Las provincias del norte del país son las más golpeadas. El Noreste registra una caída del 7,1%, mientras que en el Noroeste fue de 3,4%. Jurisdicciones como Formosa y Gran Resistencia (Chaco) perdieron el 12% de su empleo formal, principalmente por el freno total de la construcción y la fragilidad de su entramado productivo.
En la zona patagónica, mientras departamentos vinculados a Vaca Muerta, como Confluencia y General Roca, mostraron el mayor dinamismo del país, otras zonas se hundieron. Tierra del Fuego sufrió el impacto de la crisis industrial, y departamentos como Corpen Aike (Santa Cruz) registraron una caída récord del 74%.
Si se posa la mirada sobre Cuyo y el Centro, se observa que San Luis y San Juan sufrieron pérdidas relevantes, mientras Mendoza se mantuvo estable gracias a la vitivinicultura. Ciudades intermedias ligadas a la agroindustria pampeana (como Trenque Lauquen o Caseros) lograron crecer, contrastando con la caída en grandes centros como Rosario o Córdoba.
Pablo Vommaro, director Ejecutivo de FLACSO e investigador del CONICET , considera que el derrumbe del empleo afecta negativamente a la cohesión social. “Por un lado se ve una destrucción de empleo privado y, por el otro, un aumento de la precarización, un deterioro y una degradación de las condiciones laborales”, analiza en términos generales.
Para Vommaro, “las ciudades pequeñas sin empleo privado o sin la posibilidad de crear puestos de trabajo tienen un futuro desalentador. Va a aumentar la migración de jóvenes a las grandes ciudades, lo que no solo deteriora las condiciones y expectativas de las ciudades pequeñas, sino que también afecta las condiciones de habitabilidad y de vivienda de los grandes conglomerados urbanos. Se profundiza un proceso de centralización y concentración urbana”.
Ignacio Garay, sociólogo e investigador del CETyD, indica a El Auditor.Info que “la geografía del empleo actual presenta patrones marcados de desigualdad territorial. Las regiones del país más afectadas son aquellas con estructuras productivas menos diversificadas, sobre todo en el sector de la construcción. Unos pocos departamentos han crecido en virtud de actividades productivas muy específicas como Vaca Muerta, minería de litio y la agroindustria, pero no redundan en una mayor integración dentro de las provincias que crearon empleo, y menos aún con otras provincias”.
Para el investigador, es importante aclarar que “los aglomerados urbanos como Gran Buenos Aires, Gran Córdoba y Gran Mendoza tienen mecanismos para amortiguar la crisis de empleo, a diferencia de los departamentos medianos y chicos, en los que esto se vuelve más problemático, porque la caída de la actividad principal en esos departamentos se traduce directamente en una merma del empleo local”.
“Hay una narrativa impulsada por el gobierno actual que sostiene que, aunque el empleo en el AMBA está atravesando un mal momento, por el contrario ‘el interior’ estaría en un momento virtuoso de ampliación del empleo privado. Justamente esa aseveración nos llevó a estudiar qué se ve cuando ponemos el foco en esos departamentos: el resultado es contrario a la afirmación, ya que dos de cada tres departamentos a lo largo y ancho de Argentina destruyeron empleo formal”.
Sin embargo, Vommaro plantea que «existen muchas estadísticas que muestran un deterioro parejo y uniforme de las diferentes regiones, provincias y el Área Metropolitana de Buenos Aires. Inclusive en algunas variables, el Gran Buenos Aires aparece mucho más deteriorado que las provincias. Es una narrativa histórica la de enfrentar a las provincias con Buenos Aires, y al Gobierno le es útil porque capta mucho voto antiporteño que, entre otras cosas, expresa un rechazo a los supuestos privilegios del AMBA.»
Fuente: El Auditor