A los ya archiconocidos fundamentos del gasto que, por cierto, no son ni el 1% de lo que nos cuesta el Superior Tribunal de Justicia, el Tribunal de Cuentas o la Fiscalía de Estado —unos 45 millones de dólares anuales—, se sumó el “¿a quién le importa la reforma?”. Pues bien, la pregunta es sencilla y de fácil respuesta.
Si no le interesa a nadie, ¿por qué están hablando todo el tiempo del tema? Si no le soluciona los problemas reales a la gente, ¿por qué se habla todo el día? Si no le va a dar trabajo a los más de 13 mil puestos de trabajo perdidos, ¿por qué se habla todo el día? Si no le va a devolver los medicamentos a los afiliados de OSEF, ¿por qué se habla todo el día? Si no va a sacar al 31% de la población de la provincia de la pobreza, al 6% de la indigencia, ¿por qué se habla todo el día de la reforma constitucional?
Porque si los constitucionalistas más destacados del país han dicho que no se puede suspender el proceso electoral, los que no tienen ni idea opinan lo contrario. ¿Por qué le preocupa tanto al círculo rojo que se reforme la Constitución? ¿Cuáles son los reales motivos por los que los pelagatos defienden los privilegios del poder económico local? ¿Por qué los pobres defienden los sueldos escandalosos de los funcionarios?
¿Por qué el Estado, o sea nosotros, tenemos que sostener hiperestructuras elefantiásicas que solo reportan gastos sin ningún resultado, como la Secretaría de Industria, el Laboratorio del Fin del Mundo, el IPRA y las áreas antes mencionadas, cuyos cargos son vitalicios, retrógrados, anquilosados y perimidos?
Porque si la reforma de la Constitución de Tierra del Fuego no le importa a nadie y no soluciona ningún problema, machacan todo el maldito día con el tema. Y cuando muchos de los opinologos del “cualquier cosismo” solo se oponen por cuestiones personales, sin un solo fundamento jurídico válido y, por supuesto, mega subjetivos, ultra subjetivos, tendenciosos y, cuando no, malintencionados.
¿Es un problema que la gente piense? ¿Desde cuándo se piensa en nombre de la ciudadanía? ¿Quién les dio la representatividad del pensamiento? A muchos debería darles vergüenza no poder ni siquiera explicar esta contradicción y, como dijo Graciela Fernández Meijide, “al menos tengan la humildad de disimular su ignorancia” y dejen de arrogarse cuestiones que nadie les dio como representatividad.
La reforma constitucional sí le importa a los que han vivido del Estado, a los que han hecho negocios con el Estado, a los que se enriquecieron con el Estado, a los amigos de los funcionarios que cobran fortunas por pautas publicitarias, a los privilegiados que han recibido desde terrenos hasta casas, dudosos contratos de obra, a los que armaron empresas con el Estado y se fundieron, a los amigos del poder, a los que son funcionales —y no gratis precisamente—, a los que pretenden sentarse en el sillón de gobernador sin la más mínima experiencia y a los lamebotas que están listos para hacerles de alfombra.
La reforma le importa a los que hoy se dan cuenta que trabajaron gratis para los que se enriquecieron, a los que creen que forman parte de espacios donde jamas los tuvieron en cuenta, a los que adoran los títulos aunque quienes los portan sean malas personas, con pensamientos obtusos y no les importe nada de lo que le pasa a los fueguinos, porque nunca les importó.
A los que les encanta decir “sí, bwana”, miserables rastreros que han vivido como parásitos indignos sacando tajadas desde que esto existe. La reforma constitucional le interesa a los que durante 36 años no hicieron nada para solucionarle los problemas a la gente. Les interesa a los que quieren volver a ocupar cargos y prometen conchabos a cataratas de inútiles que figurarán como asesores de la nada que son.
Les interesa a los que quieren mantener una pequeña cuota de poder y se han cagado en la gente durante décadas, enriqueciéndose de manera descarada a costa del esfuerzo de miles de fueguinos y fueguinas que están cada vez peor, en la más profunda miseria, endeudados, empobrecidos, sin empleo, sin educación, sin futuro, gracias a los que dicen que “la reforma constitucional no le importa a nadie”.
A algunos, sí nos importa, para poder sacarlos al carajo de cargos que solo pueden ocupar en esta provincia feudal, dependiente y sumergida en la ignorancia.
En mi opinión, se trata de un ardid distractivo para tapar las coimas de Karina, el robo de Adorni, la estafa Libra de Milei, los narcos, Villaverde y Espert, o los 700 mil dolares Órnela Calvete, cuando no, las 24 mil empresas cerradas, las 300.000 cuentas sueldo cerradas o los 964 millones de dolares o 320 mil millones de pesos que le recortaron a la provincia. Hacer silencio es ser cómplices, los 350.000 puestos de trabajo perdidos, el fracaso del RIGI o el endeudamiento récord de Argentina que supera los 460.000 millones de dolares.
El que esté libre de culpa y cargo, que arroje la primera piedra. Pero, si así fuera, habría que ir a buscar ripio a Santa Cruz.
