Desconocimiento del mandato popular
Villarruel fue votada por millones de argentinos como parte de la fórmula presidencial. Exigir su renuncia implica ignorar la voluntad soberana del pueblo y abrir un precedente peligroso: que un funcionario del Ejecutivo pueda desplazar a una autoridad electa por diferencias internas.
La complicidad de Milei
El silencio del presidente Javier Milei frente a las declaraciones de Santilli, e incluso su aval implícito al retuitear mensajes contra Villarruel, lo convierten en cómplice de un intento de debilitamiento institucional. En lugar de defender la legitimidad de su compañera de fórmula, Milei se suma a la campaña de hostigamiento, profundizando la fractura en el gobierno.
Falta de respeto a las instituciones
La vicepresidenta no solo integra el Poder Ejecutivo: también preside el Senado, un rol clave en la independencia de poderes. Pedir su renuncia desde el Ejecutivo es un atropello a la división republicana de funciones y una señal de desprecio hacia el equilibrio institucional que sostiene la democracia.
- Gobernabilidad en riesgo: un Ejecutivo dividido debilita la capacidad de gestión y negociación con el Congreso.
- Credibilidad internacional: la imagen de un gobierno que desconoce sus propias reglas democráticas erosiona la confianza externa.
- Precedente peligroso: si se normaliza que un jefe de Gabinete cuestione a una vicepresidenta electa, se abre la puerta a futuros intentos de desestabilización.
En conclusión, las palabras de Santilli y la actitud de Milei no son un episodio menor: son un ataque directo a la institucionalidad democrática argentina, que pone en duda el respeto al voto popular y a la independencia de poderes.
Con información de Ámbito, Infobae y Perfil, la licuadoratdf.com.ar y NA
