7 de junio – Día del Periodista: Una profesión difícil, en un mar de mentiras y negacionismo.

Rio Grande 0/06/2026.- Es difícil describir la situación de los trabajadores de prensa en un tiempo donde muchos se dejan basurear por un psicótico y su pandilla de corruptos. Cuando muchos aceptan mansamente que se los trate de la peor manera, humillados, mal pagados y rodeados de una ignorancia que lastima. Es difícil en un tiempo donde la vulgaridad gobierna y la inteligencia hace silencio cómplice de tanta estupidez,

Es muy difícil cuando, desde algunos medios, se naturaliza el discurso de la violencia, la misoginia, la vulgaridad y el destrato a las minorías de este país. Es vergonzoso que algunos medios aplaudan hasta acalambrarse las manos adjetivos descalificativos como mandriles, kukas, ensobrados, o hablar de niños envaselinados, burlarse de niños autistas y calificarlos de militantes kirchneristas.

Es muy difícil ser periodista cuando un presidente hace referencia permanentemente a la sexualidad de las personas, descalifica a un colectivo como el feminista —que hoy tiene mayor convocatoria que la CGT y cualquier dirigente político— e invisibiliza los crímenes de mujeres explicando que son asesinatos y no femicidios, porque esto último pone a los hombres en desventaja. Tamaña demostración de ignorancia, tanta brutalidad y vulgaridad acumulada en una sola persona tiene que ver directamente con quienes apostaron a llevar a la presidencia a un desquiciado, y en esto los medios hegemónicos —o mejor dicho, algunos medios de CABA— pusieron todo para que esto pase.

Hoy esta pesadilla, de repugnantes acciones diarias casi de abuso, a jubilados, enfermos oncológicos, hospitales, universidades, entes del Estado, ferrocarriles, líneas aéreas… todo lo ha destrozado y todo sirve para distraer de los casos de corrupción como las coimas del 3 % de ANDIS, la estafa Libra, los narcos que rodean a diputados y funcionarios, el lavado de dinero de Manuel Adorni, y sigue la lista.

Solo los medios que se han visto beneficiados con pagos de empresas como YPF, Aerolíneas u otras continúan tratando de tapar el desastre, como ocurre en Tierra del Fuego. Ante el desastre generalizado, hay quienes insisten en terminar de entregar la provincia a como dé lugar, con los partícipes necesarios que dejan que se hable de esto sin vergüenza ninguna.

Da lo mismo quién maneje la intervención del puerto de Ushuaia; las cámaras de comercio piden que se apruebe la Ley de Reforma Laboral a sabiendas de que esto les permite despedir empleados sin pagar indemnizaciones, recortar vacaciones, aplicar un banco de horas y no pagar más horas extras. Volver a la esclavitud ya está normalizado.

Las decisiones que Milei ha tomado sobre esta provincia necesitaban de cómplices desclasados para llevarlas adelante, como la Ley de Glaciares, la Ley de Acuicultura, la quita de aranceles a los teléfonos celulares. El decreto 252, que equiparó ventajas comparativas que solo tenía esta provincia con el resto del país, dio un golpe mortal a las electrónicas.

Se han quedado con el Fondo de Ampliación Productiva (FAMP) por más de 268 millones de dólares. El gobierno provincial tampoco hace nada ante el evidente éxodo de empresas como Newsan o Mirgor, que hacen grandes inversiones en la provincia de Buenos Aires, mientras aquí están con suspensiones, despidos o retiros voluntarios. Como si todo esto no fuera suficiente, han destruido la industria petrolera firmando el traspaso de áreas de YPF a una empresa como Terra Ignis y luego contratando a una petrolera de dudoso origen y con cheques rebotados, apareciendo en el Veraz: Velitec, el nombre de la empresa que ha recibido quejas hasta de la Legislatura. Y hablando de la Legislatura, cómo será de grave la situación que, cuando un legislador pidió información sobre Terra Ignis, este engendro respondió que la información era “CONFIDENCIAL”.

Una locura tratándose de una empresa con 51 % de participación estatal en su conformación. Es decir, al igual que Milei, violan la Ley de Acceso a la Información Pública y faltan a la verdad casi diariamente. Es muy difícil trabajar en dos medios de comunicación cuando el destrato viene desde arriba.

Es muy difícil comunicar cuando el castigo es aplicar el silencio institucional ante tanta cantidad de hechos que ponen bajo sospecha a gran parte de la dirigencia política, sindical y social, y ante la verdad descubierta adoptan la susceptibilidad como arma de protección y no responden preguntas o responden banalidades, cuando no monologan una hora demostrando una habilidad innata para no decir nada.

Es difícil hacer comunicación con sueldos de supervivencia, un 50 % por debajo de la canasta familiar, y hasta en eso hay quienes inventan números que otros toman como reales, por ignorancia, omisión o mala intención. Muchos medios y trabajadores de prensa se ven obligados a hacer este juego perverso, donde no hay dos titulares iguales en una provincia con tres ciudades y menos de 300 mil habitantes. Reducir todo a lo que ocurre entre los tres vértices de la provincia es de un reduccionismo patético, donde vuelven a aparecer cada cuatro años personajes que tuvieron su cuota parte en la crisis cuasi terminal a la que todos ellos han llevado a la provincia en menos de cuarenta años.

Es difícil hacer periodismo cuando algunos que ni siquiera comen todos los días gracias a las políticas de Milei te tratan como si fueran los dueños de alguna de las muy pocas empresas que este gobierno nacional y provincial no ha fundido aún.

Es muy difícil hacer periodismo después de treinta y ocho años de profesión, cuando los que vienen detrás tienen menos producción que la señal de ajuste, cuando escuchás hablar mal, leer peor y opinar como si todas las opiniones fueran importantes, cuando no tienen contenido, ni fundamento, ni siquiera algún punto en común con la realidad.

Es difícil hacer periodismo cuando se naturaliza la crueldad, cuando ex socialistas ahora son libertarios, cuando muchos de ellos están camuflados y practican esta profesión.

Es difícil hacer periodismo cuando hay traiciones, deslealtades y cero vocaciones. Aun así, cumpliré este año treinta y nueve años en medios. Es mucho, es importante, me hace diferente. No soy parte de ninguna corporación, gremio o entidad que nuclee periodistas. No le milito nada a nadie porque mi trabajo es ser crítico, cuestionar todo y sospechar de todos, y eso hago todos los días.

A los que han vivido a costa del Estado no les gusta eso, pero es más difícil hacer periodismo cuando contar la verdad se convierte en una profesión de alto riesgo, porque: “Hacer periodismo es decir lo que nadie quiere que digas, lo demás son relaciones públicas.” Esa frase es magnífica, contundente y fiel al espíritu del periodismo auténtico.

Es una cita atribuida a George Orwell y resume con precisión la esencia del oficio: decir la verdad incluso cuando incomoda. De eso se trata: uno no trabaja en esto para quedar bien con nadie; lo hace porque hay una gran parte de la sociedad que no tiene voz y algunos se encargan de acallarlas aún más. Seguiremos de este lado, siendo brutalmente honestos, y a los que no les gusta les recomiendo que lean otra cosa, porque hacer periodismo es muy difícil en estos tiempos, pero cuando además se trata de imponer la ignorancia como norma, ya es demasiado.

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