Guerra La guerra entre Estados Unidos e Irán comenzó el 28 de febrero y se prolongó mucho más de lo previsto. Desde su inicio, el Brent promedió 94 dólares por barril. La guerra se convirtió en uno de los ejes de la campaña. El galón de nafta llegó a USD 4,27 el 26 de octubre y acumula una suba de 52,7% en el año, con impacto directo sobre el poder adquisitivo de los salarios.
El diésel, por su parte, casi duplicó su precio y ya supera los USD 6 por galón. El conflicto lleva un costo de USD 43.500 millones y la Casa Blanca tiene un pedido adicional de USD 87.600 millones trabado en el Congreso. La Cámara de Representantes votó tres veces para poner fin a la guerra, y el Senado rechazó por 49 a 50 la última resolución de poderes de guerra, con cuatro republicanos votando junto a la oposición.
Qué puede cambiar. Si los republicanos pierden, Trump podría profundizar el conflicto con Irán para compensar el resultado de las urnas con una “victoria” militar e instalar la guerra como tema central de la agenda pública. A la inversa, un buen desempeño republicano podría leerse como una “validación” de la estrategia militar o, al menos, como una señal de que sus efectos sobre la población no pesaron en el voto.
De todos modos, el conflicto mostró tener una lógica que excede a los partidos: desde una mirada de realismo geopolítico, los intereses de Estados Unidos como nación están por encima de los de Trump, y su condición de exportador neto de energía, sumada a la creciente dependencia de Europa y China de ese abastecimiento, le da incentivos para prolongar el conflicto más allá del resultado electoral. Efectos en el mundo. Una escalada de los ataques a Irán probablemente reproduzca la situación de los primeros días del conflicto: incertidumbre sobre el tiempo necesario para recuperar las plantas dañadas y sobre cuánto durarían los efectos aun después de terminada la guerra.
Efectos en la Argentina.
Como señalamos desde CEPA, la guerra le plantea al país un dilema. Por un lado, el petróleo caro generó términos de intercambio récord, que explican buena parte de los USD 14.000 millones comprados por el BCRA y una balanza energética que, con estos precios, aportaría más de USD 5.000 millones hasta fin de año. Por el otro, sostiene las tasas globales en niveles que mantienen cerrado el acceso al financiamiento externo.
Tasa de interés En septiembre, la Reserva Federal subió su tasa de referencia 0,25 puntos porcentuales, hasta 3,75%, por unanimidad y con la proyección de una suba adicional. Desde su llegada, Warsh priorizó el control de la inflación por sobre el mandato de empleo. Pero la suba no calmó al mercado: el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años llegó a 5,3%, el nivel más alto desde 2002. Hoy ronda el 5,0%, luego de que empresas vinculadas a la IA informaran ingresos menores a los esperados.
Desde CEPA identificamos tres causas detrás de la suba de tasas: la inflación asociada a la guerra; el déficit fiscal estadounidense, cercano al 6% del PBI, con una deuda que pasaría de 125,8% a 128% del PBI hacia 2028, y la enorme demanda de crédito para inversiones en inteligencia artificial.
Qué puede cambiar. La suba de rendimientos que muestra el Gráfico 2 tiene un componente estructural, aunque algunas políticas podrían amortiguarla. • Frente fiscal: un Congreso opositor limitaría nuevas bajas de impuestos y podría impulsar gestos de consolidación fiscal de cara a 2028, aunque la oposición todavía no fue clara en sus propuestas en la materia. El propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, reconoció que harán falta medidas concretas para contener las tasas. •
Desempleo: la reciente baja de la tasa de desempleo a 4,2% no refleja un mercado laboral más fuerte, sino que el enfriamiento de la actividad (menos puestos disponibles) quedó compensado por una caída de la tasa de participación, producto de la dura política antiinmigratoria y de una menor inserción laboral de los jóvenes. Una victoria demócrata que revierta u obstaculice esas políticas podría sumar trabajadores al mercado laboral y, en el mediano plazo, elevar el desempleo, lo que empujaría a la Reserva Federal a un sendero de tasas más laxo. •
Inteligencia artificial: mayores controles y regulaciones sobre las empresas de IA podrían reducir el apetito por esas inversiones, demorar las salidas a bolsa previstas y bajar la demanda de financiamiento de las hyperscalers, las grandes proveedoras de infraestructura en la nube.
