"EL QUE QUIERE SER DIOS, TIENE QUE ESTAR EN TODAS PARTES"

«Esperando a Kirchner», podría llamarse la parodia que vivimos los fueguinos estos días. Que viene. Que no viene. Que tal vez. Que quizás. Finalmente faltó y llovieron las críticas, aunque también alguna que otra defensa del presidente de parte de quienes no dejaron de ver la oportunidad de reinstalarse bajo su halo protector.

Sin duda que el acto central de conmemoración de los 25 años de la gesta de Malvinas tiene una significación enorme. No sólo por el acompañamiento a nuestros héroes, y por el recuerdo de los caídos. También porque constituye un acto simbólico de reafirmación de nuestro reclamo de soberanía, que se lee fuera de nuestras fronteras. La ausencia del primer mandatario entonces podría debilitar ese sentido.

Pero el Presidente faltó, porque fue víctima de su propia lógica: cayó en su propia trampa.

Por un lado, porque fue él quien promovió como ninguno la mezcla de lo institucional con lo partidario, cuando por ejemplo intentó transformar el 25 de mayo en un acto apoyo a su gestión, dejando afuera de la conmemoración a todos los ciudadanos que no se identifican con su signo político pero sí hubieran deseado celebrar, con su Presidente, el nacimiento de la Patria. Así, sus seguidores en nuestra Provincia intentaron hacer lo propio colgando un vergonzoso cartel proselitista frente al lugar donde todo el pueblo se congregó para honrar, no una fórmula de gobierno ni un presidente, sino a los ex-combatientes.

Por otro lado, porque fue él quien procuró por todos los medios concentrar el mayor de los poderes posibles, utilizando entre otros recursos la centralización del poder económico a través de una gruesa chequera que maneja a su arbitrio. En este caso, los que se dicen sus seguidores, en lugar de pelear por la autonomía provincial se dedican a demostrar que son los más queridos por el presidente y eso sería una garantía para todos. No completan una frase sin nombrar al Presidente. Y nos dan vergüenza ajena cuando se matan por demostrar que son los que más llegada tienen.

Así las cosas, nuestro sistema político ha reforzado el centralismo y con él el hiperpresidencialismo. El presidente todo lo decide: desde una fórmula a gobernador y vice en cada una de las provincias, hasta qué obras necesita cada municipio.

Pero el que concentra el poder concentra también las quejas.

Si un gremio tiene un conflicto: a quién le va a reclamar. ¿A un Gobernador cuya única consistencia política es referir su cercanía con el Presidente y que gobierna a través de gestiones económicas en Buenos Aires, o al propio Presidente? Con seguridad, lo hará con el dueño del circo.

Si el Presidente Kirchner no vino a Ushuaia por temor a las manifestaciones o porque ya no apoya a la fórmula de Cóccaro y Bertone, son dos posibilidades ciertas. El problema ya no es tanto su ausencia, sino su excesiva presencia en aquellos lugares de decisión donde un Presidente no debe estar. En todo caso lo indudable es que cayó en su propia trampa: el que quiere ser Dios, tiene que estar en todas partes.

Leonardo Gorbacz

Diputado de la Nación (ARI).

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