Luego de que el Senado aprobó el proyecto oficialista para prorrogar por el término de un año las facultades delegadas por el Congreso al Poder Ejecutivo, el camino quedó totalmente allanado para llevar adelante la iniciativa. Quizás desde el aspecto político sea una mala idea, pero desde el aspecto económico financiero podría llegar a considerarse excelente. Porque está medida, si fuera comunicada tal cual, caería como un baldazo de agua fría en las huestes de los dirigentes y productores agropecuarios. Pero como la intención del gobierno es disminuir o hasta eliminar las retenciones del trigo y el maíz, el impacto mediático sería diferente. ¿Y por qué hablamos de una medida económica excelente?. Porque este tipo de iniciativas odiosas cuando se deciden tomarlas, no se piensa en la gente, sino en el dinero y en la caja. Dinero que falta a nivel nacional y peor es la situación provincial con cajas que cada vez son más pequeñas, ya sea por menor producción o por bajos valores de los comodities agropecuarios.
Y la explicación de lo exitoso de esta nueva medida es sencilla pero por ello no menos interesante.
Le bajarían –o eliminarían- las retenciones al trigo y al maíz, cuando ya sabe el gobierno que en el caso del primero este año no habrá saldo exportable, es decir cobrarían retenciones a la nada. En el caso del maíz, con la magra cosecha que podemos llegar a obtener este año, el saldo exportable sería de tan solo 4 millones de toneladas. Equivalente a 98 millones de dólares en concepto de retenciones a las exportaciones. Una cifra verdaderamente exigua. En el caso de la soja y con todos los vaticinios que vienen haciendo supuestos consultores independientes que estiman una super cosecha record de 52 millones de toneladas de soja argentina, los números superarían holgadamente cualquier cifra que se pueda llegar a dejar en el camino al disminuir o eliminar las retenciones a otros productos. Con una posible y “soñada” cosecha de 52 millones de toneladas, la recaudación por derechos de exportación al 35% sería de 6.370 millones de dólares. Si calculamos con una alícuota de 40% la cifra se iría a 7.280 millones de dólares (910 millones de dólares más) y si la retención la calculamos a 45%, el monto total sería de 8.190 millones de dólares (1.820 millones de dólares más). Siempre hablamos de la diferencia en más sobre el importe que se cobraría por retenciones al 35% (derecho actual) sobre una cosecha de 52 millones de toneladas de soja –que todavía hay que sembrarla-.
Como vemos el impacto en el común de la gente –la sociedad citadina y aquellos que no tienen nada que ver con el campo- no sería para nada negativo. Al contrario, y en coincidencia con los últimos discursos de la señora Presidente donde destaca que lo terrible no es la pobreza sino la inequidad, este argumento avalaría la decisión de la suba de las retenciones “sólamente” a la soja. Esta oleaginosa que es sinónimo de abundancia, ganancias espectaculares, de yuyo que crece en todos lados, de ricos oligarcas, de futuro a través del biodiesel, de todo aquello que la gente creyó de lo que le han dicho en los últimos dos años.
Y al hombre de campo, le estarían sacando dinero en el único producto que quedó siendo rentable. Pero con el argumento de que este año en vez de obtener 32 millones de toneladas de producción, como la que tuvimos, tendrán 52 millones de toneladas: un aumento del 61%. Es decir, los chacareros este año van a tener una producción un 61% más grande que el año anterior, por ende, les ingresará un 61% más de dinero. Teóricamente, y bajo la mirada del gobierno, el trastorno no sería tan grande, y el compromiso que todos tenemos para que la sociedad argentina sea más equitativa, estaría encaminado.
Lógicamente debemos considerar varios factores: la supuesta cosecha de 52 millones de toneladas de soja todavía no está sembrada; los precios internacionales se encuentran sostenidos, pero nadie tiene la garantía de que continúen así ad eternum; y no podemos dejar de mencionar el “pequeño” detalle que es el clima. Esta posible “super cosecha” es todavía una burbuja que aún ni se empezó a soplar (salvo, claro, por los analistas). Los consultores vociferan esta cifra record, llamando la atención de los hambrientos recaudadores, sin siquiera “analizar” las potenciales nefastas consecuencias de estos vaticinios. ¿A nadie se le ocurrió que le están sirviendo en bandeja los argumentos necesarios para poder aumentar las retenciones, sin “afectar” a los productores agropecuarios?
La potencial super cosecha se puede transformar en la carnada ideal, que no dejará de llamar la atención a alguno de los tantos “especialistas” de escritorio, que encontrarán en ella la solución mágica. Una vez encendida la mecha, la pregunta a considerar es cuál sería el momento más oportuno para anunciar semejante medida. Porque de hacerlo ahora, muchos productores decidirán no sembrar soja.
Pero si la medida se toma en diciembre, cuando toda la soja ya está sembrada, sería un golpe fatal en forma retroactiva.
¿No será posible solicitar a través de los legisladores una especie de aval o garantía, para que no nos encontremos nuevamente en una situación similar a la de noviembre de 2007?
¿O nadie se acuerda?.
Escribe: Alejandro Ramírez
Analista Agropecuario.
