La cara de la destruccion economica Argentina

Su política, indispensable para la “Doctrina de Seguridad Nacional” –la muerte, sin eufemismos- que impusieron los Estados Unidos, como parte de la “Doctrina de Seguridad Continental”, tiene hoy la máscara del 2002

por Cristina Castello 4/2/02
Periodismo Sin Máscara (Argentina)
Martínez de Hoz-Remes Lenicov-Duhalde: MÁSCARAS
Sentí el mismo horror. Gélido.
Cuando lo vi.
A Jorge Remis Lenicov, por televisión.
A José Alfredo Martínez de Hoz, personalmente.
Por eso hoy, esta nota que hice hace casi veinte años
Y está debajo de esta palabra escrita.
De mi ser escrito todo por el dolor todo
de los argentinos todos.
No vi caras. Vi máscaras.
Ayer. Y hoy.
Máscaras petrificadas de horror.
De impiedad.
De mentiras, armadas como verdades hechas.
Martínez de Hoz.
Su política, indispensable para la «Doctrina de Seguridad Nacional»
Para la muerte de seres humanos
Sin eufemismos.
La muerte que impusieron los Estados Unidos, como parte de la «Doctrina de Seguridad Continental».
Y Remes Lenicov. O Eduardo Duhalde.
Es lo mismo. Son lo mismo.
Máscaras.
De ocultación.
«Raza de los que funden los huesos del pueblo con la mentira y el engaño» , escribió William Yeats.
Estas máscaras versión 2002.
Estas máscaras y el intento del Norte Imperial
para el «Plan de Militarización».
Para Argentina y América del Sur.
Que el pueblo resista.
Por Dios.
Con Resistencia Espiritual.
Con Resistencia Civil.
Que las personas defiendan
la Constitución.
La Juridicidad.
Los derechos humanos.
Que comer, leer, soñar, amar
también son derechos humanos.
Que no seamos una multitud.
Que seamos un Pueblo.
Con lazos de fraternidad.
Con un proyecto de Vida.
De Vida para Todos.
En libertad.
Y con ramilletes de estrellas
para dibujar el Cielo.

Cristina Castello
Periodista.
Buenos Aires, Argentina. Hoy: 03 de febrero de 2002. Hora 22.37

Ahora un viaje al ayer que no es recuerdo.

Al ayer que es hoy, en vivencia dolorosa.
Y no olvido a Carlos Menem ni a sus secuaces.
Ni a Cavallo, ni a De la Rua.
Ni a los «periodistas» a sueldo de este
RÉGIMEN.
Ni a los «medios» que tienen más para ocultar
que para cumplir su misión.
Ellos no saben de misiones.
El bien común les es ajeno.
Así es que los dejo para una nota inmediata.
Otra.
En mi mundo donde la poesía es luz,
donde el arte espera en cada recodo de mi «adentro».
Y en los ojos sin esperanza y con ganas de tener ganas
de tantos argentinos,
sería demasiado insalubre hablar
al mismo tiempo de tantas
Máscaras.

José Alfredo Martínez de Hoz

“Videla es un patriota”

Una entrevista de Cristina Castello

(Nótese que esta entrevista tiene fecha 29 de diciembre de 1983. Si no, no podrá leerse correctamente)
Según el ex-ministro de economía, Jorge Rafael Videla -quien mató tantas vidas- es un ejemplo a seguir.
Y sus expresiones no son caprichosas.
Su política en materia de economía, fue el andamiaje que necesitaban los dictadores para el terror.
Como hoy la política del doctor Bernardo Grinspun parece serlo para lo contrario: para el juicio a los responsables de la muerte.
Para el Para el Juicio a los Comandantes de la tiranía del 76-83.
De los monstruos capaz de torturas, represión y muerte desde el terrorismo de Estado y con la suma de Poder,
Ojalá un día, este país de memoria flaca recuerde los dos casos.
Y que quede claro: no soy radical, no soy peronista.
Jamás pertenecí a un partido político.
Pero que quede claro que tengo ideología
en el sentido de sistema de ideas,
De Valores.
Si mañana Grinspun da un paso en falso lo diré.
Si hoy, mañana, siempre -quiera Dios, siga yo con la Gracia (es un regalo, no un mérito) de estar siempre del mismo lado de la vida – cualquiera vulnera a un solo ser humano, lo diré.
Y si no, que nadie nunca nadie me perdone una incoherencia.
Lucho por la transparencia.
Por la de todos.
Y por la mía.

