La cruda historia de las latinoamericanas que limpian Alemania

Todos las ven y, sin embargo, no existen en las estadísticas. Cada día son más las inmigrantes que se ganan la vida haciendo los trabajos que las europeas desechan. Una investigadora especializada en migraciones, retrata el fenómeno.

Mirra Banchón
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Por el Día internacional de la Mujer en el año del Mundial de Fútbol en Alemania, los medios se han hecho eco de las campañas en contra de la prostitución obligada y la discriminación a la que se somete a esas mujeres. Según la Organización Internacional del Trabajo con sede en Ginebra, Suiza, a esa discriminación podría ponérsele fin tomando una medida bastante simple: ofreciéndoles un permiso de trabajo y de residencia.

Existe otro grupo femenino cuya discriminación está a ojos vista. Se trata de los escuadrones de mujeres extranjeras que limpian Alemania. Donatella Salvatori-Wolters, sicóloga especializada en familias migrantes y colaboradora de un centro de asistencia humanitaria, habla sobre ellas.

Oficialmente, no existen datos sobre los latinoamericanos que llegan a trabajar a Europa, pues muchos son ilegales, «y sobre ilegales no existen estadísticas». Pese a ello, organizaciones humanitarias conocen los mecanismos, los cuadros y las historias de esta población. Mujer inmigrante no es igual a mujer europea.

La cifra que se ha hecho pública con motivo del Día Internacional de la Mujer de que las mujeres en Alemania perciben un 15% menos que los hombres en el mismo puesto de trabajo, es en el caso de las mujeres inmigrantes muy inferior. La mayoría de ellas tienen profesiones muy modestas: limpian o trabajan en la gastronomía o trabajan en empresas familiares. Legal o ilegalmente, la mayoría de las mujeres que proviene de América Latina trabaja limpiando. «Son las criadas en este país», recalca Salvatori-Wolters y añade: «Organizan todo, trabajan muchas horas al día por poco dinero».

La solución, ¿son los papeles? Debido a las restricciones que existen en cuanto a la concesión de visas de trabajo, más aún desde que entrara en vigencia la nueva ley de extranjería en 2005, aparte del matrimonio con un ciudadano alemán o europeo, no existe otra salida de la ilegalidad. Sin embargo, a través de la legalidad, las mujeres inmigrantes no amplían mucho su campo de acción. «No pueden, en realidad, solicitar trabajo en ningún lado, tampoco optar por trabajos de oficina porque no llegan a las entrevistas», puntualiza.

A pesar de que una posibilidad real de obtener un trabajo más «digno» es mínima, muy pocas inmigrantes vuelven a sus países. Siempre que haya una posibilidad se quedan o se cambian de país dentro de la Unión Europea -España o Italia, por ejemplo- o buscan la manera de volverse «legal» dentro de Alemania.

Para obtener visa y residencia, seguridad médica y mayores oportunidades para los hijos las mujeres optan por «casarse por papeles» y, en general, pagan muchos miles de euros. Y se ponen en peligro, pues entre las nuevas medidas del reglamento de migración se contempla con mucha más facilidad una deportación. También se controla más lo matrimonios con extranjeros.

«Cuando existe la sospecha de un matrimonio por papeles, la policía de migración se acerca al domicilio y verifica los nombres en el timbre de la casa. Entran y preguntan por el o la ilegal que ha contraído recientemente matrimonio. Luego quieren pruebas: fotos de festejos familiares, por ejemplo», cuenta Salvatori-Wolters. Esto de los matrimonios por papeles las mujeres «no lo hacen porque sean parásitos de los aparatos estatales, como podría pensarse, sino porque su objetivo es trabajar». El motor económico.

«Y lo hacen hasta reventar», recalca. Las mujeres inmigrantes se encargan de la manutención de la familia aquí y, sobre todo las latinoamericanas, «trabajan como burras». Con ello, mantienen a los hijos y al marido quien con frecuencia, es su parásito. En este submundo, donde los papeles están invertidos, las mujeres no tienen más poder por ser las que ganan el dinero.

«Para ellas no queda nada, pues todo se invierte en la familia. Cuando no tienen hijos quizá quede algo para ellas. Pero la mayoría tiene hijos, aquí o allá en el otro continente. Y en su pensamiento están siempre con su familia y con sus obligaciones. Se trata por lo general de personas de las clases sociales más bajas, sin demasiadas perspectivas en sus países de origen. Las mujeres inmigrantes de Latinoamérica sólo tienen obligaciones sobre su espalda. El marido que bebe y quizá le pega, los hijos, la familia en el país de origen que cuenta con el dinerito… ¿Una que se dé la gran vida? No se me ocurre ni una sola», concluye.

Fuente: Deustche Welle

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