Aunque es clave para dar el salto salarial, sólo el 1% de los jóvenes termina un posgrado

Mart 10/09/19.- Puede ser que acá una gran proporción de estudiantes también trabajan y eso les dificulta hacer las tesis doctorales; puede ser que acá las carreras de grado se alarguen más de la cuenta y así los jóvenes llegan con más obligaciones; o puede ser que acá hay una preferencia por las ciencias sociales, que tienen menos vínculo con grupos internacionales de investigación.Puede ser por estas u otras razones, pero lo cierto es que a pesar de ser una herramienta clave para dar el salto salarial –aún más que en otros países- sólo el 1% de los argentinos jóvenes (de 25 a 34 años) terminan hoy un posgrado. En el promedio de los países del G20, por ejemplo, esta proporción llega al 7%.

Los datos surgen del informe “Education at a glance” que difunde este martes la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y que hace un profundo análisis de las estadísticas educativas de los países de ese bloque, más otros entre los que está la Argentina.

En el apartado para el país, se destaca la baja proporción de jóvenes argentinos con posgrado, a pesar de que aquí el 94% de las personas con esa calificación educativa disponen de mejores condiciones laborales que aquellos que no lo tienen. En el mundo ese promedio es del 88%.

Los especialistas consultados por Clarín atribuyen estos datos a diversos factores, que hacen tanto al perfil de los estudiantes argentinos (y sus circunstancias) como al formato de la educación superior en la Argentina (más rígido y focalizado en las carreras de grado que en otros países). Y proponen avanzar en una flexibilización de esta oferta que esté, a su vez, más vinculado a los equipos de investigación del mundo.

Para Danya Tavela, vicerrectora de la Universidad del Noroeste de la Provincia (Unnoba) e integrante de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), hay que tener muy en cuenta “la franja etaria” del estudio: los jóvenes de 25 a 34 años.

“Hay una dificultad de esos jóvenes para terminar la tesis. El país tiene baja tasa de estudiantes que no trabajan y a quienes les puede quedar tiempo para hacer una tesis doctoral de alta exigencia. Acá las carreras de grado son muy largas y entonces los jóvenes llegan a un posgrado en otro contexto. Además, en la Argentina es muy alta la matrícula de posgrado de ciencias sociales y en esas carreras los estudiantes, a la hora de encarar una tesis, están muy solos: con poco contacto con otros investigadores, como sucede en las ciencias duras”, le dijo a Clarín.

Marcos Duarte, director nacional de coordinación y planificación de políticas universitarias del Ministerio de Educación nacional, también cree que hay muchos factores que podrían explicar estos datos. En primer lugar, dice, “comparando con los países de la OCDE el mercado de posgrados argentinos siempre fue inferior”.

“Hay que considerar la realidad laboral en la Argentina. Acá los universitarios tienden a trabajar en su profesión cuando se reciben, o antes, y eso retrasa los posgrados. Y las carreras de grado son más largas que en otras partes del mundo”.

“Además, el grado acá tiene más valor”, dice Duarte y explica que, por ejemplo, en los Estados Unidos un abogado para ejercer la profesión tiene que tener un posgrado. El grado es más corto, pero después se le exige la especialización. “Puede haber una persona que combine en su formación arte, leyes e historia, por ejemplo, y termine siendo un abogado especializado en arte. Pero para ejercer la profesión deberá completar el posgrado. Así funciona el sistema allá. Acá, en cambio, el grado te da habilitación profesional”, ejemplifica.

Duarte agrega que hace poco se firmó un convenio entre CIN y CRUP (rectores públicos y privados argentinos) con la Hochschulrektorenkonferenz (rectores de Alemania), en el que se estableció que una carrera que tenga un mínimo dos mil seiscientas horas reloj o su equivalente, en la modalidad presencial, en la Argentina (médico, abogado, arquitecto, ingeniero, entre otros) y requiere la realización de una tesis es equivalente a un máster alemán a la hora de iniciar un doctorado. También se firmó un acuerdo similar con Francia.

En la Argentina hoy hay casi 160.000 estudiantes de posgrado, el 80% va a instituciones del sector público y el 20% restante a privadas. El 59% son mujeres y 41% varones. Los egresados fueron en 2017 -último dato disponible- 15.582. Las cifras se mantienen en torno a 14.000 y 16.000 graduados de posgrados en los últimos cinco años.

Proponen carreras más flexibles

Desde flexibilizar el formato universitario argentino hasta impulsar las ciencias duras, los expertos tienen distintas recetas para lograr que más jóvenes argentinos encaren y terminen un posgrado. “Hay que trabajar en carreras de grado que duren menos tiempo y becas (de organismos públicos y privados) para que los estudiantes puedan dedicarse a tiempo completo a los posgrados. También hay que revisar las tesis que se piden, podrían estar más vinculadas a trabajos en desarrollo, como es en EE.UU., y no en la producción de conocimiento innovador como es acá”, dice Danya Tavela, vicerrectora de Unnoba e integrante de Coneau.

Para Marcos Duarte, del Ministerio de Educación nacional hay que avanzar en el reconocimiento de las trayectorias educativas para hacer más fluidas las carreras. “Hay que promover los posgrados y también la formación continua, que las universidades puedan brindar contenidos acreditados de calidad”, dijo.

El 2% de los estudiantes es extranjero

El informe “Education at a glance” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se publica todos los años y hace un profundo análisis de los datos educativos de diversos países, a los que también vincula con las posibilidades laborales que generan.

Entre los datos sobre la Argentina de este año está que los estudiantes internacionales en educación superior que estudian en el país representan el 2% del total: de ellos, el 86% vienen de países de la región.

También muestra que, a nivel mundial aunque las mujeres están más formadas, les cuesta más que a los hombres conseguir trabajo: suelen quedar relegadas a puestos para los que están sobrecalificadas.

Con respecto a la primera infancia, afirman que comienza más tarde en la Argentina con respecto a otros países: solo el 11% de los niños de 2 años van al jardín, en comparación con el 40% en Brasil y el 49% en promedio en todos los países de la OCDE. Aunque sigue siendo baja, la inscripción aumenta para las edades mayores: el 41% de los niños de 3 años van al jardín. En Brasil es el 64% y el promedio de la OCDE da 77%.