Un índice que no refleja estabilidad, sino crisis
El INDEC informó que el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) subió solo 0,8% en julio, muy por debajo de la inflación minorista (2,1%). El Gobierno lo presenta como señal de “desinflación”, pero en realidad es consecuencia de un derrumbe del consumo: las empresas no pueden trasladar aumentos porque directamente no venden.
La baja del petróleo crudo (-9,2%) y la estabilidad cambiaria influyeron en el índice, pero el factor determinante es la contracción de la demanda.
El cierre de mayoristas como síntoma
El caso de Diarco, que cerró sucursales en distintas provincias, es un ejemplo claro de la crisis. El canal mayorista, que abastece a comercios y familias, se derrumba porque el consumo masivo está paralizado. Lo mismo ocurre con supermercados y pymes, que enfrentan góndolas vacías y locales sin clientes.
El maquillaje del discurso oficial
El Gobierno celebra un número vacío mientras la realidad es que:
- 33.000 empresas cerraron en el último año.
- El consumo cayó en todos los rubros básicos, desde alimentos hasta medicamentos.
- Los salarios siguen por debajo de la canasta básica, lo que impide cualquier recuperación de la demanda.
Hablar de “desinflación” en este contexto es un maquillaje técnico que oculta la recesión profunda.
Impacto social y económico
La inflación mayorista baja no significa alivio para la población. Al contrario:
- Familias sin capacidad de compra.
- Empresas cerrando y despidiendo trabajadores.
- Un mercado interno paralizado.
El 0,8% mayorista es el reflejo de un país donde los precios no suben porque la gente dejó de comprar.
La caída brutal del consumo explica la desaceleración de la inflación mayorista. El cierre de mayoristas como Diarco es la prueba más visible de que no hay demanda suficiente para sostener los precios. El Gobierno exhibe un número como éxito, pero la realidad es que detrás de ese índice se esconde una recesión que golpea a toda la sociedad.
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