Denuncian un grave caso de maltrato en la base naval de Puerto Belgrano

Cinco uniformados recién ingresados fueron obligados a sentarse en agua hirviendo. Uno de ellos sufrió quemaduras muy graves. Se abrió un expediente secreto. No habría actuado la Justicia militar.

Natasha Niebieskikwiat.
natashan@clarin.com
Ocurrió en la base naval de Puerto Belgrano, la más importante de la Armada argentina, ubicada al sur de Bahía Blanca. Allí, en lo que se considera la «tradicional» bienvenida a los uniformados recién llegados, cinco integrantes de la Agrupación de Comandos Anfibios, que depende de la Escuela de Infantería de Marina, tuvieron una recepción singular con la muestra de una cultura aberrante que reapreció en este caso.

Cinco oficiales y suboficiales fueron manteados y obligados a quedarse sentados en una zanja por la que circula agua hirviente. Por las quemaduras que sufrieron en las piernas, glúteos y zona testicular, debieron ser internados en el hospital naval de Puerto Belgrano. Un teniente de fragata fue el más afectado, con quemaduras de primero y segundo grado. Aún se desconoce cuál, pero a uno de ellos se le habrían tenido que hacer implantes de piel.

El hecho ocurrió a principios de diciembre de 2004. Pero se conoce ahora gracias a una denuncia a la que tuvo acceso Clarín, confirmada luego a través de distintas fuentes.

Por esos malos tratos con su propia tropa que a veces se practican en las Fuerzas Armadas, y que en la Argentina democrática tuvo su máxima expresión de tragedia a mediados de los noventa en la figura del soldado Omar Carrasco (ver pág. 17), autoridades de la base de Puerto Belgrano ordenaron en principio abrir un expediente, que terminó guardado con carácter secreto. Pero el caso no parece haber pasado a la Justicia militar y se desconoce si todos los responsables de estos graves hechos fueron sancionados.

Clarín tuvo acceso a una declaración interna, fechada el 3 de enero de 2005, del principal afectado físicamente por el «baile» a los cinco uniformados, al parecer todos jóvenes de origen bastante humilde. Corresponde a la información APCA, JBY, Nø 01/04 «S»

Su «causante» fue el teniente de fragata Bernabé Sergio Néstor Cardozo, a quien un «oficial informante» le pregunta cuándo sufrió el «accidente» que generó su lesión, y algunos pocos detalles de la misma y de cómo se sucedieron los hechos.

Entonces Cardozo relató que fue al mediodía del 9 de diciembre, durante la bienvenida a los nuevos egresados del curso de Comandos Anfibios, cuando él aún no tenía designada función.

Entonces se lo obligó a hacer una «doble fila integrada por personal de la Unidad». No está dicho en detalles en la declaración de Cardozo, pero fuentes muy ligadas al episodio contaron que en ese pasaje, los recién egresados debieron soportar los golpes de los más antiguos comandos.

El «baile» recién comenzaba. Es que la Unidad finalizaba su recorrido por una zanja que se encuentra dentro de las instalaciones del cuartel de la Escuela de Infantería de Marina, por la que corre agua a cien grados centígrados. Cardozo y varios de sus compañeros fueron obligados a «permanecer sentados dentro de la misma hasta que pase el último comando anfibio recién egresado», señaló en su testimonio el teniente de fragata.

«Debido a que fui el primero en realizar el pasaje, permanecí sentado en la zanja hasta que finalizó el último comando anfibio, siendo en total 10, por lo cual fui el que más tiempo estuve expuesto al agua», señaló este oficial, nacido en Salta, en 1975.

No fue sino hasta el momento del asado con sus compañeros y superiores, los mismos que ordenaron la tortura, que Cardozo empezó a sentir que el «ardor» previo en sus «extremidades inferiores expuestas al agua» se transformaba en un dolor aún más intenso «en las piernas».

Minutos después debió ser trasladado a la enfermería de la Escuela de Infantería. «Fui atendido por la cabo primero enfermero Sandra Susana Sierra, quien constató que poseía quemaduras de primero y segundo grado». Allí estuvo tres días, hasta que fue trasladado a la guardia médica del hospital naval donde se decidió que permaneciera internado «debido a la gravedad de mis quemaduras».

En la declaración de Cardozo también están citados como víctimas internadas en el hospital naval por las quemaduras sufridas los cabos segundos José Rómulo Raúl Volggi y Gerardo Martín Cancina Quezada; y los cabos primeros Eloy Armando Salva y Juan Alejandro Urzagasti. Habría otros lesionados pero «con irritaciones en la piel».

Al preguntársele quién ordenó la actividad que le ocasionó «la lesión», Cardozo respondió que fueron el jefe del departamento de cursos de la Escuela de Infantería de Marina, capitán de fragata Alejandro Daniel Pereyra, y el comandante de los Anfibios, capitán de corbeta Alberto Daniel Bertrán. La escuela de Infantería de Marina estaba dirigida por el capitán de navío Gustavo Bardi, cuyo segundo era el capitán de navío Jorge Roemhild.

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