“Después de las elecciones el Gobierno va a tener que hacer un ajuste fiscal”

El director de Economía & Regiones y colaborador de este portal, sostuvo que, “paradójicamente, en esta recesión la mejor política es la contractiva porque no se hizo una política anticíclica en los períodos de bonanza”. En diálogo con LPO analizó que pese a la fuga de capitales que en 2008 alcanzó hasta U$S 23.000 millones, la devaluación gradual es la mejor opción. Qué pasará después de los comicios.

Por Francisca Valsecchi |
Aumento de los salarios estatales, créditos baratos, planes de incentivo al consumo para comprar 0 km, bicicletas, heladeras o cocinas baratas, subsidios para mantener el nivel de desempleo en un dígito –que según el Indec de Guillermo Moreno se encuentra en 7,3%- y hasta el “salvataje” de empresas endeudadas como la papelera Massuh, son algunas de las medidas que está tomando el Gobierno para paliar la crisis antes de las elecciones, pero luego del 28 de junio el panorama cambiará. El día después “va a tener que hacer un ajuste fiscal”. Rogelio Frigerio, nieto del economista de ideas desarrollistas lo dice sin vueltas. Una política que precisamente contraria a esa visión. El director de Economía & Regiones, explica que “los problemas de la economía argentina tiene mucho más que ver con cuestiones inherentes al propio modelo que al impacto de la crisis financiera-económica global” y, veloz señala que, sin el acceso a los mercados voluntarios de financiamiento y con la ausencia de una política contracíclica mientras hubo bonanza, “va a ser indispensable generar los ahorros necesarios para cubrir el faltante de recursos para comprar los vencimientos de deuda”.
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Conciso, con la velocidad que requiere para pasar de una reunión a otra y seguir el día, el economista contesta todas las preguntas de La Política Online como si tuviera todas las respuestas en la punta de la lengua esperando salir. “Paradójicamente, en esta recesión la mejor política es la contractiva”, dice mientras se sienta en una de las sillas de la sala de reuniones en su oficina del microcentro.

¿Cómo analiza las medidas de incentivo al consumo que toma el Gobierno para enfrentar la crisis económica?

Para analizar la efectividad de las medidas del Gobierno, primero hay que analizar el diagnóstico. Y ahí creo que los problemas de la economía argentina tiene mucho más que ver con cuestiones inherentes al propio modelo que al impacto de la crisis financiera-económica global.

¿Cuáles son esos problemas inherentes al modelo kirchnerista?

No son de hoy, por lo pronto. Empiezan en 2007 cuando se erosiona el pilar del modelo que es la competitividad del tipo de cambio. Y esto se produce por el error del Gobierno de subestimar la inflación.

¿En qué sentido la subestimó?

No estábamos dentro de una crisis hiperinflacionaria, sino que era un problema porque precisamente le quitaba competitividad precio a la economía. Al intentar, primero controlar los precios y, luego, ocultar la realidad, no se atendió el problema en sí mismo sino las consecuencias sobre el modelo. Y esto provocó una pérdida en la competitividad de las exportaciones y una pérdida en la competitividad de nuestras exportaciones y un desgaste también en la protección de la industria sustituidora de importaciones que obviamente se beneficiaba con un tipo de cambio devaluado. Por eso la industria manifiesta sus problemas desde hace dos años.

¿Por qué se hace evidente recién ahora?

Porque el sector automotriz viene ocultando esta realidad. Si uno hace un análisis del sector industrial en Argentina y saca al sector automotriz, los problemas vienen de lejos. Hasta que esta crisis financiera global no impactó en Brasil, este sector, que venía muy bien y compensaba la caída de producción del resto. Lo que hace la crisis financiera, por un lado, es dejar al descubierto los problemas de la industria y, por el otro, impacta sobre el sector externo de la economía, principalmente sobre las exportaciones.

Según su análisis el problema del modelo comienza con la subestimación de la inflación, pero ¿cómo sigue?

Con el conflicto con el campo y la estatización de las AFJP se generó un clima de incertidumbre y desconfianza que impactó en la fuga de capitales y de depósitos sin precedentes en Argentina, por la cantidad y la velocidad en que se hizo.

¿Cuál es el monto de capitales que se retiraron del país?

Alrededor de 23.000 millones en 2008, año en que se tuvo mayor salida de capitales del país. Esas dos políticas del Gobierno profundizaron la fuga de divisas y contribuyeron, junto con la pérdida de competitividad del tipo de cambio, al enfriamiento de la economía y la actual recesión.
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Recesión

¿Estamos en recesión o es una desaceleración?

