Cada ladrón tiene su despechada

Una esposa despechada fue clave para las detenciones. Un hombre, su amante y su hijo fueron atrapados con más de un millón de dólares. La pareja fue capturada en Avellaneda. Y el hijo, en el barrio de Flores. A los tres los acusan de haber entrado al banco. Otros dos fueron detenidos por encubrimiento. Ayer por la noche, finalmente, los investigadores retiraron el millón dólares de la casa de Portela 56.

Por Raúl Kollmann

Los investigadores de la Policía Bonaerense ya los tenían en la mira gracias a un trabajo sobre las llamadas telefónicas. Pero, como anticipó Página/12, una mujer, una despechada esposa de un allegado a la banda, terminó confirmando los datos de la pesquisa y aportó los elementos definitorios. De los ocho integrantes de la organización, cinco fueron detenidos. Según los investigadores, está probado que dos habrían participado del comando que entró armado al banco: Rubén Alberto de la Torre y Silvia María Liliana Fernández, pero anoche el fiscal Jorge Ariel Apolo, con la gente de Investigaciones de la Bonaerense, chequeaban con las imágenes del robo al banco si otro de los detenidos, el hijo de De la Torre, de nombre Gastón, había participado también del asalto. Otros dos fueron detenidos por encubrimiento. En el video está claro que De la Torre padre no es el jefe del comando (ver aparte), sino que se trata de otro sujeto, de traje gris y aspecto militar, que aún no pudo ser detenido. El hombre sindicado como máximo organizador del golpe no entró al banco, es extranjero y los investigadores no quieren revelar su nacionalidad. El rumor es que se trataría de un uruguayo. También se ratifican los datos de que participó al menos un ex miembro de la SIDE y se mantiene la versión de que intervino un policía o ex policía. Ayer se habían recuperado 938.000 dólares, euros y joyas, pero al anochecer, en una caja de seguridad del hijo de De la Torre, se encontraron otros 75.000 dólares.

Según aseguran los investigadores, la clave inicial estuvo en el análisis de las comunicaciones durante las horas que duró el robo. De un total de 25.000 llamadas que entraron por la antena –técnicamente se la llama celda– que correspondía a Acassuso, se descartaron las que correspondían a ciudadanos identificables, algo que se realizó con el software llamado VAIC II Telemétrico. Siempre según la versión oficial, el procedimiento permitió detectar los teléfonos celulares que usaba la banda y por esa vía se descubrieron algunos domicilios.

Cuando todo ese proceso estaba avanzado, apareció una testigo de identidad reservada, esposa de un allegado a la banda, que dio una versión de los hechos que confirmaba los datos que surgían de la investigación. La mujer exhibía un fuerte rencor porque su marido, después del asalto, abandonó el hogar, presuntamente para irse al exterior con otra mujer. El avance de la pesquisa se hizo entonces más veloz, ya que se detectaron dos domicilios en la Capital Federal usados por integrantes de la banda y, además, se identificó a ocho sospechosos, seis de los cuales habrían entrado al banco.

En acuerdo con el fiscal Apolo, los hombres de la Bonaerense no allanaron los domicilios porque resultaba engorroso dar el primer paso en Capital Federal, debido a que implicaba pedir las autorizaciones a algún juez porteño y darle demasiada participación a demasiada gente, con el peligro de que algo se filtrara a la banda. Finalmente, cuando De la Torre salió al Gran Buenos Aires, a Avellaneda, se lo abordó en la camioneta 4×4 Hyundai que conducía y que compró a 30.000 dólares para fugarse a Paraguay. Junto a él estaba su amante, Fernández, que, luego, según confirmó el fiscal Apolo, resultó ser la mujer que entró dos veces al banco, antes y durante el asalto. En el vehículo se encontraron casi 160.000 dólares. Una vez capturados De la Torre y Fernández se hizo el allanamiento en la calle Portela, en Flores, donde se encontró el grueso del dinero, mientras que las herramientas para hacer el túnel, varias armas y un total de 20 teléfonos celulares aparecieron en otros domicilios del Gran Buenos Aires. Para los investigadores estos celulares son de importancia porque en la memoria esperan encontrar datos que permitan nuevas identificaciones.

