El 26 de junio invita a mirar un problema que cambió de forma, pero no de gravedad. La fecha recuerda la destrucción de un cargamento de opio ordenada en 1839 por el comisionado imperial chino Lin Zexu, hecho que antecedió a la Primera Guerra del Opio y que, casi un siglo y medio después, llevó a las Naciones Unidas a instituir el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas.
Hoy el escenario es muy diferente. Ya no se trata únicamente del comercio internacional de sustancias ilegales, sino también de consumos que se naturalizan entre adolescentes, nuevas formas de acceso y una percepción cada vez menor de los riesgos que implican.
En ese contexto, el Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, elaborado por la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) tras once años sin mediciones nacionales, aporta un diagnóstico actualizado para orientar las políticas públicas de prevención y asistencia.
Consumos que aumentan y se diversifican con la edad
El informe confirma una tendencia sostenida: conforme los estudiantes avanzan en edad, las prevalencias de consumo aumentan y también se diversifican. Mientras que en los primeros años predominan el alcohol y las bebidas energizantes, entre los adolescentes de 15 y 16 años comienzan a aparecer con mayor frecuencia el cannabis y los dispositivos electrónicos para vapear. Al mismo tiempo, el estudio registra un descenso sostenido del consumo de tabaco respecto a mediciones anteriores, mientras que el alcohol continúa siendo la sustancia de mayor presencia entre los jóvenes.
Para Eduardo Lavorato, presidente del Consejo Internacional en Materia de Adicciones, Construyendo Cultura Preventiva (CIMACUP), el principal desafío no pasa solamente por las sustancias, sino por la forma en que los adolescentes perciben el riesgo. “Se consume, sobre todo, alcohol; después, cannabis y vapeadores. El problema es que los adolescentes tienen una percepción disminuida del daño. Circula el mito de que vapear es más saludable que fumar cannabis o tabaco”, explica. El especialista advierte que esa creencia resulta especialmente peligrosa porque muchos vapeadores contienen altas concentraciones de nicotina u otras sustancias psicoactivas que generan dependencia y producen efectos tóxicos importantes.
Cuando el riesgo deja de percibirse
Según Lavorato, uno de los rasgos propios de la adolescencia es la sensación de invulnerabilidad. «Hay entre los jóvenes una omnipotencia del pensamiento. Mientras el cerebro todavía está en pleno desarrollo, sienten que ya saben todo», sostiene.
Esa característica, combinada con la baja percepción del riesgo, hace que muchos adolescentes se expongan a situaciones potencialmente peligrosas. «No dimensionan el riesgo al consumir determinadas sustancias o alcohol. Eso los lleva a involucrarse en episodios realmente muy complejos donde ponen en riesgo a sí mismos y también al contexto en el que se desenvuelven».
El especialista también advierte que algunos consumos comienzan como experiencias grupales, especialmente durante las “previas” o reuniones entre amigos, donde el alcohol y el cannabis funcionan como elementos de socialización. Sin embargo, con el tiempo pueden transformarse en hábitos difíciles de revertir.
Las primeras señales de alerta
Consultado sobre los aspectos a los que deberían prestar atención padres y docentes, Lavorato señala: «Lo primero que puede observar cualquier adulto son los cambios de hábitos y de grupos de amigos”.
Aclara, no obstante, que no todos los consumos producen los mismos comportamientos, ya que, mientras algunas sustancias favorecen contextos de socialización, otras tienden al aislamiento. Por eso insiste en que la prevención debe centrarse menos en la estigmatización y más en la construcción de vínculos protectores. «Estamos hablando de chicos que todavía están construyendo su identidad”, asegura. Y agrega: “Si no encuentran adultos que acompañen ese proceso, pueden terminar hipotecando la trayectoria de su propia vida.»
La respuesta desde las políticas públicas
Además del trabajo de las familias, de las escuelas y de las organizaciones sociales, los especialistas coinciden en que el Estado cumple un rol central en la prevención y el acompañamiento de los consumos problemáticos.
En la Ciudad de Buenos Aires, la Dirección General de Políticas Sociales en Adicciones aprovechará la conmemoración del 26 de junio para desplegar una campaña simultánea en todos sus dispositivos de atención.
Su director, Matías Kornetz, explica que, además de realizar actividades de sensibilización en cinco plazas porteñas, el objetivo será acercar información sobre los recursos disponibles para la prevención y el tratamiento de los consumos problemáticos.
«La meta es llegar a unas 10.000 personas, difundir la línea 108 -opción 3- para orientación las 24 horas y dar a conocer el nuevo dispositivo virtual de acompañamiento para familiares de personas que todavía no iniciaron tratamiento», señala a El Auditor.info.
Kornetz también destaca que la campaña buscará reforzar la difusión de las herramientas de asistencia disponibles y remarcar que la prevención continúa siendo la intervención más eficaz para evitar que los consumos ocasionales deriven en situaciones de mayor complejidad.
Fuente: El Auditor
