Crece la brecha de precios entre supermercados y comercios tradicionales

No contar con información de la dinámica de precios tanto en supermercados como en comercios tradicionales genera sesgos en el cálculo de la inflación. Ecolatina junto a Tomadato, desde hace más de dos años, releva precios en ambos canales para elaborar su índice (IPC Ecolatina). Con el fin de mostrar los errores que pueden generase al omitir los comercios tradicionales, confeccionamos una canasta de 50 productos y comparamos sus precios contra los supermercados. En mayo la muestra en tradicionales fue 13,8% más cara que en supermercados, según surge de nuestros relevamientos en Capital Federal y el conurbano bonaerense.

La diferencia de precios entre supermercados y tradicionales se viene ampliando. Las promociones y descuentos aplicados por las grandes cadenas en los últimos meses profundizan la brecha.
 Cabe destacar, que en aquellos productos bajo acuerdo de precios con el gobierno la brecha es aún mayor.
 El pan se vende en los supermercados a menos de la mitad del precio promedio observado en las panaderías encuestadas ($ 2,5 Vs. $ 6,1, respectivamente).
 De los seis cortes de carne vacuna incluidos en la canasta, cinco presentan diferencias mayores a 20%. El caso extremo se observa en el asado: en las carnicerías cuesta un 63% más que en los supermercados.
 Si bien la diferencia de precios es particularmente importante, muchas veces es difícil hallar los productos acordados en las grandes cadenas y, en ciertos casos, se perciben diferencias en la calidad.
 En el último año, la canasta seleccionada creció más en tradicionales que en supermercados (12,7% i.a. Vs. 10,5% i.a., respectivamente).
 Los supermercados poseen por tamaño y volumen de ventas, mayor acceso a financiamiento, poder de negociación y capacidad de almacenamiento, entre otras ventajas.

Los supermercados más baratos que los tradicionales
La selección del canal de distribución es uno de los problemas más usuales que se presenta al analizar la dinámica de los precios. Teniendo en cuenta que las familias realizan sus compras en distintos comercios (supermercados, autoservicios, carnicerías, verdulerías, almacenes, panaderías, granjas, etc.) es importante tener una cobertura representativa de los diversos puntos de venta.
Lógicamente, al momento de generar un índice de precios no todos los comercios deben ser ponderados de la misma forma. Por caso, en el rubro panificados, la dinámica de los precios de las panaderías es mucho más relevante que en supermercados pues la mayoría de las ventas se concentran en estos comercios.
No contar con información de la dinámica de precios en establecimientos los tradicionales (panaderías, verdulerías, carnicerías, almacenes, autoservicios, granjas, etc.) genera sesgos en el cálculo de la inflación.
Por el contrario, una correcta medición implica necesariamente contar con información de todos los canales. Ecolatina, junto a Tomadato, desde hace más de dos años utiliza esta información para su índice de precios (IPC Ecolatina). Nuestra rigurosidad es un factor claro de diferenciación respecto de otras mediciones.
Una prueba de los errores que se generan surge, precisamente, de la comparación del costo de una canasta de bienes adquirida en los supermercados versus el mismo conjunto de productos comprados en canales tradicionales.
Por caso, considerando un conjunto de 50 productos (120 variedades), relevados en supermercados y comercios tradicionales en el Gran buenos Aires se concluye que en mayo la muestra de tradicionales fue 13,8% más cara que lo relevado en supermercados.

En efecto, en mayo, el costo de esta canasta en los supermercados fue de
$ 258,5, mientras que en los tradicionales se elevó a $ 294,2, es decir, $ 35,7 más.
La brecha es aún mayor en aquellos productos bajo acuerdo de precios con el gobierno. Tal es el caso del pan, que se vende en los supermercados a menos de la mitad del precio promedio observado en las panaderías encuestadas. Otros ejemplos son el pollo, el asado, la lechuga, y algunos artículos de limpieza.
Si bien la diferencia de precios es particularmente importante, muchas veces es difícil hallar los productos acordados en las grandes cadenas y, en ciertos casos, se perciben diferencias en la calidad.
También se observa una sustancial brecha entre carnicerías y supermercados. De los seis cortes de carne incluidos en la canasta, cinco presentan diferencias mayores a 20% y en el asado esa cifra asciende a 63%.
En el caso de frutas y verduras, en promedio las verdulerías son 10% más caras que los supermercados. Sin embargo, esta diferencia es sustancialmente mayor en el caso de los productos acordados, como la papa o la lechuga criolla.
Los productos de almacén, las bebidas y los artículos de tocador y limpieza cuestan en torno de 7,5% más en almacenes y autoservicios, mientras que en los lácteos la diferencia es menor (+1,9%).
Por último, es interesante analizar si la brecha de precios a favor de los supermercados es una tendencia o una situación puntual. Según nuestros relevamientos, la diferencia se viene ampliando hace más de un año.

Además, la reciente avalancha de promociones y descuentos lanzada por las grandes cadenas para reactivar las ventas en un contexto recesivo, amplían cada vez más la diferencia entre ambos canales de distribución.

Los subsidios cruzados contienen los precios acordados
Adquirir los 50 productos seleccionados en comercios tradicionales es más caro y, para peor, esta tendencia se acentúa. En el último año, la canasta seleccionada creció más en tradicionales que en supermercados (12,7% i.a. Vs. 10,5% i.a., respectivamente).
Existen varios factores que explican esta dinámica. En primer lugar, si bien los acuerdos de precios han perdido fuerza, estos se implementan sólo en supermercados pues es infinitamente más sencillo acordar y controlar a un grupo reducido de cadenas que a miles de comercios.
A su vez, los supermercados pueden sostener el precio de un producto artificialmente bajo y compensar la pérdida de rentabilidad con la venta de otros (subsidio cruzado). En cambio, los comercios tradicionales tienen una menor variedad por lo que deben trasladar -mayormente- el alza de costos al precio de venta.
El caso del pan es un claro ejemplo. Los supermercados respetan los precios acordados incurriendo, probablemente, en pérdidas que compensan la venta de otros bienes. Una panadería no puede comercializar su principal producto sin un margen positivo. Esto explica en gran medida por qué el pan cuesta más del doble en las panaderías.
Esta misma lógica se aplica para la carne: en las carnicerías los precios de los distintos cortes suben a un ritmo relativamente homogéneo, mientras que en los supermercados se observan grandes diferencias dependiendo del tipo de producto.
En efecto, en las grandes cadenas los cortes bajo acuerdo como el asado, no presentan fuertes incrementos, mientras que aquellos no acordados, como el lomo, el bife angosto y la colita de cuadril registran alzas superiores a 7% desde principios de año.
Además, los supermercados poseen por tamaño y volumen de ventas, mayor acceso a financiamiento, poder de negociación frente a los proveedores y elevada capacidad de almacenamiento, entre otras ventajas. Por otro lado, compite con un sector que presenta mayor informalidad.
Estos factores permiten sortear diversos problemas que los tradicionales no pueden. Los supermercados tuvieron menores problemas de abastecimiento durante el conflicto con el campo y en la actualidad pueden instrumentar una política agresiva de descuentos y beneficios para atraer clientes.
Fuente:Ecolatina

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