Sí, claramente. Después de haber crecido durante varios años a tasas muy altas, que hoy se esté planteando un crecimiento negativo, implica que en 2009 se convive con un clima recesivo.

¿Cómo presiona esta fuga de capitales sobre el tipo de cambio que ya alcanzó los $3,73?

Más allá de la discusión de si existe o no atraso cambiario, lo que no entra en el debate es que este tipo de cambio es incompatible con este modelo cuyo pilar es la competitividad-precio. Hasta que el mercado no crea que tenemos en un tipo de cambio en equilibrio va a seguir presionando para la salida de capitales.

¿Tiene sentido esta devaluación gradual que implementa el Banco Central o sería una mejor política de shock?

La idea de administración controlada que el BCRA tiene desde el año pasado es prudente porque estamos en un contexto en que la inflación es importante y lo que es peor aún, las expectativas de inflación del mercado son superiores a la inflación real que nosotros calculamos en un 13%. Si no estuviera tomando esta medida, podría generar más presión sobre los precios. Una devaluación de golpe hoy no se trasladaría a una baja en los precios. Se licuaría y no serviría para nada.

¿Hasta cuándo puede mantener esta política el Central sin poner en peligro las reservas?

Sirve en el corto plazo. En el largo, como no lleva el tipo de cambio al nivel de equilibrio que considera el mercado, promueve a una fuga de capitales y un cambio de cartera de pesos por dólares. Además, de impulsar una suba de la tasa de interés ya que los bancos tienen que ofrecer tasas más altas para que la gente no saque sus depósitos. Y esta suba de la tasa también tienen un efecto recesivo en la economía.

¿Están esperando a que pasen las elecciones para tomar otro tipo de medidas?

Evidentemente. Es difícil que el Gobierno abandone esta política de devaluación gradual porque así contiene la inflación, un activo político muy importante que van a querer perder antes de los comicios. Probablemente, después de las elecciones, cambien esta medida y llevarán el dólar a un precio más alto, como viene presionando el mercado.

¿A cuánto?

Para volver a un tipo de cambio favorable con Brasil como en los últimos tiempos, implicaría tener un dólar a $4,15 o $4,20.

¿Esta devaluación no podría generar más inflación?

Depende del contexto. Cuando se salió de la convertibilidad, no se trasladó a los precios porque se dieron ciertos factores que lo limitaron, como la recesión económica, niveles de desempleo altos, con una importante capacidad de la industria ociosa. Pero esto que justifica la política prudencial del Banco Central, cada vez se cae más. Seguramente después de las elecciones se vea con más notoriedad que la economía tiene estas características, con un desempleo que este año terminará con dos dígitos. Y dará lugar a una devaluación más importante y exitosa.

Y el Indec podría sincerar sus índices…

Lo tendría que hacer de todas maneras, porque el Gobierno con esa alteración ha perdido la capacidad de financiarse localmente. Nadie lo va a hacer sin un mecanismo de indexación como el CER.
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Eso a nivel local, ¿y afuera?

Este año Argentina va a cerrar su frente financiero bien siempre y cuando la segunda parte del año también modifique su política fiscal y pase de la expansiva que viene manteniendo con el incentivo al consumo a una más contractiva.

Un ajuste como el que señala, ¿no traería una recesión más fuerte?

Va a ser indispensable si se quiere generar los ahorros necesarios para cubrir el faltante de recursos para comprar los vencimientos de deuda. Además, de esto el Gobierno va a contar con los recursos de la Anses, los del Banco Nación y va a tener que echar mano a una cantidad importante de reservas. Y lo tiene que hacer este año porque el que viene se le acaban estos ingresos extraordinarios que recibió de las AFJP. Sí o sí en 2010 vamos a necesitar financiamiento. Así que, pese a que ante la crisis lo mejor son políticas expansivas, Argentina va a tener que ajustar. No van a tener opción. Y esto se da porque no generó una política contracíclica en período de bonanza.

Insisto en este punto, las políticas contractivas que le quita poder de compra a la gente y como consecuencia limita la producción a la escasa demanda ¿no provocan más recesión?

Creo que la recesión es inevitable y un recrudecimiento de la caída de la actividad, también. Y en este marco, seguir apostando a la política expansiva es contraproducente porque el mercado y los agentes económicos ya saben que el Estado no tiene capacidad de financiamiento ni ahorro para solventarlo. Por eso, paradójicamente, la mejor política es la contractiva en la recesión. O sea, un ajuste fiscal.

Pero eso no beneficiaría a la actividad…

No la haría crecer, pero evitaría que se siga cayendo porque si el mercado entiende que la solvencia del sector público es cada vez menor, va a haber cada vez más fuga de capitales y eso va a tener un impacto negativo en el nivel de actividad.

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