Juan José Castelli relata un momento de aquel 25 de Mayo de 1810

Lo que sigue es un extracto del libro de Andrés Rivera, “La Revolución es un sueño eterno, donde Juan José Castelli, se pregunta que juraron los hombres de Mayo de 1810 arrodillados sobre el piso de ladrillos de la sala capitular del Cabildo. Es un pequeño aporte de La Licuadora en el marco del bicentenario de la independencia de nuestro país y un reconocimiento a los hombres que la forjaron.

Esto se preguntaba Juan Jose Castelli aquel 25 de Mayo de 1810 según Andres Rivera autor del libro, «La Revolución es un sueño eterno».

¿Qué juramos, el 25 de Mayo de 1810, arrodillados en el piso de ladrillos del Cabildo?, ¿Qué juramos, arrodillados en el piso de ladrillos de la sala capitular del cabildo, las cabezas gachas, la mano de uno sobre el hombro del otro?, ¿Qué juré yo, de rodillas en la sala capitular del cabildo, la mano en el hombro de Saavedra, y la mano de Saavedra sobre los Evangelios, y los Evangelios sobre un sitial cubierto por un mantel blanco y espeso? ¿Qué juré yo, en ese día oscuro y ventoso, de rodillas en la sala capitular del Cabildo, la chaqueta abrochada y la cabeza gacha, y bajo la chaqueta abrochada, la cabeza gacha, y bajo la chaqueta abrochada, dos pistolas? ¿Qué juré yo, de rodillas sobre los ladrillos del piso de la sala capitular del Cabildo, a la luz de velones, la chaqueta abrochada, las pistolas cargadas bajo la chaqueta abrochada, la mano de Belgrano sobre mi hombro?
¿Qué juramos Saavedra, Belgrano, yo, Paso y Moreno, Moreno, allá el ultimo de la fila viboreante de hombres arrodillados en el piso de ladrillos de la sala capitular del Cabildo, la mano de Moreno, pequeña, pálida, de niño, sobre el hombro de Paso, la cara lunar, blanca, fosforescente, caída sobre el pecho, las pistolas cargadas en los bolsillos de su chaqueta, inmóvil como un ídolo, lejos de la luz de los velones y candiles, lejos del crucifijo y los Santos Evangelios que reposaban sobre el sitial guarnecido por un mantel blanco y espeso? ¿Qué juró Moreno, alli el ultimo en la fila viboreante de hombres arrodillados, Moreno, que estuvo, frió e indomable, detrás de French y Beruti y los llevó, insomnes, con su voz, apenas un silbido filoso y continuo a un mundo de sueño, y French y Beruti, que ya no descenderían de ese mundo de sueño, armaron a los que, apostados frente al Cabildo, esperaron, como nosotros, los arrodillados, el contragolpe monárquico para aplastarlo o morir en el entrevero?
¿Qué juramos allí, en el cabildo, de rodillas ese día oscuro y otoñal de mayo? ¿Qué juro Saavedra? ¿Qué Belgrano, mi primo ¿Y que el doctor Moreno, que me dijo rezo a Dios para que a usted, Catelli, y a mi, la muerte nos sorprenda jóvenes?
¿Juré, yo, morir joven? ¿Y a quien juré morir joven? ¿Y por que?

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