Esta semana nos complace mucho reanudar la publicación de la cifra oficial de inflación para Argentina. Una de las primeras cosas que Mauricio Macri hizo después que fue elegido Presidente de la nación, en noviembre de 2015, luego de derrotar al candidato de Fernández, fue restablecer la independencia profesional del Indec, la oficina de estadísticas. Y le encargó que hiciera un nuevo índice inflacionario preciso.
Este mes se cumple un año desde que se lanzó este índice. Muestra que la inflación en el gran Buenos Aires en los 12 meses hasta abril fue de 27,5%. Esa cifra es incómodamente alta, pero alentadoramente honesta. En el gobierno de Fernández, el Indec encontraba que la inflación en el período 2008-13 promediaba el 10% al año, entre un tercio y la mitad de los cálculos privados. Bajo la presión del FMI, el Indec elevó su estimación al 24% en 2014, pero los cálculos privados eran aún más altos.
La alta inflación fue parte del panorama en Latinoamérica hasta la década de 1990. Eso fue, en gran parte, una consecuencia de la política populista y la desigualdad. Las élites económicas pequeñas pero poderosas se resistían a las alzas tributarias, de modo que los gobiernos recurrían a la impresión de dinero para cumplir las promesas de campaña que habían hecho a las clases trabajadora y media. Los gobernantes contaban con la «ilusión del dinero»: los trabajadores notarían sus salarios nominales más altos en vez de la erosión de su poder de compra. La alta inflación desalentaba el ahorro y contribuía a la desigualdad; los ricos podían protegerse más fácilmente que los pobres.
Dominar la inflación con la reducción de los déficits fiscales y la apertura de las economías al comercio y la competencia fue un logro importante del tan ridiculizado Consenso de Washington en Latinoamérica. Un simple promedio de la inflación entre los países de la región bajó de 1.206% en 1989, a 4,8% en 2006. Pero cuando retornaron los gobiernos populistas e izquierdistas en la década de 2000, la inflación subió de nuevo en Venezuela, Argentina e incluso en Brasil. Lo que fue notable con respecto a Fernández fue su intento evidente de negarlo, publicando estadísticas basura. Al mismo tiempo, levantó barreras comerciales proteccionistas, manejó grandes déficits fiscales no financiados (a pesar de promulgar grandes alzas tributarias) en medio de ganancias inesperadas de las materias primas y la energía subvencionada y las tarifas de transportes en el orden del 4% del PIB.
Macri ha tenido un éxito más rápido en restablecer la integridad de las estadísticas de Argentina que el que ha tenido en corregir las otras distorsiones económicas que Fernández le legó. El nuevo índice oficial está ampliamente de acuerdo con aquellos privados que han surgido. El Indec lanzará un índice nacional en julio.
Malabarismo fiscal
La inflación, la verdadera, está resultando obstinada. El Banco Central, cuya independencia también fue restablecida bajo su nuevo presidente, Federico Sturzenegger, fijó una meta del 12% al 17% este año. No va a cumplirla. Después de desplomarse en la segunda mitad del año pasado, la inflación ha ido subiendo lentamente este año. Eso se debe, en parte, a que el gobierno ha subido las tarifas del gas y la electricidad, y además, a que los ajustes salariales de los poderosos sindicatos están promediando alrededor del 20%.
El banco está haciendo todo lo posible por alcanzar la meta: elevó la tasa de interés de referencia el mes pasado (del 24,75% al 26,25%), aun cuando el crecimiento económico todavía es bajo. Macri está involucrado en un acto de malabarismo. Quiere reducir el déficit fiscal (el que está financiando con créditos extranjeros), pero el retiro de los subsidios de Fernández significa alzas de precios en el corto plazo. Quiere bajar la inflación, pero necesita que la economía crezca más rápido antes de las importantes elecciones de la mitad de período en octubre, las que su gobierno no se puede dar el lujo de perder. Luego de haber optado en un principio por un ajuste económico rápido, este año el Mandatario ha adoptado un enfoque más gradual.
Los argentinos pueden estar en desacuerdo razonablemente sobre si Macri está haciendo las elecciones correctas. Pero al menos, no los están manteniendo en la oscuridad con respecto al verdadero estado de la economía. Al parecer, muchos aprecian que los traten como adultos: decenas de miles de personas participaron el mes pasado en una manifestación semiespontánea de apoyo al gobierno. La baja inflación es una buena política. Un índice de inflación honesto es un derecho democrático.