Ojalá que este país sin memoria, lo cual -por omisión- significa complicidad, tome conciencia del papel que le cabe en esta recién iniciada Democracia.

Hoy la mayoría hace responsable a Martínez de Hoz del caos económico del país.
Hoy, recién hoy.
A contrapelo de esa opinión él asegura que mejoró la dignidad del hombre y de los desposeídos.

Nuestro diálogo en su departamento fue gélido.
Ni falta hace entonces, mi estilo habitual de contar sensaciones, silencios o emociones del entrevistado.
Con Martínez de Hoz frente a frente aunque no mira a los ojos, afuera es diciembre.
Verano en estas tierras.
Y adentro, en su departamento del Edificio Kavanagh,
invierno impiadoso.

Cuando me acompañó hasta el ascensor, le pregunté:
– Doctor, qué sentía usted cuando sabía que ponían muy fuerte la radio, para que no se escucharan los gritos de los pobrecitos torturados.
( El ministro de economía del genocidio en Argentina bajó la cabeza).
Doctor, pusieron ratas en las vaginas de muchas mujeres y las «cosieron»; nuestros mares y ríos albergan cadáveres de niños y adultos.
Y.
(Martínez de Hoz bajó más la cabeza).
– Doctor: ¿Qué es respeto a la sacralidad de la vida?
– Tiene el ascensor, señorita….
Abrió la puerta y respiró aliviado con mi partida.

“Los militares tomaron el poder para salvar al país”

– ¿Cuál es su balance del proceso?

-Mire, las Fuerzas Armadas intervinieron en marzo del ’76, para restablecer un sistema jurídico-político-democrático: para combatir el terrorismo y para lograr un orden económico. El balance más importante que puede hacerse entonces, es a partir de analizar si el país cambió o no.

-Cambió. La muerte se llevó adultos, ancianos, niños y bebés por nacer….

– (Ignora mi pregunta) Creo que el 30 de octubre del 83 -con la elección que hubo (Alfonsín-Luder) – no hubiera sido posible sin el 24 de marzo del ’76. A fines del ’75 y comienzos del ’76 era evidente el caos en lo político, en lo económico y en lo social, y el alto grado de terrorismo que había. Ante ese estado de cosas, los militares fueron requeridos insistentemente por muchos civiles…incluso por algunos que hoy se proclaman muy democráticos.

-¿Cómo quiénes?

-No creo oportuno decirlo en este momento, sólo quise señalar que se presionó a los militares para que pusieran fin al caos. Recuerde usted que incluso el gran jefe del partido radical, el doctor Balbín dijo que él no tenía soluciones… yo creo que las Fuerzas Armadas no tomaron el poder, sino que lo recogieron.

– Es verdad, el pueblo -sin lucidez- pedía el golpe de Estado. Y lo pedían los mismos peronistas y políticos en general…

– Sí, nosotros fuimos apoyados por ellos.
-Usted dijo una vez que Massera, Agosti y Videla lo citaron a un departamento del primero de ellos, en Avenida Libertador; que entonces le pidieron un programa económico por si derrocaban al gobierno de la señora de Perón y…

-Sí, ya para entonces las Fuerzas Armadas sabían que era inevitable que tomaran o recogieran el poder.

-…Y agregó que aquella reunión fue a las 02. 31, de un viernes. ¿De qué mes y año…cuándo empezó a gestarse el golpe?

-Era marzo del ’76, sobre las vísperas del 24. Fíjese… yo después les he preguntado por qué no dejaron que siguiera el caos para dar -después- una solución más sólida. La respuesta fue que el alto grado de terrorismo que había era un motivo real de preocupación social.

-¿Por qué no apoyaron al gobierno constitucional, en lugar de tomar el Poder?

-Bueno… ya estaban haciendo eso, pero paralelamente había una gran descomposición en la estructura político-social. Entonces, una vez agotada la instancia política, los militares asumieron el poder, para salvar el país… No olvide que las Fuerzas Armadas fueron consideradas tradicionalmente, en la Argentina, como guardianes del orden en última instancia.

-¿Y cuál es su balance de la política económica de estos casi ocho años de muerte y destrucción?