Está claro que hasta el momento no fueron detenidas las cabezas y los ejecutores mayores del robo. Las imágenes de video demuestran el papel importante, decisivo pero secundario, que jugaron los apresados ayer. Según los criminalistas consultados por este diario, el monto del botín encontrado hasta ahora –un millón de dólares– evidencia lo mismo. El ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian, evaluó ayer que del Banco Río se habrían llevado siete u ocho millones de dólares como mínimo, aunque hay cálculos que llevan esa cifra a 20 millones. El juez que estuvo a cargo del caso de los boqueteros del Banco de Crédito Argentino de Recoleta sostuvo que aquella vez se llevaron unos 25 millones de dólares, robados de 160 cajas de seguridad. Esta vez, las cajas abiertas fueron 145, de manera que la proporción apunta a los 20 millones en Acassuso, algo que nunca se sabrá ya que suele haber damnificados que tienen dinero en negro y no pueden declarar una cifra real de lo robado. Sea como fuere, a dos de los seis que entraron al banco –De la Torre padre y Fernández– se les encontró un millón de dólares, por lo que cobraron al menos 500.000 dólares cada uno, más lo que hayan gastado en el mes transcurrido desde el asalto y lo que podrían tener oculto en otro lado. Una cifra razonable –según los criminalistas– es que se llevaron unos 600.000 dólares por cabeza. Si se confirma que el hijo de De la Torre, Gastón –salió de prisión hace un año y estuvo preso por robo a mano armada– también participó del robo entrando al banco, la proporción baja todavía más y daría que estos sujetos, utilizados como mano de obra en el asalto mismo, cobraron unos 400.000 dólares cada uno. La convicción es que el grueso del dinero se lo llevaron otros, los jefes, que por ahora no fueron apresados. En el Ministerio de Seguridad bonaerense tienen claridad sobre esta situación y sostienen que, aunque varios protagonistas principales están en el exterior, en los próximos días se librarían las órdenes de captura. Según los investigadores, De la Torre es un delincuente común que ha pasado mucho tiempo preso. Nació el 24 de enero de 1954 y su debut en cárceles bonaerenses fue en Batán el 22 de febrero de 1991, por el delito de asociación ilícita y robos reiterados. En el ’93 pasó a una prisión federal y entre el ’96 y el 26 de enero de 2000 estuvo en Olmos, de donde salió por orden del juzgado número 1 de San Isidro, con un régimen de libertad asistida. Hasta anoche, a su cómplice y amante, Fernández, no se le habían encontrado antecedentes, pero según fuentes de la pesquisa ya confesó su participación en el asalto. Lo que redondearía la acusación en su contra era motivo de nuevos procedimientos a última hora: se buscan las ropas que usó el día del robo, cuando actuó como campana.

Respecto del resto de la banda, lo que se consignan son versiones recogidas entre quienes participan de la pesquisa. El ex comando de la SIDE conocido como “Tango” está sospechado de haber participado en el golpe. Otros ex integrantes de la SIDE también están en la mira y lo mismo ocurre con un ex policía. El jefe de toda la organización es un extranjero que ya se fue de la Argentina, pero –según los investigadores– está identificado y se pedirá su captura. El rumor más insistente habla de un uruguayo que participó del robo de los boqueteros al Banco de Crédito Argentino. Esa misma versión indica que en aquella oportunidad huyó hacia su país en una lancha Pagliettini y que esta vez usó el mismo procedimiento.

La investigación del robo más espectacular de los últimos tiempos estuvo a cargo del subsecretario de Investigaciones del Ministerio de Seguridad, Enrique Gallessio, y del comisario Osvaldo Seisdedos, a quien el ministro León Arslanian prácticamente mandó al exilio a San Isidro con la orden de no regresar a La Plata hasta que haya esclarecido el caso. Se dice que en la pesquisa jugó un papel decisivo el comisario Hugo Matzkin, de Investigaciones Complejas, y que estuvo a cargo de todo lo que tuvo que ver con la detección de las comunicaciones de la banda. En distintasdeclaraciones de Arslanian y de Seisdedos se dejó entrever el agradecimiento a la colaboración de la Policía Federal y cierto disgusto con el poco respaldo de la SIDE a la pesquisa.

El esquema del robo parece claro. Hubo un cabeza, que diseñó el golpe, “contrató” y financió a quienes hicieron el túnel y “contrató” entre delincuentes comunes a quienes entrarían al banco. Ya está claro para los investigadores que el asalto por arriba se debió a que la banda no tenía especialistas en desactivar las alarmas antisísmicas y por lo tanto no pudieron usar la modalidad de boqueteros, sino que tuvieron que ingresar al banco a mano armada porque durante el horario de atención al público esas alarmas se desactivan. Lo concreto es que, por ahora, están presos dos o tres de los que actuaron en el asalto por arriba y aunque el caso no está esclarecido, se dio este fin de semana un paso importante.

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