Milei apoya el genocidio palestino, la ultraderecha brasileña también, todos alineados con el “King” que pretendió el Nobel por su plan de paz entre Palestina e Israel. Mientras tanto Israel continúa con sus bombardeos en la Franja de Gaza. Freud describió la pulsión de muerte que aqueja a los humanos mientras el nazismo crecía e iba cooptando adeptos, en la misma Alemania donde hoy se reprime a quien se manifiesta a favor de Palestina. La referencia obliga al abandono de toda contienda con algún viso de dialéctica binaria para dirigirnos a un orden de muy distinta dimensión, allí donde se agota el pulso del sentido y aflora el espanto de la Cosa.
Un horror que traduce un vacío de palabras, un abismo, un agujero tan negro como el silencio del silencio. Lo inenarrable. Una tragedia que, lejos de circunscribirse a un determinado territorio, abarca a la propia condición humana al punto de poner en duda de qué se trata tal distinción. Este horror testimonia la irrupción de lo Real. Allí donde solo somos objetos. Ese no lugar del cual no cesamos de escaparnos para así ignorar que el cuerpo que nos sostiene es también un mero cacho de materia en lenta descomposición.
Se trata de cuál es el destino de esta humanidad poshumana que se cierne sobre nuestra Conciencia moral. Aún. Nuestra Vergüenza. Aún. Nuestra Compasión. Aún. Nuestra Culpa. Aún. Esos diques que Freud menciona para poner un límite a la tendencia caótica que habita al ser hablante. Esto es el avance de lo Real. ¿Estamos lejos de Gaza? No lo creo. Como muchísimos otros prefiero denunciarlo. Antes de que sea tarde. Y quizás ya es tarde. Pero como bien dice Lacan: “El deseo, lo que se llama el deseo, basta para hacer que la vida no tenga sentido si produce un cobarde”. En todo caso, elijo esta manera de fracasar. Aún.
* Psicoanalista. Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires.