– (Gélido, no acusa recibo) Entre el ’76 y el ’80 la parte económica se desarrolló de una forma congruente y hay muchas cifras que así lo demuestran. Pero después del ’81 hubo tres presidentes y cuatro ministros de economía que sucedieron al gobierno. Todos ellos, salvo uno, declararon que sus propósitos eran seguir una política económica totalmente diferente de la nuestra.

La Argentina de Martínez de Hoz.
La Argentina de los argentinos

-¿Desde el punto de vista de la economía hubo procesos dentro del proceso?

-Sí, porque faltó la continuidad necesaria para que el ciclo se completara.

– Dios nos libre…

– Quiero decir que con el cambio de autoridades se hizo lo contrario de cuanto se había prometido y así se generó un proceso de desconfianza en el pueblo; después, a partir de ’81, se desataron situaciones graves de recesión, de baja de salarios reales…

– Pero su política económica destruyó el aparato productivo del país…

-Ese es un slogan que se ha hecho. A través de una encuesta que encargó hace poco la Unión Industrial Argentina, surge muy claro que en el período ’76-’80 la inversión industrial aumentó un 19 por ciento con respecto al quinquenio anterior, y que declinó fuertemente a partir del ’81.

– Parecería que durante su gestión hubo dos países: uno, el suyo, floreciente partir de cifras. Y otro, el real: el del desempleo, del hambre, del miedo, de la imposibilidad de soñar.

-Yo coincido con usted en que hay que ver si las cifras coinciden con la realidad. Pero también hay que ver si esta coincide con la proclamación vocinglera que de ella se hace.

-No hablo de proclamaciones sino de realidades.

-Mire, en los años ’80 habíamos llegado al nivel más alto que alcanzó la Argentina en los tiempos modernos en materia de salario real y…

-¿En el salario real de quién…en el suyo?

– En el de toda la población. Recuerde usted lo que podía comprar con su sueldo en el año ’80… Porque el salario fue aumentando su capacidad adquisitiva en términos reales de moneda constante y alcanzó en el ’79 y en el ’80 su máximo nivel. Por otra parte, entre el ’79 y el ’80 la tasa de desocupación fue del 2 por ciento, es decir plena ocupación. Por todos lados había carteles que decían: «Se piden tal cosa…», y no se requería trabajo, sino trabajadores.

– Doctor: lo que usted dice es un atropello a la vida humana.

-No. Yo sé que después aumentó la desocupación pero no en aquel momento. Creo que hay que tomar las cosas en su aspecto global y…

-Doctor, ninguna propuesta económica es válida si no se toma como punto de partida al hombre y su dignidad personal.

-Sí, para eso estuvimos nosotros. Y atendimos y mejoramos la dignidad del hombre.

– Pero si la economía debería ser una ciencia social y la suya fue elitista….

-¡Todo lo contrario! Nosotros ofrecimos un mayor número de trabajo mejor remunerado, realizamos nuestra política en un clima de libertad y…

-¿De libertad?

-Sí, en un clima de libertad y de competencia. Establecimos reglas objetivas de juego, para que la gente progresara de acuerdo al esfuerzo propio; favorecimos el interés general de la sociedad y apuntamos al mejoramiento de la calidad de vida de los pobres. Durante nuestra gestión, propiciamos un equipamiento en la medicina particular, en los hospitales y sanatorios del país, e incorporamos desde elementos simples hasta los aparatos más sofisticados para tomografías computadas. ¿Eso es ser elitista?

-¿Recuerda cuando decían que usted era Robin Hood… pero al revés?

-Sí… eso se dijo al principio, cuando todavía no eran evidentes los alcances del plan; cuando se veía que controlábamos la espiral salarial, mientras liberábamos los precios. No obstante, después se demostró la eficacia de esa política.

– ¿La eficacia para matar personas, sueños, vidas?

– Eso corre por su cuenta.

– Doctor: durante la dictadura sólo se criticaba su política, para dar la imagen de una libertad de prensa que no existía. Pero usted estuvo de acuerdo….

-En materia de economía siempre hubo libertad de prensa. Por otra parte, creo que durante el proceso se elevó el nivel de vida y de pensamiento en la Argentina. Hasta entonces habíamos vivido aislados del resto del mundo, pero entre el ’76 y el ’80 la gente pudo viajar y conocer otros países.

-No sé a qué llama usted «nivel de vida» mientras se asesinaban personas. Además, ¿quienes viajaron y con qué costo para el país?

