Rigueiro explicó que, al comparar el primer trimestre de 2023 con el mismo período de 2026, la actividad económica total apenas creció un 2,4 %. Sin embargo, los sectores beneficiados fueron pocos: la minería, la intermediación financiera, las actividades inmobiliarias y empresariales, y los servicios de electricidad, gas y agua. “Estos sectores ganan, pero no se tradujo en mejores salarios ni en más cantidad de empleo”, señaló. La minería, por ejemplo, apenas genera el 9 % del trabajo en Argentina, mientras que la industria manufacturera y el comercio superan el 15 % cada una.
En contraposición, los sectores más golpeados fueron la industria manufacturera, el comercio mayorista y minorista, y la construcción. Esta última sufrió un retroceso superior al 13 % tras el corte de la obra pública al inicio del gobierno. “La construcción, el comercio y la industria mueven casi el 30 % de toda la masa salarial de nuestra economía. En cambio, los sectores ganadores apenas representan el 19 %”, explicó Rigueiro.
El impacto en Río Grande es palpable: la pérdida de puestos de trabajo implica que mensualmente dejan de circular 12 mil millones de pesos y casi 150 mil millones anuales en una ciudad de 150 mil habitantes. A esto se suma la caída del consumo, el endeudamiento creciente de las familias y la morosidad en niveles preocupantes. “El argumento oficial es que la gente se endeuda por consumir irresponsablemente, pero la realidad es que las deudas más grandes están con supermercados como Carrefour o La Anónima, donde lo que se compra son alimentos básicos”, advirtió.
Los servicios públicos, por su parte, se convirtieron en “ganadores” sólo por el reajuste tarifario. “No aumentó la producción, sino que los precios subieron un 1.140 % mientras el volumen físico cayó un 2 %. Eso incrementó las ganancias sin mejorar la calidad del servicio ni el empleo”, detalló.
La situación social se agrava con la pérdida de más de 340.000 puestos de trabajo registrados y el cierre de casi 30.000 empresas en tres años. En provincias como Misiones, trabajadores migran a Brasil en busca de mejores condiciones laborales. En Río Grande, incluso comercios históricos de casi 90 años han cerrado sus puertas. “No vemos el piso todavía, puede haber más despidos y más cierres”, alertó Rigueiro.
El costo de vida en Tierra del Fuego refleja la crisis: un pollo, un kilo de milanesa, cuatro pechugas y cuatro hamburguesas de pollo alcanzan los 64 mil pesos, mientras que un cajón de verduras cuesta 32 mil. Para dos personas, alimentarse una semana requiere casi 100 mil pesos. La canasta básica total, según datos publicados, pasó de 600 mil a 678 mil pesos en un mes, frente a un salario promedio de 1,9 millones. “Estamos en niveles de empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora”, concluyó Rigueiro.
La entrevista cerró con un dato climático que refleja la dureza del contexto fueguino: 13 grados bajo cero de temperatura real y hasta 18 bajo cero de sensación térmica. En medio del frío extremo, la economía argentina sigue mostrando un panorama de desigualdad creciente, con sectores que concentran ganancias sin derramar beneficios en empleo ni salarios, y con una sociedad que enfrenta un ajuste cada vez más difícil de soportar.
