Un mes en cuarentena o como cambiar de vida por decreto.

Lun 30/03/2020.- Para muchos el solo pensar en 30 días encerrado en su casa es poco menos que una odisea, sin embargo aquí en el fin del mundo, los fueguinos en general y los riograndenses en particular nos estamos adaptando, o al menos eso parece.

Cuando el gobernador primero y el presidente después anunciaron el “aislamiento preventivo obligatorio”, muchos pensamos que era solo una frase más, pero luego, se aclaró que quien no cumplía con él podía ser procesado según lo estipula el artículo 205 y 239 de Código Penal de la Nación todo cambio definitivamente.

Había que quedarse en casa, había que hablar con la familia, había que leer, escuchar música, mirar videos, compartir cosas que antes por la inercia de la vida diaria no hacíamos.

La vida cotidiana cambió radicalmente y los fueguinos acostumbrados a reunirnos, a salir a lugares públicos, asistir a marchas, movilizaciones, ir al cine, a trabajar diariamente, o simplemente visitar los lugares más bellos de la Isla no lo podemos hacer, ya no, y solo podemos salir de a uno por vez y lo mínimo e indispensable, comprar alimentos, o medicamentos, todo lo demás quedó suspendido, prohibido o descartado.

Entonces aparecieron esas cosas simples, que también hubo que cambiar, el mate compartido ya no, el abrazo tampoco, el apretón de manos, el “hola” a menos de un metro tampoco, nuestros hijos quedaron en sus casas y aunque estuvieran a media cuadra no los podemos ver, tampoco a mi madre que está a 3000 kilómetros, los embotellamientos de tránsito en la rotonda de Santa Fe y San Martin desaparecieron, desaparecieron los autos de la ciudad, la gente de los paseos, plazas, de los comercios, centros de salud, de los bares tradicionales, todo quedo en silencio y esa imagen fantasmal nos quedará grabada para siempre.

Nosotros ya no somos los mismos, a veces me pregunto cómo hubiera sido todo esto sin tener la tecnología con que hoy contamos. Video llamada, mensaje de texto, fotos, Instagram, Facebook o correo electrónico. Y sencillamente se me hace imposible creer que podríamos estar un mes sin hablar con nuestros hijos, aquí o en otros lugares del país.

La vida cambio, ahora las horas se llenan con charlas sobre los más diversos temas, desde psicología, hasta cuestiones económicas, pasando por las noticias del mundo y compartir videos musicales, documentales, y ver todo tipo de tutoriales en youtube para aprender cosas tan insólitas como yoga, tejido, cocinar, ejercicios para hacer en casa, como hacer alcohol en gel, desinfectantes, arreglos florales, cuidar mascotas o aprender programación en internet.

Los que teníamos una bicicleta fija en casa, de repente descubrimos que era hora de dejar de utilizarla como perchero y usarla porque, no se puede salir a caminar y si tenes un tele también podes disfrutar de una película o documental mientras pedaleas.

A todas estas cosas no les dábamos importancia, eran tan comunes que habíamos dejado de hacerlas, nunca se nos hubiera ocurrido pensar en suspender el asado de los viernes con amigos o el almuerzo del domingo en familia por una pandemia, dejar de ir al Roca a comer el lomito, ni que hablar de la vuela al perro del domingo por la ciudad, el fin de semana en Tolhuin, o algún lugar de la provincia donde se pueda acampar, hacer un asado y sacar fotos, la escapada a Ushuaia para ir a La Pataia, o al shopping, nada de eso se puede hacer hasta que todo esto termine, hasta que haya una vacuna contra el coronavirus o covid-19.

La vida ha cambiado definitivamente, nada es igual, y nada será igual para ninguno de nosotros, después de todo este tiempo descubrimos que no necesitamos ni más ni menos que lo que tenemos, que podemos vivir sin ostentar, que podemos compartir cosas tan simples como charlar horas con nuestras mujeres, hijos, nietos, que escuchar música a cualquier hora es un placer, ver fotos viejas es un buen pasatiempo, extrañar a los afectos se volvió viral, el silencio de la ciudad vacía, trabajar desde nuestra casa, todas esas cosas también nos ayudan a estar más relajados, más tranquilos, menos estresados, y más tiempo con nuestras familias. Hemos aprendido a disfrutar de otras cosas y también que en medio de una pandemia no hay distingos, somos todos iguales, a todos nos puede pasar, ricos, pobres, negros blancos, católicos o no, todos estamos en un mismo nivel de aprendizaje, todos debemos cumplir esta cuarentena extendida y no es una opción, es la única posibilidad de salir vivos de esto.

No sabemos qué pasará después, cuanto tiempo nos llevara recuperar la ¿normalidad?, ¿era normal correr para todos lados como locos, o es normal estar en nuestras casas disfrutando de lo que tenemos, entre eso, despertar vivos cada día?, seguramente para muchos lo normal era aquello de antes de la pandemia, para mi muchas cosas han cambiado definitivamente, porque el mundo cambió, porque el país cambio, porque la provincia y mi ciudad ya no son las mismas. El aire es distinto, el mar es distinto, los bosques son más puros, hay más aves en el cielo y menos contaminación. Vienen nuevos tiempos en todos los aspectos, sociales, económicos y políticos y esos nuevos tiempos nos tendrán como protagonistas y esos cambios van a llevar mucho tiempo, no será de un día, ni dos, ni tres, tampoco meses, serán años de un cambio que Alvin Tofler adelantó hace dos décadas, pero esa es otra historia y se llamaba “La tercera ola”, hoy estamos en la quinta ola y sus predicciones se han cumplido al pie de la letra.

Armando Cabral

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