Tierra del Fuego está que echa humo

Lo acusan de mal desempeño de sus funciones e iniciarán juicio político. Colazo apelará a la Corte Suprema. Apoyo de la Casa Rosada.

Por Eduardo Tagliaferro
Cuando hoy arribe a Tierra del Fuego, el gobernador Jorge Colazo, un rara avis que sabe definirse como radical-kirchnerista, podrá decir como Aníbal Troilo: “quién dijo que me fui de mi barrio, si siempre estoy volviendo”. Hace apenas cinco meses, en plena crisis política provincial, estuvo inhallable durante 18 días. Reapareció doblando la apuesta contra su vicegobernador, el peronista Hugo Cóccaro. Ayer cuando la legislatura provincial votó su suspensión por 60 días y el inicio del juicio político en su contra, Colazo estaba en la Casa Rosada junto a otros gobernadores participando del acto en el que Néstor Kirchner anunció la ley de Financiamiento Educativo. Mientras analizaba los pormenores del caso junto a Kirchner y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a través de sus abogados Colazo reclamó ante el Superior Tribunal de Justicia de la provincia la inconstitucionalidad de su suspensión. “Son los grupos mafiosos que existen desde hace mucho”, dijo al abandonar la reunión con el Presidente. El lunes Colazo espera volver a sentarse en el sillón de gobernador. Volverá como Troilo, si la Corte provincial le da la razón.
“Le manifestamos a Colazo que nuestra prioridad es garantizar la institucionalidad”, dijo el jefe de Gabinete a este diario. Colazo es una pieza importante para la estrategia kirch-
nerista en Tierra del Fuego. En alianza con el sector del peronismo que hoy se enfrenta, Colazo llegó a la gobernación para desplazar a un histórico del menemismo en la isla: el ex gobernador Carlos Manfredotti. Eso sólo explicaría que el juicio político contra el radical ocupe un lugar en la mesa presidencial. “Colazo repitió que la suspensión es arbitraria e injusta”, explicó Fernández.
Por seis votos contra uno, la sala acusadora de la legislatura fueguina votó la suspensión por mal desempeño al acusar a Colazo de haber retenido fondos de coparticipación del municipio de Río Grande y por supuestas irregularidades en la ejecución presupuestaria del 2004. Unos 700 partidarios del gobernador se concentraron en Ushuaia frente a la sede de gobierno. Algo parecido ocurrió en Río Grande. Un manifestante que pretendió ingresar a la sede gubernamental terminó rodeado por la policía, los empujones de la concentración terminaron con palos policiales y un herido.
“El vicegobernador Cóccaro estuvo inhallable pero se asegura que está armando un nuevo gabinete”, confió a este diario Eduardo Monchietti, vocero de Colazo. En los círculos fueguinos incluso sonaron los nombres del médico Eric Enrique como probable ministro de Salud, Enrique Vallejos como ministro coordinador y el comisario Barbero como jefe de Policía. “Todos hombres de Manfredotti”, señaló Monchietti a este diario. El dato le agrega al conflicto un condimento mayor: la posibilidad de que el peronismo se una en contra de Colazo. “Kirchner me conoce y también conoce a la otra gente”, había dicho el gobernador fueguino en la Rosada a la salida de su encuentro con el Presidente. El dato suma otra piedra en el zapato justicialista y también en el kirchnerista. Más allá de los condimentos locales y de las características de los personajes en conflicto, un destacado funcionario de la Casa de Gobierno no desconocía anoche que la suspensión y juicio político contra Colazo era “una reacción de lo peor de la corporación política de Tierra del Fuego”.
Hace pocos meses, Colazo había comprometido su participación en el Frente de la Victoria, el armado político que impulsa Kirch-
ner. Incluso fue uno de los primeros dirigentes políticos en reclamar la reelección del santacruceño. “No le tengo miedo a ningún partido”, había dicho luego de que la Unión Cívica Radical suspendió su afiliación partidaria por su apoyo a Kirchner. Fiel a un estilo, el fueguino dobló la apuesta contra su propio partido, cuando el chaqueño Angel Rozas calificó de “falso e injusto” los dichos de Colazo sobre cierta connivencia de la UCR en la caída de Fernando de la Rúa. “En la UCR hay viejos estériles”, arremetió Colazo y denunció que entre algunos sectores de su propio partido y del sector peronista que lidera Cóccaro se estaba “gestando un golpe de estado, para sacarme del gobierno”. Ayer, el vocero de Colazo reconoció ante este diario que “los radicales se movilizaron para apoyarnos”. La crisis política está lejos de encontrar cauce. No hay dudas de que continuará.

Fuente Pagina 12

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