La sensibilidad del mercado ya quedó 3,47 a la vista: el 8 de octubre se conoció que los ingresos de OpenAI eran USD 20.000 millones menores a lo informado y la tasa a 10 años cayó 0,35 puntos porcentuales (ver Gráfico 2). Una desaceleración de la IA por regulaciones prudenciales llevaría a una baja de tasas, pero también a una fuerte caída de los mercados accionarios globales
Efectos en la Argentina. Una baja de la tasa libre de riesgo podría parecer un viento de cola para el gobierno de Milei, pero no lo sería si ocurre en un contexto de caída de los mercados accionarios y búsqueda de refugio en activos seguros. En ese escenario, lo más probable es una suba del Riesgo País que dificulte aún más el financiamiento argentino.
Política comercial
La política arancelaria de Donald Trump chocó con varias trabas judiciales, y una derrota en las elecciones de medio término acentuaría esa debilidad. El 20 de febrero, la Corte Suprema resolvió por 6 a 3 que la ley de emergencias económicas (IEEPA) no autoriza al presidente a imponer aranceles.
Qué puede cambiar. La Constitución le otorga al Congreso la facultad de fijar aranceles. Un Congreso con mayoría demócrata podría impulsar límites a las facultades delegadas; por ejemplo, que los nuevos aranceles caduquen a los 60 días salvo aprobación legislativa.
Sin embargo, cualquier ley necesita la firma presidencial o dos tercios de cada cámara para superar el veto, por lo que lo más probable es que las Secciones 232, 301 y 338 sigan vigentes, aunque con mayor control político. Lo que sí queda descartado con un Congreso opositor es cualquier nueva delegación de facultades arancelarias. Efectos en el mundo. Se mantendría un esquema arancelario alto pero más fragmentado, con mayor incertidumbre jurídica y con los reembolsos de los
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aranceles anulados (estimados en USD 166.000 millones) como factor adicional de presión fiscal. Efectos en la Argentina. El país sigue alcanzado por los aranceles de la Sección 232 sobre el acero y el aluminio. Además, el acuerdo comercial firmado con Estados Unidos – que, como analizamos desde CEPA, impone 15 áreas de compromiso a la Argentina y apenas 2 (y condicionadas) a Estados Unidos – podría quedar bajo un mayor escrutinio de un Congreso opositor, más atento a los productores estadounidenses que compiten con los argentinos.
Argentina
El impacto sobre la Argentina corre por dos carriles: el financiero, a través de las tasas, y el político, porque Trump es el principal aliado de Milei.
Fue su gobierno el que intervino en la previa de las elecciones legislativas de octubre de 2025, con el swap por USD 20.000 millones y la intervención directa del Tesoro estadounidense en el mercado de cambios. Tanto Bessent como Caputo sostienen que ese apoyo podría repetirse en 2027.
Una derrota republicana que derive en cambios en el gabinete o en un reordenamiento de prioridades sería un golpe para el financiamiento en divisas del año próximo. Un apoyo más costoso. Los demócratas presentaron en ambas cámaras proyectos contra el salvataje: la “No Argentina Bailout Act”, para suspender el swap, y la “American Farmers First Act”, para compensar a los productores estadounidenses perjudicados por la competencia argentina. Con mayoría demócrata, este tipo de proyectos no impedirían por sí solos una nueva asistencia del Tesoro, pero la dificultarían y elevarían su costo político.
El “hueco” de 2027. El resultado del martes importa porque el programa financiero no cierra. Como estimamos desde CEPA, sin la colocación de Bonares el Tesoro podría necesitar comprarle al BCRA unos USD 12.500 millones en 2027, a lo que se suman pagos netos a Organismos Internacionales por USD 4.000 millones, de los cuales USD 2.700 millones corresponden al FMI. Hasta ahora, las tensiones con los organismos se resolvieron porque estos terminaron cediendo ante la presión de Trump para seguir financiando a Milei.
Un Congreso opositor y una Casa Blanca debilitada podrían alterar esas prioridades. En síntesis, el escenario que se perfila encierra una paradoja para el gobierno de Milei: un triunfo demócrata podría mejorar las condiciones financieras globales, pero debilitaría el respaldo político del que depende el programa económico para atravesar 2027. A esto se suma que Trump no puede presentarse a una nueva reelección y podría quedar como “pato rengo”, podría radicalizar su agenda sabiendo que le quedan solo dos años de poder.
Fuente: Centro Economía Política Argentina, CEPA
