Hoy, en la Argentina, el concepto reaparece con fuerza para describir a la nueva casta libertaria. Tal como señaló el psiquiatra Enrique Stola, Javier Milei y su entorno no forman parte del poder económico tradicional: no son Rocca, no son Madanes Quintanilla, no son Macri. Son outsiders que llegaron al Estado desde la marginalidad política y mediática, y que ahora ejercen poder real, aunque sin pertenencia ni legitimidad en los círculos empresariales históricos.
La paradoja es evidente:
- Sus políticas benefician a los grandes grupos económicos mediante desregulación, ajuste y debilitamiento sindical.
- Su estilo confrontativo los vuelve indeseables para esos mismos grupos, que los toleran solo mientras resulten útiles.
- Los empresarios tradicionales los consideran lumpenes con poder, figuras incómodas que no comparten códigos ni cultura de las élites.
El insulto de Milei a Paolo Rocca, llamándolo “Don Chatarrín de los tubitos caros”, y sus ataques a Javier Madanes Quintanilla, son ejemplos claros de esa tensión. El establishment económico los usa, pero no los soporta. Los ve como un mal necesario, como lumpenes que ocupan transitoriamente el poder político, pero que nunca serán aceptados en la mesa chica del verdadero poder económico.
En definitiva, la “casta lumpen” libertaria encarna un fenómeno inédito: marginales que gobiernan, outsiders que se sientan en el sillón de Rivadavia pero siguen siendo ajenos a la élite. Lumpenes con poder, sí. Pero lumpenes al fin.
El lumpen designa al sector social más marginal y desposeído que se encuentra por fuera o por debajo de la estructura de clases tradicional, careciendo de conciencia de clase y de recursos económicos formales.
Fuente: www.lalicuadoratdf.com.ar
