El 25 de marzo de 2026, la Argentina votó en contra de una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas impulsada por Ghana y la Unión Africana que proponía reconocer la trata de africanos y la esclavitud racializada como «el crimen de lesa humanidad más grave» y avanzar en mecanismos de justicia reparadora, incluyendo eventuales disculpas formales y compensaciones. La iniciativa fue aprobada por amplia mayoría:
La Cancillería argentina justificó su postura señalando que el texto había sido tratado «a libro cerrado», sin posibilidad de incorporar modificaciones, y que establecer una jerarquía entre distintos crímenes históricos podía abrir la puerta a reclamos económicos de reparación. Una posición similar fue expresada por Estados Unidos.
Sin embargo, la decisión también fue interpretada por algunos sectores como una señal nefasta al posicionarse nuestro país negándose a condenar la esclavitud y la discriminación racial.
El episodio que mencionamos sobre Javier Milei y su postura frente a una condena internacional al racismo es un punto muy delicado y polémico. Lo que se cuestiona es que, en un contexto donde organismos multilaterales y gobiernos suelen emitir declaraciones conjuntas para repudiar prácticas discriminatorias, el presidente argentino se haya mostrado en contra de acompañar esa condena.
- El gesto político: No sumarse a una condena contra el racismo implica un posicionamiento internacional que puede interpretarse como indiferencia o incluso como una validación tácita de actitudes discriminatorias.
- Impacto diplomático: Argentina históricamente ha acompañado resoluciones contra el racismo y la xenofobia en foros internacionales. Romper con esa tradición genera tensiones diplomáticas y cuestionamientos sobre el rumbo de la política exterior.
- La crítica interna: En el plano nacional, esta postura alimenta la percepción de que Milei prioriza su alineamiento ideológico con ciertos gobiernos o bloques, por encima de valores universales como la igualdad y los derechos humanos.
- El trasfondo ideológico: Milei suele argumentar que las declaraciones colectivas son “gestos vacíos” o “instrumentos de corrección política”. Sin embargo, en este caso, la negativa se interpreta como un retroceso simbólico en la lucha contra el racismo.
Por qué es cuestionable: El racismo no es un tema opinable en términos de legitimidad: es una forma de violencia estructural que afecta a millones de personas en el mundo. Negarse a condenarlo públicamente coloca a Argentina en una posición incómoda, porque la condena no es solo un gesto diplomático, sino un compromiso ético.
En definitiva, lo que se discute no es solo la decisión puntual, sino el mensaje que transmite: ¿Argentina se desmarca de la defensa de los derechos humanos universales para sostener una narrativa ideológica? Esa es la raíz de la controversia y lo que vuelve este hecho tan cuestionable.
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