Los principales diarios estadounidenses pusieron el foco en el costo político de la guerra para Donald Trump, la ambigüedad del texto respecto al enriquecimiento de uranio y las comparaciones con el acuerdo nuclear de 2015 impulsado por Barack Obama.
Mientras algunos observadores sostienen que el nuevo pacto ofrece mayores concesiones económicas inmediatas a Teherán, otros consideran que es menos detallado y menos exigente en materia de controles nucleares.
Por su parte, la prensa europea, priorizó el alivio por la reducción del riesgo de una guerra regional que amenazaba la estabilidad energética y comercial del Viejo Continente, y celebró el descenso de los precios del crudo tras la reapertura parcial del estrecho de Ormuz.
Sin embargo, la preocupación central de casi todos los análisis occidentales es la posición de Israel, cuyo gobierno considera que el acuerdo no resuelve adecuadamente el problema nuclear iraní ni el apoyo de Teherán a grupos aliados en la región.
La continuidad de operaciones militares israelíes en Líbano y los incidentes posteriores a la firma son vistos como el principal riesgo para la supervivencia del proceso diplomático.
A su vez, los medios conservadores de Estados Unidos y Europa cuestionaron que Washington haya concedido demasiado —levantamiento progresivo de sanciones, liberación de fondos congelados, autorización para exportar petróleo y un plan de reconstrucción económica valorado en unos 300 mil millones de dólares— a cambio de compromisos todavía poco concretos.
Los defensores del acuerdo responden que sin incentivos económicos habría sido imposible llevar a Teherán a una negociación duradera. Pero la reacción dominante en la prensa occidental se resume en una fórmula: mejor que la guerra, pero lejos de la paz definitiva.
Existe consenso en que el éxito o fracaso del memorando dependerá de tres variables críticas: el control efectivo del programa nuclear iraní, la actitud de Israel y sus aliados regionales, y la capacidad de ambas potencias para convertir este entendimiento preliminar en un tratado vinculante dentro del plazo establecido. En la mayoría de los editoriales y análisis publicados hoy, la palabra que más se repite no es «paz», sino «incertidumbre».
(InfoGEI)