-Viajó la gente modesta, gente que después me paró en la calle para decirme que gracias a mí y a mi política había podido hacerlo. Yo quiero un país abierto y tengo una mentalidad abierta a la civilización y la cultura.

«El general Videla es un gran patriota, tiene gran moral»

– ¿Por qué se somete a esta entrevista?

-Porque creo que es importante cambiar opiniones y dar explicaciones sobre circunstancias. Que no todos conocen.

– ¿Si alguien tiene la conciencia en paz tiene que dar explicaciones, sin negativa alguna?

-Claro…

– No es el caso de Jorge Rafael Videla, quien no recibe al periodismo a pesar de tantas muertes en su haber…

-¡No! ¡No! La actitud de Videla en este momento es de una gran discreción y tendría que ser alabada.

– ¡Claro¡ Organizó acá un mundial de fútbol, sospechado de «vendido». En arreglo con el Norte tuvimos hasta una Mis Universo argentina. Y decía «somos derechos y humanos». Pero sembraba la muerte…

-No, no, permítame que discrepe con usted. Yo he leído muchos comentarios -no sólo del aspecto económico- referidos al gobierno de Videla y todos fueron respetados.

– Su opinión sobre el enjuiciamiento a los miembros de las tres primeras juntas militares del proceso…..

-Yo le anticipé que de ese tema no quiero hablar. Y no hablaré.

– Defina a Videla por favor.

– El General Videla es un gran patriota, tiene una gran altura moral, es íntegro en sus procederes y posee un gran equilibrio.

– ¿»Patriota» un hombre durante cuyo gobierno desaparecieron 30.000 personas, hubo torturas y detenidos (en condiciones infrahumanas) sin proceso ni causa?

– Mire, ya le dije que no quiero entrar en estos temas porque serán debatidos en otros ámbitos. Sólo agregaré que no seamos desmemoriados y recordemos cómo empezó esta situación en la Argentina. Todo nació cuando se quitaron los instrumentos legales para la represión de las actividades ilícitas, como el terrorismo: luego, en el ’73, los terroristas fueron amnistiados y volvieron a sus andanzas. Así fue que durante mucho tiempo los pobladores, desde los más modestos hasta los más encumbrados, sufrieron los embates de la subversión , con muertos, heridos y desaparecidos.

– Detesto toda violencia. Pero el terrorismo de Estado a nada puede compararse. Por favor, deme una sola razón que justifique un genocidio. Claro, si hablamos entre seres humanos…

-Mire… yo tuve a un subsecretario de trabajo muerto: Miguel Padilla; y recuerde también los casos de los doctores Klein y Alemann, quienes se salvaron por milagro y la muerte del padre del doctor Soldati, y…

-Insisto en la pregunta anterior.

-Le quiero decir -y no deseo seguir hablando del tema- que hay veces en que un país empieza a sentir un embate muy fuerte y difícil de controlar, y que es entonces cuando la autoridad de gobierno -en defensa del orden social establecido- protege la vida y los derechos humanos. Fue lo que pasó: se protegió la vida de los veintiocho millones de argentinos, contra una minoría que los puso en jaque.

– ¿Usted justifica que un hombre mate a otro?

-Bueno… cuando los ciudadanos de un país son atacados por el terrorismo, hay algo que se llama defensa propia.

-¿Usted dice «desaparecer» personas con el argumento de la «defensa propia»?

-Yo no quiero entrar en detalles.

– ¿Detalles?

– Sí, no puede estar en un plano de igualdad el terrorismo que mata gente inocente y el gobierno que lo reprimió en defensa del orden y de la vida de la población. Después, puede haber una larga discusión sobre la forma de la represión… pero yo ahí no quiero entrar.

-¿Por qué?

-Porque no me corresponde.

-Pido su mirada como ciudadano….

-Yo le dije que mi entrevista de hoy era para otras cosas y así lo convinimos. Además, este tema va a ser resuelto en la jurisdicción que corresponde, de acuerdo lo ha dispuesto este gobierno.

– A ver, cuénteme de los derechos humanos…

-Ya le dije cuál es mi opinión… ¿quiénes comenzaron a atacar los derechos humanos y la vida?

-Doctor… ya le dije, cuando la represión se ejerce desde el Estado, sin apelar a la justicia, con la suma del poder y…

-Bueno… hay que ver si fueron inocentes. Claro… pueden haberse producido excesos…

– No se puede hablar de «excesos» cuando está en juego…¡la vida¡

– Pero… usted está tratando de arrastrarme a esta situación y yo le he dicho de entrada que no quiero hablar de esto.

