carta de Frei Betto

ALAI-AMLATINA 28/10/2005, Sao Paulo.- Presidente Bush: bienvenido a un país soberano llamado Brasil. Como el presidente Lula ya demostró, no queremos el ALCA y tenemos un gobierno solidario con Venezuela de Chávez y con Cuba de Fidel. Ya fuimos colonia de Portugal por 322 años y sabemos lo que es producir riquezas en beneficio de otros pueblos.

Aún hoy el pueblo brasileño trabaja, y trabaja mucho, para
pagar la deuda e(x)terna contraída por nuestras élites sin que
la población haya sido consultada. Nuestra carga tributaria
es una de las más altas del mundo, el 36% del PIB; nuestra
tasa de interés sobrepasa el 19% al año; nuestro gobierno
gasta con la amortización de los intereses de la deuda, cada
año, más de diez veces el presupuesto de que dispone para
nuevas inversiones. Oficialmente nuestro superávit primario
es del 4,25%. De hecho, pasa del 5%, porque el equipo
económico de nuestro gobierno cree, religiosamente, que el
dios mercado es capaz de producir el milagro del bienestar de
la nación sin que haya cambios de estructuras, como la reforma
agraria. Y no digo que eso es problema nuestro porque nuestra
economía está controlada por el FMI, en el cual Ud. manda. No
conozco un sólo país que haya salido de la pobreza gracias al
FMI.

Vengo a pedirle la paz. Hace 2.800 años, un hebreo llamado
Isaías afirmó que sólo habrá paz como fruto de la justicia.
El señor cree que ella se producirá con la imposición de las
armas. Mas, la guerra es el terrorismo de los ricos, así como
el terrorismo es la guerra de los pobres. ¿No bastó la
derrota de Estados Unidos en Vietnam? Allí murieron 1 millón
de personas, de las cuáles 50 mil eran norteamericanos.
Pronto o tarde su país tendrá que dejar Irak sin ningún
orgullo, cargando el fardo de miles de jóvenes norteamericanos
(muchos de ellos de origen latino y negros) condenados a la
muerte por que creyeron que es bueno para el mundo lo que es
bueno para Estados Unidos.

Su país posee sólo el 6% de la población mundial. Sin embargo,
controla el 50% de la riqueza del planeta. Jamás exigió
democracia en Arabia Saudita, donde se encuentran las mayores
reservas de petróleo del mundo, porque el gobierno autocrático
de aquel país es dócil a la política del Tío Sam, aunque de
allí hayan salido Bin Laden y los terroristas que derrumbaron
las torres gemelas. El año pasado se gastaron en armamentos,
en todo el mundo, cerca de US$ 900 mil millones de dólares.
Estados Unidos desembolsó casi la mitad, US$ 390 mil millones.
¡Y pensar que se necesitan tan sólo US$ 50 mil millones, hasta
2015, para erradicar el hambre del mundo!

¿Por qué será que la muerte merece más dinero que la vida?
¿No habrá algo muy equivocado en esa lógica? ¿Por qué el
capitalismo coloca la propiedad privada por encima de vidas
humanas y del bien colectivo? ¿Por qué mueren de hambre cada
año 5 millones de niños menores de 5 años, sin que las
naciones ricas destinen más del 10% de los gastos bélicos en
cooperación internacional?

El señor debe saber que 86 millones de personas murieron
víctimas de la guerra desde 1940. Las dos bombas atómicas que
su país lanzó sobre las poblaciones inocentes de Hiroshima y
Nagasaki segaron cerca de 100 mil vidas y dejaron un lastre de
cáncer, hasta hoy, en los descendientes de las víctimas. Casi
todas jóvenes. Cerca de dos mil soldados de Estados Unidos
han muerto en Irak en esa guerra insana reiniciada en 2003.
Su padre invadió aquel país en 1991 y el resultado avergonzó
tanto a su nación que Ud. se sintió con la obligación de
repetir el gesto, con la esperanza de derrumbar a Sadam
Hussein, lo que consiguió, y la resistencia de los iraquíes,
que hasta ahora desafía el potencial bélico de su país. Entre
la población civil, aproximadamente 130 mil iraquíes murieron
como consecuencia de los ataques de las tropas de Estados
Unidos en 1991 . Sadam, gracias a las armas, inclusive
químicas, suministradas por Estados Unidos, sobre todo en la
época de la guerra contra Irán, mató cerca de 200 mil iraquíes.

Estuve hace poco en su país. En Utah, muchos me preguntaron
cual impresión tengo de Estados Unidos. Respondí que la
diferencia entre su pueblo y el mío es que el suyo está
convencido de que no hay felicidad sin dinero. Y el mío es
feliz sin dinero. Nos bastan las cinco efes: fréjol, harina
(farinha), fe, fútbol y fiesta. Esa búsqueda desenfrenada de
riqueza es la que impide al pueblo de Estados Unidos sentirse
solidario con los pobres del mundo. Todos vimos lo que les
sucedió a los negros y pobres de Nueva Orleans durante la
catástrofe causada por el huracán Katrina. Se quedaron en el
desamparo, hasta que el señor reaccionó cuando percibió que, a
los ojos del mundo, el rey estaba desnudo. Y para completar,
uno de sus asesores tuvo el descaro de proponer, como medida
para reducir la pobreza en Estados Unidos, el aborto a las
mujeres negras…

Presidente Bush, «welcome» a la nación del futuro. Queremos
ser amigos fraternos del pueblo de Estados Unidos, sin que la
CIA vuelva a amenazar nuestra democracia, como en 1964 cuando
ayudó a implantar una dictadura militar que duró 21 años, y
que se alcance reciprocidad en las relaciones comerciales, con
pleno respeto a nuestra soberanía. (Traducción ALAI)

– Frei Betto es escritor, autor de «Típicos Tipos» (A Girafa),
premio Jabuti 2005, entre otros libros.

Fuente: Trashumantes.

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