Los actos de discriminación y xenofobia continúan ganando terreno desde distintos escenarios, pese a la repulsa generalizada que despiertan en la opinión pública. Por lo visto recientemente, no hay fronteras ni eventos exclusivos para descargar estas deplorables manifestaciones.
La aparición de un video en el que se oye a efectivos de la Marina chilena entonar cantos xenófobos contra argentinos, peruanos y bolivianos desató un escándalo mayúsculo y la reacción de los gobiernos de los países afectados.
En este caso, el episodio cobró mayor gravedad y tuvo repercusiones internacionales por tratarse de una conducta de malas artes cometida desde el seno de una de las armas emblemáticas de las Fuerzas Armadas chilenas.
Sin embargo, mientras ese escándalo se difundía a gran escala, desde los propios medios de comunicación de Chile dieron cuenta de otro video, presuntamente grabado en 2012, en el que aparecerían imágenes de cadetes de la Policía de la Provincia de Mendoza entonando cánticos con contenidos xenófobos contra el país trasandino.
Lo que ha quedado al desnudo luego de estos desvaríos es que las conductas xenófobas y de discriminación parecen no tener escenarios exclusivos y que no son sólo patrimonio de algunas hinchadas en los estadios de fútbol.
Más allá del malestar que expresó el Gobierno argentino a su par chileno por los cánticos violentos de integrantes de la Marina de aquel país, fronteras adentro nadie puede sacarse de encima la responsabilidad de tomar las acciones pertinentes a fin de desterrar estas conductas.
Las quejas por comportamientos inaceptables no deben ocultar, sin embargo, que en la Argentina la discriminación se presenta en diversas formas; de ello pueden dar cuenta las personas con capacidades diferentes y aquellas que son relegadas por cuestiones étnicas.
También constituyen episodios de inequívoca discriminación la explotación laboral sin límites a la que son sometidos ciudadanos bolivianos y peruanos en distintas provincias argentinas, por nombrar los casos más repetidos en las denuncias que se formulan, mientras el Estado mira para otra parte pese a que conoce cómo y dónde se registran esos atropellos.
Es posible que el capítulo de los marinos chilenos pase a un segundo plano a la luz de la dinámica de la información, pero el combate al flagelo de la discriminación debe centrar la atención diaria de las autoridades del Gobierno nacional y, también, de las provincias y municipios.
Es necesario que la sanción a los responsables de estos actos se focalice no sólo en los barrabravas que concurren a los estadios de fútbol con fines claramente determinados, sino también en el marco de toda actividad que configure un desprecio a la dignidad de las personas, cualquiera sea su origen, religión o raza.
Fuente:lavoz.com
