Otra vez, la construcción y el sector automotor fueron los pilares del crecimiento La suba anual llega al 7,2 por ciento

El Indec confirmó que el crecimiento de la industria fue en agosto del 1,6 por ciento contra julio, lo que significa que en los primeros ocho meses del año el aumento fue del 7,2 por ciento con respecto al mismo período del año anterior

De la descripción del desagregado sectorial presentado ayer por el organismo estadístico surgen algunos ejes de la estructura productiva local, que se asienta en la producción de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) orientadas al mercado externo y en competencia con el consumo local, como el sector alimenticio, y Manufacturas de Origen Industrial (MOI) que crecieron sustituyendo importaciones, pero que comenzaron a estar en conflicto con éstas, como la industria textil y la automotriz.
Si bien el cambio de precios relativos ha permitido una mayor competitividad en todas las ramas industriales no ha tenido aun mayor influencia en el cambio del patrón de especialización reprimarizado en los ’90. Aunque se dinamizaron algunas ramas, como automotores y textiles, la recuperación industrial sigue asentándose en las MOA y en sectores que siguen creciendo sobre la base de la mayor utilización de la capacidad instalada, como es el caso de las industrias metálicas básicas y los minerales no metálicos, sectores donde la expansión productiva demanda inversiones multimillonarias y que operan al límite de su capacidad.
En términos de variaciones estadísticas, el mayor crecimiento se registra en minerales no metálicos, que se expandieron el 13,8 por ciento por el impulso de la actividad de la construcción y en la industria automotriz, que en los primeros 8 meses subió el 30,1 por ciento.
La demanda externa se concentra especialmente en las MOA, favorecidas, como todas las ramas, por el cambio de precios relativos, pero especialmente por una mercado internacional en expansión, lo que permitió en los últimos años diversificar los destinos. Uno de los sectores que recibió más inversiones fue la industria alimenticia. La ecuación es bastante lógica, se espera que la producción agropecuaria siga en expansión respondiendo a una demanda externa y precios crecientes, realidad que también plantea problemas por el lado del consumo interno. La situación se agrava en los sectores donde la producción ha permanecido estancada, como en el caso de las carnes rojas, pero también se produce en las carnes blancas y en los lácteos, sectores que crecieron, siempre en los primeros 8 meses, el 15,9 y el 6,7 por ciento, respectivamente. Un caso aparte es el complejo oleaginoso, pues el grueso de la producción, que creció el 16,7 por ciento en el año, se destina a la exportación.
El sector textil, una de las ramas que empujaron la recuperación de las manufacturas tras la salida de la crisis, si bien continúa creciendo –8,6 por ciento en los primeros 8 meses– lo hace en un contexto en el que las inversiones no fueron suficientes para frenar la mayor utilización de la capacidad instalada. El segundo problema es que si bien la demanda interna empuja, la competencia importada comenzó a ser un problema.

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