Estados Unidos apuesta al gobierno de Javier Milei: una injerencia disfrazada de negocios

Argentina 02/10/2026.- Las declaraciones de Peter Lamelas, analista político y exfuncionario del Departamento de Estado, confirman lo que muchos observadores internacionales ya advertían: Estados Unidos no solo respalda políticamente al gobierno de Javier Milei, sino que lo considera una pieza estratégica para sus intereses económicos en el Cono Sur. El apoyo no es ideológico, sino comercial y geopolítico: asegurar el acceso a recursos naturales, energía y tecnología crítica en un país que atraviesa una crisis de soberanía económica.

Un patrón histórico de intervención

La historia argentina está marcada por la injerencia norteamericana en momentos clave: desde el apoyo a dictaduras en el siglo XX hasta la presión por privatizaciones en los ’90. Hoy, el mecanismo es más sofisticado: inversiones condicionadas, acuerdos energéticos y respaldo financiero a cambio de alineamiento político. El propio Donald Trump reconoció públicamente que los acuerdos con Argentina durante la gestión Milei le reportaron ganancias por más de US$ 25.000 millones, una cifra que desnuda el carácter de “negocio” que Washington persigue, no el desarrollo argentino.

El RIGI y la entrega de recursos

El Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), impulsado por el gobierno argentino y celebrado por las corporaciones estadounidenses, garantiza estabilidad fiscal y libre disponibilidad de divisas para las empresas extranjeras. En la práctica, esto significa ceder soberanía económica y permitir que las ganancias generadas en el país se fuguen sin control estatal. Empresas norteamericanas como Chevron, ExxonMobil y General Electric ya manifestaron su interés en acogerse al régimen, especialmente en los sectores de energía y minería.

Una apuesta que no es por Argentina

El discurso de “apoyo al cambio” esconde una realidad: Estados Unidos apuesta a Milei porque representa la desregulación total del mercado, la apertura irrestricta de importaciones y la subordinación diplomática. Argentina, mientras tanto, se endeuda, entrega sus recursos naturales y pierde capacidad de decisión sobre su propio destino. La política exterior se convierte en una extensión de los intereses de Washington.

Conclusión: La intervención norteamericana en la política argentina no es nueva, pero hoy se disfraza de inversión y cooperación. Lo que está en juego no es el futuro de Milei, sino el futuro de la soberanía nacional. Cada acuerdo firmado bajo presión externa profundiza la dependencia y consolida un modelo donde Argentina es el negocio, y Estados Unidos el beneficiario.

Con información de NA

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