– Recuerdo la imagen de Videla por televisión, cuando comulgaba

– Y me parece muy bien, pero no quiero entrar en esta discusión, a la cual usted me quiere arrastrar. Perdóneme, pero esto se termina.

«La libertad, el amor
y el lugar en el cielo para Videla»

-¿Votó, doctor?

-Sí.

-¿Por quién?

-El voto es secreto, ¿no le contaron?

– Había dicho que votaría por el partido con el cual se sintiera representado…¿lo encontró?

– Ciertamente en la última elección no lo había. Pero creo que la gente votó por algo nuevo… y la única cara y el único estilo nuevos fueron los del doctor Alfonsín. Por eso le decía que los años del proceso no pasaron en vano.

– Ciertamente: hay madres que no recuperarán a sus hijos, niños que crecen con los asesinos de sus padres y…

– Bueno, pero es que también hay errores de los argentinos. Y tres fundamentales. Uno es el excesivo dogmatismo ajeno a la realidad, que hace que los dogmas sean inaplicables. Como el suyo…

– Si defender la vida, la vida de todos, es ser dogmático, Cristo lo fue…¡Gracias al Cielo¡

– Esa es su opinión. Lo segundo -quería decirle- es el facilismo; y el tercer punto es administrar la cosa pública con sentido de corto plazo. Yo espero que con esta elección se logre coherencia.

– Hoy se habla de «Unidad nacional»,¿ cree en ella?

– Yo creo que de la discusión fecunda nacen las buenas ideas… pero acá las discrepancias suelen transformarse en denuestos. En este país se lanzan insultos a los que no sostienen las mismas ideas y -para descalificar al adversario- se lo llama «vendepatria» o «antinacional».

– Y ustedes llamaban subversivo a todo quien no pensara como ustedes….

– Pero lo que yo quiero decir que hay gente que cree tener el monopolio del patriotismo, de la verdad y de la ética y eso es soberbia. Acá hay que partir de que cada uno de los argentinos merece respeto.

– ¿ Y cómo «respetaron» ustedes las vidas en campos de concentración?

-No quiero volver a ese tema.

-Doctor… ¿Qué es la libertad?

-Es la característica básica que Dios le ha dado al hombre. Sin libertad no hay vida, es el valor máximo que hay que defender.

– Curiosas palabras en su boca, ¿esa libertad hubo entre el ’76 y el ’83?

– Mucha más: los programas en lo político, en lo económico y en lo social estaban basados en la libertad.

– Mire, este parece un diálogo entre alguien que habla en sánscrito y otro en japonés ¿Qué opina del ministro Bernardo Grinspun?

– Le deseo el mejor de los éxitos.

-¿Qué piensa de los políticos que…?

-No quiero hacer juicios sobre ninguna persona.

– Está bien, ¿qué es el amor?

-Es un sentimiento primigenio que hace que una persona tenga como más importante que su propia persona a la del prójimo.

– ¿ Usted amó a su prójimo… el pueblo?

– Amo al pueblo.

– ¿Y que siente cuando ese pueblo lo abuchea y detesta?

– Mire, en la gente en la calle me manifiesta su solidaridad y simpatía y me recuerda cuanto mejor estábamos en aquella época. Además todos tenemos que aprender, porque los militares no actuaron nunca solos.

– Es en lo único en que coincido con usted, ¿cómo vive hoy?

– Trabajo en cosas familiares y en consultas de problemas legales o económicos. Pero…disculpe pero es hora de terminar esto.

– ¿Cuando usted muera irá al cielo o al infierno?

-El único que puede garantizar eso es Dios, pero uno hace lo posible por cumplir con El y con la sociedad.

– ¿Y Videla qué lugar tendrá en el «más allá»?

– Si yo estuviera en el lugar de Dios, conociendo a Videla como lo conozco, no dudaría en darle el cielo.

– Muchos se mudarían al cielo de enfrente…

– Usted está equivocada con Videla.

– No doctor. Hay personas que apuestan a la muerte y otras que apuesta a la muerte. Yo apuesto a la vida.

-Yo también….¿qué le hace dudarlo?

Publicada en la revista “La Semana” Buenos Aires – Argentina el 29-12-83

Cristina Castello

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