», dijo a la agencia Reuters.

Con todo, el mercado laboral está en niveles significativamente mejores que durante el segundo trimestre de 2002, cuando el desempleo alcanzó el 24,1%, el récord histórico. Y mientras la tasa de actividad -la gente que trabaja o busca ocupación- se mantuvo igual en 12 meses, la de empleo se recuperó del 40,4 al 41,3%. Los subocupados, en tanto, que eran el 14,3% hace un año, quedaron ahora en 11,9 por ciento.

Un estudio de la consultora Estrategia & Gestión, elaborado por el economista Carlos Gaspar, valora el repunte, pero indica que el gran escollo para la reinserción laboral es aquí la baja educación. Según este análisis, durante los primeros nueve meses de 2005 tres cuartas partes de los desocupados tenían, como nivel de estudio máximo, el colegio secundario.

Giordano afirma que la recuperación del empleo es una muy buena noticia, pero advierte que la Argentina deberá seguir creciendo muy fuerte para subirlo más, porque lo que queda es el núcleo más duro del problema. «Crecemos a tasas asiáticas desde hace tres años, pero seguimos con un 10 por ciento de desempleo y el trabajo en negro bajó muy poco, apenas cuatro puntos en un año.» La razón de esta tendencia es que la elasticidad empleo-producto está cayendo en la Argentina y se aproxima, después de la crisis, a niveles más acordes con el resto del mundo. Este indicador explica cuántos puestos de trabajo se generan por cada punto que crece el PBI.

En los primeros tres años después de la devaluación, razona Beccaria, la enorme capacidad ociosa que tenía la industria facilitó a los empresarios la posibilidad de tomar personal sin invertir, y eso creó una alta elasticidad. Ahora, con la oferta saturada, las cosas son distintas, aunque se ganó en productividad. Según cifras oficiales, la elasticidad se ubica en 0,4% con los planes de empleo (se crean 0,4% ocupados por cada punto del PBI). Si se excluyen estos subsidios, es de 0,6 por ciento.

Por Francisco Olivera
De la Redacción de LA NACION

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/784865

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