El Gobierno nacional prefiere refugiarse en las estadísticas del pasado para mostrar cómo anda la economía, cuando en el tablero de la coyuntura se encienden luces de alerta.
El indicador amarillo ya estaba prendido en cuanto al índice de precios, que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) insiste en afirmar que ronda el 10 por ciento anual, cuando todos los relevamientos privados revelan un incremento de entre 23 y 24 por ciento en los últimos 12 meses.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) alertó sobre el impacto negativo que produce en la economía no tener un índice de precios creíble. Ante la falta de una orientación clara, la sociedad prevé una inflación del 30 por ciento, según la última medición de la encuesta de expectativas de la Universidad Torcuato Di Tella.
Otra grave distorsión se origina en torno al dólar, moneda de referencia para el ahorro de los argentinos. Mientras la cotización oficial se ajustó 5,5 por ciento en lo que va del año, el dólar en el mercado paralelo ya aumentó casi 40 por ciento. La diferencia entre el valor oficial y la cotización marginal –más del 80 por ciento– provoca enormes perjuicios tanto para exportadores como para importadores.
Incluso, la producción de granos, que este año rondará los 95 millones de toneladas, no se vende a la espera de que una mayor devaluación mejore los precios para los agricultores. Toda una distorsión en un país que necesita comercializar
sus granos en el exterior para mejorar el ingreso
de divisas.
La última señal equivocada de la gestión de Cristina Fernández fue el episodio que protagonizó el ministro de Economía de la Nación, Hernán Lorenzino, quien no supo responder simples preguntas de una periodista griega sobre cuál era la inflación real en el país. Su respuesta “me quiero ir” explotó en las redes sociales y recorrió el mundo entero, dañando aún más la imagen de quienes conducen los asuntos económicos.
El efecto involuntario fue visibilizar los signos de estancamiento y la desaceleración en la generación de empleo privado formal. Precisamente, el Indec reconoció que en ese sector –el que produce la mayor riqueza de la Argentina– el empleo apenas se expandió 0,4 por ciento con relación con fines de 2012.
La Presidenta debe enviar señales claras sobre qué pretende hacer en materia económica a mediano plazo. No basta con la ironía de “ven, no se quiere ir”, que pronunció al ratificar al ministro Lorenzino.
El desgaste que causa la inflación en quienes tienen ingresos fijos, la poca actividad generada en torno de la segunda cosecha récord, cuando podría alentarse una mayor recuperación en el interior, y las especulaciones sobre el dólar merecen respuestas contundentes. Lo demás es efímero y obligará a un ajuste tras las elecciones.
Fuente:lavoz.com.ar
