Luis Schreiber: “Hasta que no cambie el modelo económico no va a haber mejora de nada”.

Rio Grande 13/08/2026.- La entrevista con Luis Schreiber , referente del Centro de Almaceneros, expone con crudeza el deterioro cotidiano que atraviesan los comercios de cercanía y las familias argentinas. Lo que antes era un hábito básico —comprar carne vacuna, llenar el changuito en el supermercado, sostener un pequeño comercio con cierta previsibilidad— hoy se ha convertido en un lujo inalcanzable o directamente en una actividad en vías de extinción.

El consumo que se achica, Schreiber describe cómo la carne vacuna, históricamente central en la mesa argentina, se ha vuelto prohibitiva: “Una costeleta de carne hoy está veintidós, veinticuatro mil pesos… y una costeletita de cerdo está 9.000. No tenés mucho que pensar”. La sustitución hacia pollo y cerdo no es una elección gastronómica, sino una estrategia de supervivencia. El cambio de hábitos refleja un ajuste forzado, donde la calidad y tradición ceden ante la urgencia económica.

Comercios que desaparecen El relato es aún más alarmante cuando se habla de carnicerías cerradas, sucursales que ya no existen y locales vacíos en el centro. “Nunca había visto que se fundieran carnicerías”, admite el entrevistador, y Scriver confirma que las casas madre abandonaron las sucursales porque “evidentemente no les conviene”. El comercio minorista, que históricamente resistía crisis, hoy se ve arrasado.

Servicios y costos imposibles La presión de las tarifas es otro golpe letal. “Son 220.000 pesos entre luz y gas una casa normal, esto un comercio le sale mucho más caro el doble”, señala Schreiber. La paradoja es brutal: el gobierno celebra “picos máximos de consumo”, pero lo que se dispara es el consumo de billetes para pagar boletas, no el acceso a bienes. La cadena de frío se sostiene a duras penas, apagando heladeras de bebidas por la noche, mientras se cuida cada kilowatt como si fuera oro.

El relato oficial vs. la realidad El contraste entre el discurso gubernamental y la experiencia cotidiana es evidente. Mientras se habla de recuperación y estabilidad, los almaceneros ven cómo se bloquean cuentas electrónicas, se embargan comercios y se multiplican los cierres de fábricas y granjas. “Nos siguen mintiendo con que nos están corriendo la zanahoria, no está corriendo la luz del túnel, no se ve”, sentencia Scriver.

Un modelo que no sostiene La conclusión es clara: “Hasta que no cambie el modelo económico no va a haber mejora de nada”. La entrevista no deja lugar a matices: el comercio de barrio, que siempre fue refugio en tiempos de crisis, hoy está al borde del colapso. La gente compra menos, los comerciantes ganan menos, y los costos suben sin freno. Tierra arrasada, como lo define el propio entrevistado.

Esta nota refleja un panorama crítico: el derrumbe del consumo popular, la desaparición de comercios históricos y el ahogo por tarifas y costos. Un país donde la carne se pudre en las góndolas, los locales se vacían y los trabajadores son despedidos, mientras el relato oficial insiste en que “todo va bien”. La distancia entre discurso y realidad nunca fue tan evidente.

loading...