Por: Lorena Uribe y Armando Cabral
La pregunta es: ¿qué piensa la gente de esto? ¿Qué pasa por su cabeza cuando vuelven a ver, por enésima vez, a un posible candidato que hace décadas ocupa distintos cargos —ejecutivos, electos o como asesores y punteros— y que solo promete lo que ya se ha escuchado hasta el hartazgo, sin que aparezcan soluciones reales? Ejemplos sobran:
- La crisis energética en Ushuaia, sin reclamos oficiales ni denuncias.
- El proyecto del puerto en Río Grande, discurso repetido desde 1998.
- La implementación de energías renovables (eólica, mareomotriz, solar, hidrógeno verde).
- El puerto en la zona de Las Violetas, prometido para julio de 2024 y aún paralizado.
- La reconversión de la matriz productiva fueguina, sin proyectos en ejecución tras seis años.
- El desarrollo de la pesca artesanal en Río Grande, sin un solo bote para impulsar una industria global.
- La demanda habitacional: más de 15 mil habitantes reclaman una vivienda digna.
- La producción de viviendas de madera, lógica para la zona, aún en tratativas.
- La soberanía alimentaria, discutida hace 35 años, con avances solo en Río Grande.
- La reparación de establecimientos educativos en toda la provincia.
- La eficiencia del sistema de salud, con caída de afiliados y pérdida de coberturas. El Gobierno Provincial invierte más de mil millones mensuales en medicamentos, mientras Río Grande cubre gran parte de la demanda con 15 centros de salud. Ushuaia solo cuenta con uno.
- La normalización de urbanizaciones en la capital fueguina, aún pendiente.
- Servicios básicos como agua potable y gas, faltantes en varios barrios de Ushuaia y Río Grande.
- La conectividad: el cruce por aguas argentinas prometido hace más de 40 años, incumplido por todos los gobiernos.
- La conectividad aérea: desde 1991 la prioridad fue Ushuaia; Río Grande perdió vuelos y Tolhuín sigue sin sala de partos.
- El segundo puente para unir Margen Sur con el centro de Río Grande, convertido en embudo.
- El Paso Garibaldi, único transcordillerano del país, en condiciones lamentables desde hace cinco años.
La independencia económica no existe, la justicia social está ausente y la soberanía política no se respeta. Cientos de empresas quebraron: el primer gran golpe fue en 2001, luego entre 2015 y 2019 con Mauricio Macri, y ahora el tiro de gracia con Javier Milei. Todos los gobiernos pensaron en su quintita, cuidaron su trasero y dejaron al pueblo en tercer lugar, detrás de parientes y amigos.
Los políticos que fundieron la provincia siguen apareciendo en actos, prometiendo lo que sabemos que no cumplirán. Así se dice “soy candidato” sin decirlo: con discursos de recién llegados, como si nada de lo patético que ocurre fuera su responsabilidad. Monologan, faltan a la verdad y olvidan sus antecedentes, prueba de que no funcionaron.
Desde José Estabillo en adelante, nunca hubo crecimiento. Carlos Manfredotti, Jorge Colazo, Hugo Cóccaro, Fabiana Ríos, Rosana Bertone y Gustavo Melella: todos dejaron crisis, pagos en cuotas, represión o promesas incumplidas. Desde 1991 a la fecha, nada mejoró. La población creció, pero la mediocridad, la desidia y el saqueo permanente empeoraron todo.
Eso sí: quienes pasaron por la Casa de Gobierno están en excelente situación económica, mientras el pueblo pasa hambre. Legisladores, funcionarios y punteros multiplicaron patrimonios, mientras faltan 20 mil viviendas.
Las mujeres en cargos electivos tampoco escaparon al sometimiento. Por mantener cuotas de poder, se alinearon con referentes y dejaron caer cinco proyectos de paridad de género. Tierra del Fuego sigue siendo una de las dos provincias sin Ley de Paridad, pese a que las mujeres somos más del 50% de la población.
Mientras tanto, los conocidos de siempre siguen en campaña, pero sin decirlo. Frases como “no es momento para lanzar campañas”, “lo primero es la gestión” o “estamos administrando la escasez” son señales claras de que están en campaña sin admitirlo.
La ciudadanía debe pensar muy bien lo que hará en los próximos años, para no volver a ser engañada. Porque los que prometen libertad son tan inescrupulosos como los anteriores. La entrega de recursos naturales, el RIGI, la salmonicultura y el puerto son ejemplos de lo que está en juego.
Los que hoy vuelven a aparecer deberían dar paso a dirigentes con ideas nuevas, transparencia, honestidad intelectual, humildad y empatía. De lo contrario, se transforman en un ombú: debajo de ellos no crece nada.
